17 #3
—¡No seas aguafiestas, hombre! —exclama Sean—. Ya hemos admirado sus pechos desnudos en la orilla del lago, durante el Vetrnætr. Yo diría que, si llega a quitarse las bragas ahora, no nos preocuparía.
—¿Perdón? —pregunta Lola con voz entrecortada.
—Su pecho… es tan impresionante como me lo imaginaba —susurra Set con apariencia soñadora.
Sintiéndome al mismo tiempo humillada y divertida por sus comentarios, me hundo en el sofá y escondo la cara entre las manos.
—¡Avalone, atrevida! —dice Daniel riéndose—. No me imaginaba que disfrutaras de…
—¡Por todos los dioses, no! —lo interrumpo para aclarar las cosas—. Fue un accidente. ¡Se suponía que nadie me iba a ver los pechos! ¡ Nadie !
—¿Y tu tanga blanco? —continúa Sean—. Mojado, se volvió más que transparente.
Se me escapa un grito y luego me doy cuenta de que sus palabras se prestan a confusión. Los ojos de mis atónitos amigos van de los miembros de la banda a mí.
—¡Me bañé en el lago, por eso tenía el tanga mojado! No fue por la excitación. Fue por el agua. Solo por el agua…
Aprieto los labios y decido ceñirme a eso. Dioses benditos, estaba a punto de comparar ambas sustancias solo para justificarme.
Muerta de vergüenza, quiero desaparecer mientras mis amigos se ríen de mi incomodidad.
—¡Bueno, suficiente! —interviene Clarke—. El primero que siga por ese camino termina en el hospital, ¿entendido?
—No es nuestra culpa si…
Sean no tiene tiempo de terminar la frase antes de que resuene un disparo. Me sobresalto y me levanto con el corazón a mil.
Los Devil’s Sons no están alterados en lo más mínimo, pero mis pobres amigos están aterrorizados, sus miradas fijas en un mismo punto: la mano de Sean.
Hasta hace un momento sostenía una cerveza, pero ya solo queda el cuello de la botella.
Los pedazos de cristal se dispersan a su alrededor y el alcohol mancha sus vaqueros.
Clarke ha disparado a su cerveza para hacerlo callar.
—¿Entendido? —repite, más que amenazador.
El segundo de los Devil’s Sons está cabreado. No le ha gustado que su amigo hablara de mí de esa forma. He sentido cómo se tensaba contra mí, pero estaba dispuesto a aguantar esta conversación mientras yo me lo tomara a broma. Después he llegado a mi límite y él ha reaccionado en consecuencia.
—Perdóname, Avalone. He ido demasiado lejos. Bueno, Emily, ¿qué carrera estudias?
Mis amigos están paralizados, clavan la mirada en las esquirlas del cristal.
La radicalidad de Clarke los ha sumido en una especie de trance horrible del que la joven estudiante es la primera en salir.
Cuando se da cuenta de que su pregunta se dirige a ella, su bonito rostro se pone rojo.
Sean se da cuenta de su nerviosismo y estoy bastante segura de que se enternece.
—Yo… con Avalone. En la misma clase.
Pongo cara de satisfacción. Su respuesta es breve y torpe, pero para Emily es un gran avance. La he visto huir despavorida cuando un estudiante se le acercaba. Estoy orgullosa de ella.
—¡Espero no llegar demasiado tarde!
Al oír esa voz melodiosa, una sonrisa aparece en mis labios y alcanza mis ojos.
—¿Quién ha invitado a este perdedor?
—¡Cierra la boca, Justin!
Rodeo el sofá y me lanzo a los brazos de Ty. Con el juicio de Clarke, el pobre ha tenido que relegar su duelo a un segundo plano, y me culpo por haberle infligido esta imposición.
—¿Qué tal estás? —le pregunto.
Toma mi cara entre las manos y me da un beso en la frente.
—Estos días he tenido un respiro. Investigar la muerte de Freddie Tomson ha sido todo lo que necesitaba para desconectar. Me ha venido muy bien.
—Encantado de haberte ayudado —suelta Clarke.
Le lanzo una mirada decepcionada al motero, que me responde con un guiño, y Ty lanza algunos porros al centro de la mesa de café.
—Aprovechadlos bien.
Cuando Jesse coge uno y se lo pone entre los labios, nuestros amigos, uno tras otro, rechazan fumar esa «mierda».
Llega el turno de Emily, animada por Daniel y Jackson, lo cual es muy hipócrita por su parte teniendo en cuenta que ellos no quieren hacerlo.
La atención recae sobre ella y noto que está incómoda; temo que acepte fumar por miedo a decepcionar a sus amigos.
—¡Callaos, panda de gilipollas! —interviene Sean, a la defensiva—. Está en todo su derecho de rechazar colocarse, y presionarla os convierte en imbéciles.
Sonrío, conmovida por que la defienda, mientras Emily baja la mirada, ruborizada.
El Devil’s no estará bajo el hechizo de mi amiga, ¿verdad?
—¡Mierda, lo siento! —se disculpa Jackson, sincero—. No era lo que pretendíamos. Simplemente queríamos meternos contigo.
Sean lo fulmina con la mirada antes de centrarse en la joven. Va a tranquilizarla, pero ella se le adelanta.
—Voy… voy a fumar. Solo un poco.
—¿Estás segura? —le pregunto, a la vez que Sean.
Esta vez, no soy la única en notar el interés que muestra mi compañero de travesuras por la preciosa joven. Clarke lo mira con las cejas enarcadas, al igual que su mejor amigo.
—Joder, tío… —empieza Set, divertido.
El segundo de la banda le da un codazo para callarlo y evitarle un momento muy incómodo a mi amiga.
Me acerco a Emily y me siento a su lado.
—Nadie te juzgará por lo que quieras o no hacer —le susurro cuando se reanudan las conversaciones—. A la mayoría no nos gustan los porros, y es mejor así. No es bueno para la salud física ni mental. ¿Qué podría hacer que te interesasen?
Emily baja la mirada, casi avergonzada.
—No lo sé. Me gustaría parecer más abierta. Menos tímida.
—A mí me gusta tu timidez. Viene acompañada de una dulzura que me conquistó la primera vez que te vi en clase de gimnasia. No necesitas drogas para despertar simpatía, Emily. Eres como eres, y eso es suficiente.
Con los ojos llenos de lágrimas, me aprieta la mano y articula con la boca un «te quiero» que me llega directo al corazón.
La miro con cariño y aplasto entre los dedos el porro que habría sido para ella si su mirada no expresara su renuncia.
Se merece conocer las maravillas de este mundo, no sus defectos.
Así que la invito a bailar. Cuando accede, la arrastro al centro de la pista y bailo con ella.
Se ríe a carcajadas. Hay que admitir que no tengo mucha gracia y que lo que hago se parece más a un ritual vudú que a un baile, pero, para ser justos, solo puedo mover un brazo.
Eso tiene el mérito de relajar a mi amiga.
Se da cuenta de que hacer el ridículo no mata a nadie y se contonea de una manera igual de graciosa que la mía.
Justin, sentado en el respaldo de una silla, da una palmada para llamar la atención de todos.
—Hace unas horas, Daniel ha provocado a los Devil’s Sons.
Duda de nuestra capacidad para seguirle el ritmo, así que es hora de competir.
Como recordatorio, el primero que vomite tendrá que hacer la croqueta cada vez que escuche la palabra «hemorroide» durante una semana.
Puesto que no tengo ganas de devanarme los sesos para encontrar un juego de alcohol digno, lo haremos de la forma más simple posible: reto o bebe.
Mi querido Daniel, te propongo que beses lentamente a Lola delante de su hermano.
De lo contrario, ya sabes lo que te espera…
Daniel ha aprendido la lección. Vacía el vaso de un trago, sin dudar, y contraataca dirigiéndose hacia Jackson.
—Tócale el paquete a Set o acábate el vaso.
—¡Acábate el vaso! —grita Set.
Estos idiotas lanzan retos infantiles que ninguno aceptará cumplir. Todo lo que quieren es emborrachar a sus adversarios.
Jackson se traga el alcohol del vaso antes de fijarse en Clarke. Es una elección valiente por su parte; ojalá no sea para provocarlo.
—Cuéntanos tu primera vez con Avalone o bebe.
La mirada del motero se nubla, como si se perdiera en sus recuerdos, y una sonrisa pícara aparece en sus labios.
No me digas que…
—¡Pedazo de pervertido! —exclama Lola—. ¡Te estás imaginando a tu chica moviendo las caderas, a horcajadas sobre ti!
Todos se ríen mientras yo lucho por no dejarme asaltar por imágenes eróticas.
Clarke coge su vaso con una sonrisa culpable y lo vacía para escapar de su reto, gracias a los dioses.
—Emily, besa a Sean.
Las risas se apagan y mi amiga se queda congelada. La vergüenza se apodera de ella; no sabe cómo salir de la situación. Voy a intervenir para desviar la atención, pero Clarke me lanza una mirada que parece decir: «Si no empujamos al polluelo fuera del nido, nunca volará…».
—Yo… no voy a… De todas formas, no quiere… No puedo…
—No me importaría —suelta Sean encogiéndose de hombros.
¡Vaya, eso sí que no me lo esperaba!
Emily levanta la cabeza de repente y lo mira, con las mejillas rojas como un tomate.
—Eh… yo… vale.
¿Vale? ¡Vale!
Sorprendida, veo levantarse a esta tímida chica y dirigirse insegura hacia el Devil’s Son. Este humedece los labios con ganas. Nadie dice nada mientras observamos la escena, atónitos.
Cuando mi amiga llega a su lado, Sean le pasa un dedo por debajo de la barbilla.
—No tienes que hacerlo. Depende de ti.
Ella no dice nada. En cambio, aplasta la boca contra la de él. Y cuando está a punto de apartarse, Sean la sujeta contra él con suavidad y pro longa el beso. Emily se agarra a su cuello con las piernas temblorosas.
Nosotros, como espectadores, saltamos y gritamos de alegría.
Dioses benditos, esto me calienta el corazón. Clarke tenía razón: el polluelo tiene que alzar el vuelo por su cuenta.
Cuando se separan, mi amiga desvía enseguida la mirada y casi corre hasta el sofá. Se ríe contra mi hombro.
—¿Realmente he hecho eso? —susurra.
—¡Lo has hecho de verdad! ¡Y sin drogarte! ¿Cómo fue?
—Increíble.
No consigo dejar de sonreír. Estoy tan contenta por Emily, y tan orgullosa de ella. Salir de su zona de confort, correr directa hacia lo desconocido, no es fácil, pero lo hizo de maravilla. Ahora sabe que es capaz de hacerlo y estoy convencida de que se abrirá más al mundo.
—¡Devil’s! —los llama—. Haced la coreografía de la película Chicas malas , con el Jingle Bell Rock , o Ava se bebe un vaso de alcohol.