Amor en el caos (The devil’s sons 3) 17 #2
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De repente, las conversaciones se atenúan unas tras otras y las miradas se dirigen en la misma dirección.

Los Devil’s Sons, como una encarnación del poder, entran en la cafetería.

A pesar de la centena de estudiantes que me rodean, Clarke me ve de inmediato y se dirige directamente hacia nosotros, seguido por sus compañeros de banda.

Contra todo pronóstico, los chicos se sientan en nuestra mesa.

Hasta ahora, nunca los había visto almorzar aquí y nunca se habían mezclado con mis amigos.

Intercambio con estos últimos una mirada sorprendida. El pobre Jackson está terriblemente tenso.

—¿Duermes conmigo esta noche? —me pregunta Clarke.

—Lo siento, guapetón —interviene Lola—. Esta noche la pasará con nosotros.

El Devil’s la mira y, luego, se inclina sobre la mesa. Se miran con cara de pocos amigos, ambos preparados para marcar territorio conmigo.

—¿Y puedo saber qué habéis planeado?

—Nada peligroso. Vamos a pasar la noche en la fraternidad.

—¿Sabes que puedo complicar vuestro plan enviándole un mensaje a Wyatt para que organice una fiesta?

—¡U os podéis unir a nosotros! —propone Daniel.

Jackson se atraganta, aunque no tiene de qué preocuparse. Los chicos nunca aceptarán; no les gusta juntarse con otros estudiantes.

—¿Por qué no? Estaremos allí —suelta Clarke mientras se deja caer contra el respaldo de la silla.

Lo miro con cara de sorpresa, pero, como única respuesta, me pone una mano en el muslo.

—Ugh, tío, ¿de verdad vamos a hacer eso? —le pregunta Sean, dubitativo.

—Sí. Todos queremos a Avalone. ¿Por qué no intentamos conocernos mejor? Y, además, es hora de que Set conozca al novio de su hermana pequeña.

Los dos chicos se tensan; el primero de rabia y el segundo de miedo.

—Decidme que no pensáis hacer una locura del tipo escape game improvisado, como si tuviéramos quince años —pregunta Jesse.

Ya parece aburrido, lo que me divierte tanto como su nerviosismo. Estaría dispuesta a pasar la noche bailando la Macarena o jugando a tinieblas solo por molestarlo.

—Va a ser una locura —le asegura Daniel—. Un poco de música, un poco de vodka. Pero es posible que no podáis seguirnos el ritmo con el alcohol…

Lola y yo alzamos las cejas al instante. ¿Quién hubiera pensado que estaría cómodo en presencia de los Devil’s Sons hasta el punto de picarlos?

Las sonrisas se extienden por los rostros de los miembros de la banda, incluido el de Clarke. Él también tiene un aspecto relajado, a pesar de que no es una persona sociable.

—El que vomite tendrá que hacer la croqueta cada vez que escuche la palabra «hemorroide» y tendrá que hacerlo durante una semana — anuncia Justin—. Te vas a arrepentir de haber apostado, colega.

La luna, única fuente de luz natural, brilla en el cielo cuando Lola y yo nos dirigimos a la fraternidad.

Vamos tarde, por mi culpa. Estuve poniéndome al día con los apuntes de clase en la biblioteca y perdí la noción del tiempo.

Como consecuencia, no cené. Pero mi compi me dejó darme una ducha a toda velocidad.

Aparca el coche delante de la mansión, no muy lejos de las Harley de la banda.

Lola y yo nos miramos, un poco asustadas.

Creo que ella, al igual que yo, reza para que no haya ocurrido ningún drama durante nuestra ausencia.

Después de todo, es muy probable que Clarke haya matado a Jackson.

En cuanto a Set, puede que ya haya estrangulado a Daniel.

—¿Cuáles son las probabilidades de que esta noche transcurra sin problemas? —me pregunta Lola.

—Diría que inexistentes.

Aunque divertida, traga con dificultad.

Salimos del coche y llegamos al vestíbulo de la fraternidad desconcertadas por nuestro entorno.

Está tan tranquilo y… limpio. El parqué encerado está inmaculado; ninguna sustancia extraña se adhiere a las suelas de mis zapatos.

No hay vasos esparcidos por el suelo ni botellas vacías en las esquinas.

Y este agradable olor a vainilla… En lo que respecta a la música, en lugar de ser ensordecedora, llega a nuestros oídos de forma agradable.

Este panorama es un cambio en comparación a las noches de fiestas que se organizan en esta fraternidad.

Lola y yo doblamos la esquina y entramos en el salón.

Abro mucho los ojos al ver un balón de fútbol americano surcar el aire, directo hacia mí.

Pero Clarke aparece delante y lo atrapa antes de que me dé en toda la cara.

Aunque está absorto en el juego, me da un beso de bienvenida en la mejilla.

Y luego prepara el brazo, con una sonrisa juguetona en los labios, y le devuelve el balón a Daniel.

—Joder, hemos atravesado un portal a otra dimensión —susurra Lola.

Asiento, confusa por la escena que presenciamos. Más allá, mi familia y mis amigos conversan con entusiasmo. Incluso Jackson se ríe.

Esta situación es inusual. Los Devil’s Sons traman algo, estoy segura. No son el tipo de personas que se abre a los demás, a menos que obtengan algo a cambio.

Aurora, sentada en el sofá, nos hace un gesto para que nos acerquemos. Nos unimos a ella, con cierta cautela, aunque me sobresalto cuando Justin me tiende un túper.

—De parte de Marie.

Mi desconfianza desaparece, olvidada por un hambre voraz. Era tanta que sentía que mi estómago se encogía.

—¡Por Hlidskjálf, la adoro!

Cojo mi cena y devoro la ensalada de pasta sin perder el tiempo.

—¿Por quién? —me pregunta Emily.

—Hlidskjálf —repite Daniel atrapando el balón—. Es el trono de Odín, el padre de todos los dioses. Se dice que, cuando se sienta en él, puede observar los nueve mundos y comprender todo lo que se presenta ante su mirada.

Cada pagano allí presente lo mira, perplejo.

—¿Qué? Ya tenía alguna idea gracias a Jackson, y luego Lola me hizo un lavado de cerebro. ¡Cuando me equivoco con alguna palabra, me deja sin sexo!

Con los puños apretados, Set salta de su asiento, para disgusto del novio de su hermana. Este, pálido, se deshace en excusas, pero el daño ya está hecho. No escapará a su castigo.

Clarke le lanza el balón a su mejor amigo, que lo recibe y se lo lanza con todas sus fuerzas a Daniel.

El jugador de fútbol americano gruñe de dolor y se masajea la dolorida espalda.

Después, el balón cae al suelo y rebota hasta las manos de Clarke, que se lo vuelve a dar a Set, y este lo lanza de nuevo hacia Daniel con fuerza.

—¡Vale, vale, perdóname! —exclama la víctima del acoso continuado cuando se reproduce el mismo patrón una y otra vez—. ¡He sido gilipollas por mencionar ese tema, lo he pillado!

—Set… —lo amenaza Lola.

A pesar de todo, el Devil’s siente la necesidad de atacar a Daniel una última vez. Cuando el pobre chico se encoge, sin aliento por el impacto, Clarke recoge el balón y apunta. Le da en la nuca.

—No has estado muy avispado con ese comentario… —murmura Lola.

—Confieso mi falta de sentido común.

Nos reímos educadamente de él y Set le ofrece una bolsa de guisantes congelados en señal de paz.

Hay que decir que los chicos no se anduvieron con chiquitas.

Los golpes fueron violentos. Daniel coloca la bolsa congelada sobre su nuca y se tumba en el sofá.

Pasado el mal trago, las conversaciones vuelven poco a poco.

Clarke, de pie detrás del sofá en el que estoy sentada, se inclina hacia mí, me abraza y me llena el cuello de besos.

—¡Oh, no! ¡Aquí nada de eso! —se queja Lola, asqueada—. Para eso idos a la fraternidad de los Beta Alpha Phi, si los rumores son ciertos.

La fraternidad B.A.P es conocida por sus fiestas exhibicionistas. Mientras numerosas parejas echan un polvo, los solteros disfrutan del espectáculo. Noto a Clarke sonreír contra mi piel; después levanta la mirada hacia mi compañera.

—Solo tienes que preguntarle a Sean y a Justin. Son los más adecuados para confirmarte la veracidad de esos rumores .

Mis amigos abren mucho los ojos y centran su atención en los Devil’s. Por mi parte, creo que ya nada me sorprende.

—No soy muy pudoroso —suelta Sean encogiéndose de hombros.

Todos nos reímos. Y por el rabillo del ojo veo a Emily hundirse en el sofá, con la cara roja como un tomate.

—¡No os hagáis los inocentes! —interviene Justin dirigiéndose a sus compañeros—. Os he visto a todos follar con una tía en una de esas fiestas.

Esta vez, no me hago la lista. Los celos me revuelven el estómago, y me contengo para no lanzarle una mirada asesina a Clarke.

—Es excitante que te miren —confiesa Set.

Ante la revelación de su hermano, Lola se atraganta con su bebida. En cuanto a Aurora y Emily, están tan incómodas que creo que se plantean saltar por la ventana.

—No os sorprendáis —dice Jackson—. De forma excepcional, ese tipo de experiencias pueden excitarnos.

—¡No cuentes conmigo para exhibirme de esa forma! Es un no categórico —contesta su novia.

Daniel, que estaba a punto de apoyar a su mejor amigo, se tensa ante el aura amenazante de Set.

Pongo los ojos en blanco, divertida.

—V, estás muy callada —me dice Jesse.

Varias miradas suspicaces se dirigen hacia mí. No respondo de inmediato, demasiado ocupada en devorar mi comida, y empiezan a montarse películas. Lo veo en sus caras.

—No, nunca me han observado mientras follaba.

Clarke no relaja la mandíbula pese a ello.

La idea de que un hombre ya me haya tocado no le gusta nada, igual que yo podría vomitar al imaginarlo acariciando el cuerpo de otra mujer.

Pero no podemos borrar nuestro pasado, y no merece la pena.

Nos conocimos en un buen momento. ¿Quién sabe en qué nos habríamos convertido si hubiera habido un «nosotros» hace unos años?

Clarke estaba enfadado, mucho más que ahora, y yo me rebelaba en secreto contra las restricciones que me imponía mi enfermedad cardíaca.

Ninguno de los dos habría sido capaz de apaciguar los demonios del otro.

Más bien, habríamos tenido una noche de pasión.

—¿Debo dar por hecho que no me llevarás a la fraternidad Beta Alpha Phi? —le pregunto en tono burlón.

Gruñe molesto, articulando un «nunca» firme e irreversible.