17
Los chicos siguen durmiendo a pierna suelta mientras yo estoy ocupada en la cocina preparando tortitas.
Estoy de mejor humor. ¿Cómo no estarlo? El sol resplandece, los cargos presentados contra Clarke han sido retirados y…
me quiere. Clarke Taylor está enamorado de mí.
Sabía que tenía sentimientos por mí: su comportamiento lo delata, pero que lo diga en voz alta…
Por todos los dioses, todavía tengo la piel de gallina.
Vierto una cucharada de la mezcla en una sartén mientras me balanceo al ritmo de la música que suena en mi móvil.
Agarro la espátula de plástico, la uso como micrófono y entono las palabras de Now I’m Here , de Queen.
La espátula se me escapa cuando unos fuertes brazos me rodean con posesividad y una boca me recorre el cuello.
Nunca pensé que podría ser tan feliz, pero supongo que todo es posible.
—¿Has dormido bien? —ronroneo.
—De maravilla. La cama de la prisión no es tan cómoda como la mía.
Pongo una mueca enfurruñada. Me giro hacia Clarke y junto mis manos detrás de su nuca.
—¿No me merezco un poco de crédito? ¿O tu sueño reparador solo se debe a la comodidad de tu colchón?
—Parece que lo había echado de menos. Y a mis almohadas también; son tan cómodas que parecen pecaminosas.
La capa superior es de espuma viscoelástica…
Bueno, me quitaste el edredón y tuve que pegarme a ti para no morir de frío, pero, si nos olvidamos de eso, puedo afirmar haber disfrutado de dormir en mi propia cama.
Suelto una carcajada y le doy un golpe en el pectoral mientras me contempla con una increíble sonrisa en los labios. Luego saborea mi piel y esparce besos a lo largo de mi hombro.
De repente, un olor a quemado le hace levantar la cabeza y arquear una ceja hacia mí.
—¡Mierda!
Me giro precipitadamente y descubro la tortita ennegrecida y la espátula semifundida en la sartén.
Arrugo la nariz, con las fosas nasales irritadas.
Apago la cocina, tiro la comida no comestible y abandono los utensilios en el fondo del fregadero, después de haberlos enfriado bajo el chorro de agua.
El Devil’s aprieta los labios, conteniendo una risa burlona. Luego pone las manos sobre la encimera, a ambos lados de mis caderas, y clava su intensa mirada en mí.
—No me dejes nunca, Avalone.
Mi corazón da un vuelco tan repentino que se me corta la respiración.
No sé por qué lo dice, pero me da igual. Estoy cautivada por la verbalización de sus emociones.
—Nunca —repito en un susurro.
Sus labios se encuentran con los míos, dándome el oxígeno que sus palabras me han quitado hace un instante.
Los besos que me da Clarke son como una hoja de doble filo.
A veces son parecidos a una bendición de los dioses; otras, parecen ser un castigo.
Quiero a este hombre incondicionalmente, aunque a veces este amor me haga daño. Me consume, lo siento hasta en el alma.
—¿Son tus tortitas las que sueltan ese olor a plástico quemado? — pregunta Set, entrando en la cocina.
Se frota los ojos adormecidos y bosteza hasta desencajarse la mandíbula.
Intercambio una mirada divertida con Clarke y luego me alejo de sus brazos para poner la mesa.
Set se alegra al encontrar en su plato unas grandes tortitas perfectamente redondas y esponjosas.
Me da las gracias y, a pesar de mi inmunidad a sus halagos, no puede evitar comparar su perfección con la mía.
Pongo los ojos en blanco y le susurro al cuello de mi camisa que es incorregible.
—Estoy contento, y un poco aliviado, de que Clarke por fin te haya confesado sus sentimientos.
El Devil’s en cuestión se tensa. Por mi parte, creo que el bocado de comida que acabo de tragarme se ha ido por mal sitio.
—Lo siento, pero las paredes son de papel. Sería un buen momento para buscaros un apartamento solo para vosotros dos. Estuve a punto de vomitar cada vez que oía un gemido.
Esta vez, me ahogo y casi escupo lo que acababa de tragarme.
Me arrepiento de haber rechazado la propuesta de Clarke de tomarnos el día libre tan pronto ponemos un pie en el campus.
Las miradas que nos dirigen nunca habían sido tan insistentes, tanto que me cuesta ignorarlas.
La detención de la banda y el encarcelamiento de Clarke no se le ha escapado a nadie.
Como voy justa de tiempo, les doy un beso a los chicos y me dirijo a mi clase.
En mi camino se me cruza Charlie, con la cara llena de lágrimas y un deseo asesino que oscurece su mirada.
¡Mierda!
—¡Nunca debiste meterte en los asuntos de mi padre! ¡Mi familia está arruinada por tu culpa! ¡Me voy a tener que ir de la ciudad!
Alzo las cejas, despacio, mientras una rabia fría me recorre el cuerpo. Cuando está a punto de irse, mis dedos se cierran alrededor de su brazo, clavándose en su piel.
—¿Estabas al tanto de lo que tramaba el gilipollas de tu padre?
—¡Pues claro que sí! Intenté prevenirte en la fiesta en casa de tu jefe. Pero después entendí que él no tenía más opción que actuar de esta forma. ¡Ponéis a toda la ciudad en peligro!
Se libera de mi agarre y se aleja tan rápido que sería incapaz de alcanzarla. Me enfurece saber que respaldaba las maquinaciones de su padre; sin embargo, la inquietud persiste.
«Él no tenía más opción».
El arresto del Devil’s no era más que una fase de un plan con un sórdido objetivo. ¿Y si el encarcelamiento de Clarke era otra fase de ese mismo plan, con un objetivo todavía más sórdido de lo que pensábamos? ¿Podría el jefe de la policía ser solo un peón en toda esta historia?
Un mal presentimiento me crea un nudo en el estómago y una ola de miedo se apodera de mí. Temo que hayamos cantado victoria demasiado rápido.
Deshago el camino y llamo a Clarke que ya se aleja junto a Set. Al escuchar la preocupación en mi voz, se da la vuelta, con los músculos tensos. Recorro a toda velocidad los últimos metros que nos separan bajo su inquieta mirada.
—Charlie estaba al tanto de los planes de su padre.
Me ha dicho que no tenía más opción y que ahora tiene que irse de la ciudad.
¿Y si el jefe de policía hubiera actuado bajo coacción?
¿Y si hay alguien más en la sombra, un autor intelectual del plan, preparando una nueva estrategia para terminar el trabajo, es decir, para eliminarte?
No parece preocupado ni absorto en sus pensamientos. Su rostro está impertérrito. Me preparo para zarandearlo, cuando una sonrisa confiada se extiende por la comisura de sus labios.
—Su padre acaba de ser encarcelado. Charlie debe de haber perdido los papeles.
—Clarke, ya hemos ignorado la información que ella nos proporcionó en su momento y acabaste en la cárcel. No cometamos el mismo error. No soportaría que te alejaran de mí una vez más.
Acuna mi cara entre las manos.
—No creo que tengamos motivos para preocuparnos, pero, por precaución, voy a hablar con Carter sobre esto. Si hay algún peligro, él lo sabrá. Lucharé por nosotros, Avalone. No nos volverán a separar tan fácilmente.
En su voz se mezclan la determinación y la tenacidad, lo que consigue calmarme.
Clarke me besa en los labios y luego en la frente.
—Confía en mí y vete a clase tranquila.
Un destello travieso aparece en sus ojos. Antes de que pueda darme cuenta, levanta las manos hacia mi cabeza y me despeina.
Maldigo y me encojo sobre mí misma para escapar de él.
—¡Imbécil!
Suelta una risa frente a mi expresión molesta. Intento peinarme y luego doy media vuelta y levanto el dedo corazón por encima de la cabeza para que lo vea bien, lo que aumenta su diversión.
—¡Preciosa!
—¡No te escucho! —suelto mientras sigo mi camino.
—¡Solo quería decirte que te quiero, pero, bueno, tendrá que esperar!
Me quedo quieta, sorprendida de que unas palabras así puedan salir de su boca. Creo que no me acostumbraré nunca a eso.
Con el corazón lleno de amor, me giro y le lanzo una mirada llena de ternura. Pero su atención se dirige hacia los estudiantes parados a nuestro alrededor que lo miran con la boca abierta.
—¿Te sorprende saber que tengo corazón, Allmeen? Pregúntale a tu madre, te dirá maravillas sobre mi sentimentalismo. Tú también puedes preguntarle a la tuya, Swartz.
Las mariposas que revoloteaban en mi estómago ahora se han convertido en cenizas.
¡Pero qué gilipollas!
—¿Qué? —pregunta.
No respondo.
—¿Estás celosa?
—Solo estoy sorprendida de que tanto la madre como el padre de Swartz se entreguen a los placeres de la carne con estudiantes —miento.
Me responde el silencio. Creo que le he cerrado el pico.
Me alejo, con una sonrisa victoriosa en los labios.
—¿Te has acostado con el padre de Swartz? —se enfada a mis espaldas.
—¡Que Swartz le pregunte a sus padres para saber cuál de nosotros se ha mostrado más sentimental!
Clarke suelta una palabrota, molesto por mis palabras. Al menos, así aprenderá la lección. En una pareja, hablar de exconquistas es un apagapasiones.
Al mediodía me uno a mi grupo de amigos en la cafetería. Ha pasado una eternidad desde la última vez que nos reunimos, y temía, con razón, que estuvieran resentidos por haberlos descuidarlos.
Durante los primeros minutos, no escapo de las preguntas sobre la detención del Devil’s, aunque consigo cambiar de tema de forma sutil.
Son malos recuerdos que prefiero no revivir, ni siquiera para saciar su curiosidad.
En lugar de eso, le prometo a Lola que dormiré con ella en el campus.
Confieso que me cuesta mucho alejarme de Clarke, aunque solo sea una noche, por miedo a que lo alejen de mí al día siguiente, pero la insistencia de mi compañera de habitación me persuade.
Después, Daniel nos propone pasar la noche en la fraternidad, todos juntos.
No hay ninguna fiesta; estaremos solo nosotros.