Amor en el caos (The devil’s sons 3) 15 #3
57%

15 #3

Se frota la frente. Estoy convencida de que nunca lo había visto así de avergonzado, lo que aumenta mi incomodidad.

—Todos estos meses pensé que lo que sentía por ti era algo inocente.

Después de todo, no es como si me hubieran dado opción.

Carter nos prohibió categóricamente mantener una relación sentimental contigo, y luego estaba Clarke.

Por lo tanto, nunca me pregunté qué podía sentir por ti, hasta que nos detuvieron.

Una gota de sudor me resbala por la frente. ¿Se debe a que están a punto de destrozarme el brazo o es la declaración de mi amigo lo que me pone nerviosa? Mi tríceps se contrae bajo un dolor que ni siquiera siento de lo asustada que estoy por lo que oigo.

—Seguramente no compartas mis sentimientos. No te culpo por ello. Pero debo decirte lo que siento, si no me arrepentiré.

Me gustaría que se tragase sus palabras.

Resuenan en mis oídos como una angustiosa melodía que me hace sucumbir al miedo.

Me está tomando el pelo, tiene que ser eso.

De lo contrario, lo que se está haciendo es peligroso, y apenas me atrevo a imaginar las consecuencias de expresar sus sentimientos fuera de lugar.

—No sé en qué momento empezaron a cambiar las cosas para mí. Estoy perdido.

Para, Justin, te lo suplico.

Su amistad significa mucho para mí; me niego a que se vea afectada por esto.

—No estás obligada a responderme, no espero nada de ti. Estás con Clarke, lo quieres y lo tengo claro. Solo quería que supieras que siempre podrás contar conmigo, porque yo… yo te…

Su mirada se desvía hacia Ethan, se concentra en los gestos técnicos que realiza el cirujano y luego vuelve a mí. Sin previo aviso, un destello de picardía ilumina sus ojos y se extiende hasta la sonrisa que le estira la comisura de los labios.

—En fin, todo esto es para decirte que te he contado un cuento chino y que Ethan ya ha extraído la tarjeta SD de tu brazo.

No reacciono. No estoy segura de haber entendido la situación.

Y entonces el brazo me empieza a doler muchísimo.

Silbo con los dientes apretados y centro mi atención en el médico de la banda.

Le cuesta terminar el último punto de sutura.

Sus manos tiemblan de tanto reír. La tarjeta SD está manchada de sangre y descansa en una toalla blanca.

Cojo el trapo y azoto a Justin con él.

¡Me ha contado tonterías para distraerme del dolor!

—¡Pedazo de imbécil! ¡Casi me da un infarto!

Mis dos amigos empiezan a partirse de risa y terminan contagiándome a mí también. Hay que reconocer que la idea era ingeniosa. No he sufrido, o al menos el pánico que me ha causado el Devil’s ha eclipsado mis sensaciones físicas.

—¡Si te hubieras visto la cara! ¡Era casi ofensivo!

Le saco la lengua y me la muerdo al instante para acallar un grito cuando Ethan derrama alcohol sobre mi herida suturada. En mi defensa, no me lo esperaba.

Joder, siento como si mi piel estuviera corroída por el ácido…

Justin se inclina sobre mi rostro y enjuga con el trapo el sudor que me ha goteado hasta las sienes.

—Tienes un aspecto horrible. Parece que vas a vomitarme encima.

Se lleva una mano al corazón y finge estar dolido.

Después de vendarme la herida, Ethan reúne los desechos y los tira en la basura de mi cuarto de baño, y después aprovecha para limpiar con agua la tarjeta SD envuelta en acero inoxidable.

Intento enderezarme, pero me apoyo sobre el brazo malo. Siento dolor y me vuelvo a caer sobre el colchón ahogando un grito.

—¡Ten cuidado! —me regaña Ethan.

Repito la operación, equilibrando el peso de mi cuerpo sobre mi otro brazo. Esta vez, consigo mantenerme en pie.

Justin se ofrece a hacerme un cabestrillo, pero lo rechazo y luego cojo un cárdigan de punto grueso que cuelga de una percha al fondo de mi armario. Los chicos me ayudan a ponérmelo.

Salimos de la habitación y vemos la espalda de Clarke al fondo del pasillo, girando la esquina y desapareciendo en el salón. Sospecho que ha esperado detrás de la puerta de mi cuarto para asegurarse de que la extracción se desarrollaba sin problemas.

Regresamos al salón principal y somos acogidos por un delicioso olor a pizza que me abre el apetito.

—¿Qué tal la herida? —pregunta Jesse.

—Mejor de lo que estaba ayer, eso seguro —responde Ethan.

Los chicos me observan con rostros desolados. Se arrepienten de haberse comportado de esa forma.

—Estáis perdonados —me adelanto cuando se preparan para disculparse.

Las amplias sonrisas dejan al descubierto sus dientes y vuelven a mostrarse alegres, como de costumbre. Y así de fácil, todo queda olvidado.

Solo Clarke se muestra distante, lo que me afecta mucho más de lo que quiero admitir.

Me imaginaba un reencuentro muy diferente tras su regreso de la cárcel. Aunque esté frente a mí, lo echo mucho de menos. Es como si los barrotes aún lo mantuvieran fuera de mi alcance. Así que, sin contenerme más, recorro los últimos metros que nos separan y me siento sobre sus piernas.

Durante los primeros segundos, no reacciona. Pero luego me rodea con sus posesivos brazos y me da un beso en la frente con una pizca de desesperación.

—¿Dormimos juntos? —le pregunto.

—Sí.