Amor en el caos (The devil’s sons 3) 14 #2
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En cuanto se pronuncia, dos polis me liberan y me escoltan fuera de la sala.

La puerta trasera, la que pocos tienen el honor de cruzar, nos da acceso a un pasillo estrecho que recorremos hasta el despacho de la jueza.

Cuando entramos, ya está instalada en su silla, en plena conversación con la otra parte, y Carter se permite comentar sus palabras.

Mis abogados, de pie en un rincón, actúan como plantas decorativas.

Toda esta gente poderosa reunida en una pequeña habitación… Es tan… privado.

La jueza pone fin a su conversación y recupera oficialmente sus funciones de árbitro de la ley.

—Dado que el fiscal general nos pide en su carta que esperemos la llegada de una tal señorita Lopez, le ruego, señor Brown, que continúe su perorata.

El interesado se ajusta el cuello de la camisa y observa su escasa audiencia.

—Me gustaría, si les parece bien, explicarles en qué consiste el trabajo en equipo.

Con una sonrisa divertida, observo al jefe moverse. Parece que está representando una obra de teatro, con los focos puestos en él.

—El ser humano es un ser social. Con la ayuda de sus semejantes, consigue cosas que, solo, no sería capaz de obtener.

Tomemos como ejemplo la muerte de Freddie Tomson.

Si Clarke lo hubiera matado, creo que estoy en lo cierto al asegurar que no habría llevado a cabo su venganza en solitario.

Miren, el señor Taylor se encontró frente al asesino de sus padres el diecisiete de noviembre a las nueve y treinta y siete de la noche, gracias a la ayuda que le proporcioné.

Seguí los desplazamientos del señor Tomson desde su salida de la cárcel y le envié a Clarke su ubicación.

Por lo que, si él es culpable, esto hace que yo sea cómplice.

Siguiendo con este «sí» hipotético, Avalone Lopez sería igualmente cómplice, dado que estaba al lado de Clarke cuando este apuntó a la víctima con su arma.

Ella alertó a los Devil’s Sons de la confrontación que se desarrollaba debajo del edificio en el que estaban reunidos, pero ninguno de ellos intervino.

Por lo que podemos contabilizar nueve cómplices en total.

—¿Qué intenta demostrar? —se impacienta la jueza.

—Si Clarke hubiera matado a Freddie Tomson, nuestra complicidad no se resumiría en una omisión del deber de socorro, sino que se habría extendido mucho más allá.

Nos habríamos desecho del cuerpo, todos juntos.

También nos habríamos asegurado de que ninguna prueba incriminara a Clarke, y nunca habríamos tenido que responder por nuestros actos.

Cuando actuamos juntos, nadie puede atraparnos.

Eso es trabajo en equipo —concluye Carter—.

Paso, entonces, al verdadero culpable, que ha actuado solo , como habrán entendido. Y por esa razón va a caer hoy.

¡Joder, ha conseguido llegar hasta el asesino! Sabe quién se esconde detrás de todas estas maquinaciones.

La jueza se endereza. Podría imitarla —mi curiosidad ha llegado a su límite—, pero conozco a Carter lo suficiente para saber que no va a soltar prenda tan fácilmente.

—¿Está diciéndonos que conoce la identidad del culpable? ¿Un culpable que, según usted, no es Clarke Taylor?

—Evidentemente. Pero tomémonos un minuto para hablar de la importancia del tiempo. El tiempo es el producto de la observación intelectual mezclada con la percepción humana. Esta definición podría atribuirse a otra palabra, aunque no sea sinónima.

—¿Podemos saber cuál? —pregunta el fiscal adjunto.

Carter los tiene en ascuas. Jueza, fiscal, secretarios, abogados… ninguno es insensible a su magnetismo. Hay que reconocer que es muy bueno soltando estupideces que todo el mundo se cree sin ponerlas en duda.

—La investigación. No es más que la observación intelectual y la percepción humana. —Deja que el tiempo se alargue para avivar la curiosidad y entonces capta sus miradas y añade—: ¿Durante este tiempo creen sinceramente que nosotros, los Devil’s Sons, no hemos llevado nuestra propia investigación?

Eres una especie de genio, cabrón.

Una ola de murmullos se eleva y el secretario aplaude sin saber realmente por qué.

Carter saca el móvil del bolsillo y revisa la hora.

—Bien. Me quedan unos minutos para hacerles una introducción.

Llamemos a nuestro culpable señor X. El señor X es un policía de Ann Arbor que desea desde hace muchos años ver a los Devil’s Sons entre rejas.

Al no conseguir su objetivo por el camino legal, decidió tomar el sinuoso camino de la ilegalidad y puso la mira en Clarke Taylor, que es uno de mis hombres más fáciles de alcanzar si utilizamos su pasado.

Les recuerdo que Freddie Tomson asesinó a los padres de Clarke Taylor en dos mil nueve, en Chelsea, Michigan, y fue conde nado a cadena perpetua por su crimen.

En teoría, los planes del señor X eran simples: liberar a Freddie Tomson, conducirlo a Ann Arbor y asegurarse de que se encontrara con Clarke.

Tenía la firme convicción de que este vengaría a sus padres.

De esta forma, oculto en la sombra, el señor X podría presenciar el asesinato de Freddie Tomson y detener al culpable.

Carter relata los hechos. Según lo que dice, la primera fase del plan del señor X consistía en hacerle una visita a Freddie Tomson en la cárcel.

Lo manipuló y le exigió un servicio a cambio de liberarlo de inmediato.

El criminal picó el anzuelo, sin sospechar que lo habían mandado al matadero.

Fue entonces cuando el señor X creó un expe diente sobre el desmantelamiento de un cartel de drogas y negoció con la fiscalía para obtener una rebaja de la condena de Tomson por su cooperación en este asunto ficticio .

—El seis de noviembre, Freddie Tomson salió de la cárcel.

El señor X lo envió inmediatamente a Ann Arbor y le ordenó que frecuentara un bar situado en el barrio de Clarke Taylor.

El diecisiete de noviembre, envié a este último la ubicación del asesino de sus padres, lo que derivó en un enfrentamiento entre ambos hombres que acabó cuando Clarke decidió renunciar a la venganza, gracias a la intervención de Avalone Lopez.

Se conformó con darle una paliza a Freddie Tomson y robarle el móvil para que no pudiera contactar con los servicios de emergencia.

Abandonó a la víctima herida. El señor X, espectador hasta ese momento, salió de su escondite y terminó el trabajo él mismo.

Para acabar con el exrecluso utilizó su arma de servicio y luego destruyó las cámaras de seguridad del bar que habían grabado su crimen.

Unos días más tarde, el médico forense extrajo mi ADN del cuerpo de Freddie Tomson y declaró que la causa de su muerte había sido un balazo.

Sin embargo, descubrió que la bala pertenecía a la policía.

El señor X lo hizo desaparecer, así como el informe de la autopsia, y desarrolló un nuevo plan para hacerme cargar con la culpa del asesinato que él había cometido.

Mi error fue apropiarme de ese puto móvil, ya que ese cabrón vio cómo me lo guardaba en el bolsillo.

—Para que el señor X consiguiera su objetivo, tenía que probar legalmente que Clarke tenía en su poder el móvil de Freddie Tomson —continúa Carter—.

Para ello, instaló cámaras de seguridad por toda la ciudad y así pudo conseguir pruebas de una venta ilegal realizada por mis hombres.

Entonces nos arrestaron y nos metieron en el calabozo, después de que el señor X obtuviera una orden de registro que permitió a sus compañeros encontrar el móvil de Freddie Tomson entre las pertenencias de Clarke Taylor, con lo que se convirtió en el sospechoso perfecto. Una pequeña e intrigante confabulación.

—¿Quién es el señor X? ¿Tienen pruebas? —pregunta el fiscal adjunto.

—Por supuesto que sí —afirma Carter—. Ha cometido errores, ha dejado tras de sí pistas de sus fechorías. Por eso la policía judicial está acordonando en este momento el edificio. Sí, lo han comprendido: el señor X está entre el público, en la sala de audiencia.

¡Dioses benditos, es incluso mejor que una película!

De repente, la puerta del despacho se abre con un estruendo.

Avalone aparece como un ángel caído del cielo, o como un demonio nacido de las llamas del infierno.

Al verla, un sentimiento que no consigo identificar hace que se me acelere el corazón.

Me sudan las manos, se me seca la boca. Lleva un vestido con un escote pronunciado y unos tacones de aguja; está impresionante.

No soy el único cautivado por su presencia, todas las cabezas se giran en su dirección.

Su sonrisa confiada, el aire ligeramente soberbio que muestra al recorrer la sala con la mirada…

No hay duda, es digna sobrina de su padrino.

Sus ojos encuentran los míos y entonces, en un instante, se llenan de ternura.

Mueve los labios y me dirige cuatro palabras en silencio: «Esta vez vuelves conmigo».

Y por fin puedo volver a respirar. Estos días sin ella han sido un verdadero calvario.

Por la noche se aparecía en mis sueños y, por la mañana, su imagen me obsesionaba tanto que todos mis pensamientos giraban en torno a ella.

Me levantaba de la cama por ella , comía por ella , pegaba por ella , me dormía por ella .

Rompe el contacto visual y le ofrece una sonrisa encantadora a la jueza Karson.

—Señoría, permítame presentarme: soy Avalone Lopez. Por favor, disculpe nuestro retraso. Bill Terner ha sido encerrado en una celda por el señor X y he tenido que ir a sacarlo.

Aparto la mirada de ella y observo a su lado al policía y a otro hombre que me es desconocido.

Mierda, ¿la escoria de Bill no es el asesino?

Acabo riéndome, divertido por el giro de los acontecimientos. Este juicio es cada vez más entretenido.

—¿Por qué habría encerrado el señor X a Bill Terner?

—Porque Bill ha descubierto su identidad y se ha enfrentado a él por sus actos. Después se produjo una pelea que ganó el señor X.