Amor en el caos (The devil’s sons 3) 13 #3
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Sabemos dos cosas. La primera: Freddie fue liberado con la única finalidad de ser asesinado por Clarke.

La segunda: un policía está detrás de esta encerrona y ha tenido que ensuciarse las manos él mismo.

Gracias al software espía de Carter, conocemos los desplazamientos que realizó Bill en las semanas previas a la liberación de ese yonqui cabrón.

Si él es el culpable, ha tenido que visitarlo en la cárcel, en Indiana.

Lo que descubrimos nos deja boquiabiertos.

A lo largo de este último año, el policía nunca ha salido de Michigan.

Y, la noche del asesinato, asistió a la boda de su hermana. Por lo tanto, Bill no es el asesino.

No perdemos la esperanza, ampliamos el campo de búsqueda y nos centramos en otras opciones.

Es posible que el culpable matara a Freddie con su arma de servicio.

En ese caso, faltaría una bala en su cargador.

El equipamiento de la policía se registra meticulosamente, al igual que el número de balas utilizadas por cada agente durante las operaciones.

De tal forma que al final siempre salen las cuentas.

Si encontramos un desajuste entre esos dos datos, tendremos a nuestro hombre, suponiendo que ese desgraciado no haya manipulado los números.

Es bueno, no se puede decir lo contrario.

Pero tengo la esperanza de que haya cometido un error.

En un abrir y cerrar de ojos, Carter piratea el servidor de la policía. Cuando nos disponemos a examinar los registros, recibimos una llamada de la torre de control transmitiéndonos la solicitud de visita de un tal Bill. El jefe accede a su petición y me hace un gesto para que lo siga a la carrera.

Dejamos a los chicos examinando y analizando a fondo los documentos, y después llegamos al porche para recibir a nuestro antiguo sospechoso. Sale de su coche, con el rostro inescrutable.

—¿Está aquí para fanfarronear? —escupo, llena de rencor.

—Estoy aquí para hacer mi trabajo. Estoy aquí para… ayudaros.

Estallo en una risa malvada. Si piensa que vamos a creerlo, está muy equivocado. Puede que no sea el asesino de Freddie, pero nos ha demostrado en múltiples ocasiones que no es nuestro aliado.

—¿Ayudarnos? —suelta Carter, socarrón—. Tienes diez segundos para convencerme para que te escuche o te echo fuera de mi casa después de meterte la pistola por el culo.

—He pillado a Lauren husmeando en el caso de Clarke. Me lo ha contado todo.

Carter y yo echamos chispas. Esa mujer ha hecho mucho por nosotros, pero esta noticia no nos gusta nada, y eso es quedarse corto.

Bill sube un escalón, con la boca torcida en una mueca, como si se debatiera entre el corazón y la razón.

—Mi comportamiento no ha sido el más ejemplar con todos vosotros, soy muy consciente de ello.

Pero no soy un poli corrupto, eso os lo garantizo.

Adoro mi trabajo y estoy orgulloso de él.

Estoy orgulloso de hacer respetar la ley y de proteger a los habitantes de esta ciudad.

Si un asesino anda suelto, quiero detenerlo.

—¿Está insinuando que cree en la inocencia de Clarke? —pregunto, dubitativa—. ¿Admite haber enviado al hombre equivocado a la cárcel?

—Que quede claro, Clarke no es inocente.

Se merece la cárcel, como cada uno de vosotros.

No estoy aquí para hacer las paces. Os atraparé, no tiraré la toalla.

Pero lo haré de manera honesta, siguiendo las reglas.

No tengo intención de regocijarme con un error judicial.

Porque sí, tengo la certeza de que Taylor no es responsable de la muerte de Freddie Tomson.

Es una trampa, lo comprendí incluso antes de que Lauren me lo dijera.

Llevo varios años intentando acabar con vosotros sin conseguir nunca mis objetivos ni encontrar siquiera la sombra de una prueba de vuestras actividades ilegales.

Si Clarke fuera culpable, no habríamos encontrado ningún cadáver, ningún rastro de ADN ni ningún puñetero móvil.

En este caso, todo es demasiado evidente .

No es digno de los Devil’s Sons ni de Carter Brown.

Su discursito me inquieta. Bill parece sincero, quiero creerle, pero, si nos está engañando, las consecuencias podrían ser desastrosas. Así que cruzo los brazos sobre el pecho, clara muestra de mis reservas, y dejo que Carter lo juzgue.

—¿En qué podrías ayudarnos? ¿Qué puedes hacer que nosotros no podamos? —pregunta al final el jefe.

—Tengo acceso a los informes que Lauren no puede consultar, gracias a mi puesto en los altos mandos. ¿Creéis que un poli está detrás de esta confabulación? Si hay un traidor entre nosotros, soy el más indicado para descubrirlo. ¿Tenéis alguna pista?

—Tengo varios ases en la manga que no pienso revelarte por falta de confianza.

No obstante, puedes estar seguro de algo: exoneraremos a Clarke durante su juicio.

No volverá a la cárcel, con o sin tu ayuda.

Pero, si quieres, puedes investigar por tu cuenta y proporcionarnos nuevas pruebas para reforzar nuestro caso.

De hecho, te voy a facilitar la tarea revelándote lo siguiente: el arresto de los Devil’s Sons fue la primera pieza del rompecabezas para acusar a Clarke de un asesinato que no cometió.

Verás, las cámaras de seguridad que grabaron a mis hombres en plena venta fueron instaladas ilegalmente.

Gracias a esos vídeos, pudisteis obtener una orden de registro.

Os precipitasteis sobre mi propiedad pensando que habíais dado con el premio gordo, mientras que uno de los vuestros esperaba pacientemente a que registraran el apartamento de Clarke.

Sabía que allí encontraríais el móvil de Freddie Tomson.

Todo estaba premeditado, ha estado jugando con todos nosotros desde el principio.

Miro fijamente a mi padrino, aturdida. Por todos los dioses, no había hecho la conexión entre los dos arrestos. No había tenido una visión completa del panorama, pero él sí… Carter es un verdadero genio.

Con los ojos como platos, Bill se da cuenta de la magnitud de la trampa en la que todos hemos caído. Se pasa la mano nerviosamente por la barba de tres días y luego nos mira con determinación.

—La instalación de cámaras de seguridad la realizó una empresa. Voy a contactarla y a llegar hasta el responsable. Tened a mano los móviles, os llamaré.

Se dirige hacia su coche y arranca con rapidez, dejándome un poco desconcertada. Bill es enemigo de los Devil’s Sons desde hace muchos años. Y ahora nos ofrece su ayuda. ¿Podemos contar con él como afirma? ¿Está menos obsesionado con la idea de ver a Clarke tras los barrotes de lo que pensábamos?

—¿Cuáles son tus ases en la manga? —le pregunto a mi padrino.

Me ofrece una sonrisa victoriosa.

—He encontrado el rastro del médico forense.

Se retiró a un monasterio, pero, como esperábamos, huyó bajo amenaza.

En este momento está a bordo de uno de mis jets privados, rumbo a Ann Arbor.

Mañana participará en el juicio y nos podrá explicar la desaparición de su informe, así como su precipitada partida.

¡Por Odín todopoderoso! Tenemos un testigo, e importante.

—¡Carter! ¡Avalone! ¡Sabemos quién mató a Freddie!