13
A pesar de su enfado, Carter nos envió un mensaje por la noche para informarnos de que podíamos visitar a Clarke antes de su juicio.
Aunque sea nuestro último día para encontrar pruebas concretas que lo exoneren, no puedo rechazar esa visita.
Necesito verlo. Además, quién sabe qué decisión tomará el jurado mañana…
tengo que aprovechar el tiempo que me queda con él.
Set y yo hemos salido pitando al amanecer y, después de cuatro horas y media conduciendo, llegamos a la cárcel de Saint-Louis.
Un guardia diferente al de la otra vez nos guía por el laberinto de pasillos.
Set me aprieta la mano y me ofrece una sonrisa alentadora.
Sabe que estoy estresada y avergonzada por la idea de confesarle a Clarke que todavía estamos lejos de encontrar al culpable.
Ha soportado mi estado de ánimo durante todo el trayecto.
Pero cuando veo al hombre que hace que el corazón me revolotee, sin esposas, en una sala luminosa equipada con una cama mullida y una mesa rodeada de varias sillas, mis emociones negativas se desvanecen.
—Un minuto —pide el detenido—. Dame solo un minuto a solas con Avalone.
Los dos hombres obedecen y se hacen a un lado para dejarme pasar.
La puerta se cierra a mi espalda; siento que el corazón se me inquieta, como si supiera que su otra mitad está ahí, justo delante de mí.
Entonces la mirada de Clarke me atrapa con un magnetismo increíble.
Me aprisiona y demuestra violentamente su necesidad, su deseo de tocarme, de sentirme, de besarme…
Hoy tiene permiso para hacerlo. Así que, riendo, corro hacia él y me lanzo a su cuello.
Mis piernas se acomodan alrededor de sus caderas, sus brazos se cierran a mi alrededor.
Saboreo su olor como la mejor fragancia de todas.
Colma mis fosas nasales y me llena de serenidad, de la misma forma que su calor reconforta mi alma.
Por fin me siento en casa. Él es todo lo que me faltaba para poder volver a respirar.
Clarke deja que me deslice por su cuerpo.
Mis pies apenas tocan el suelo cuando me empuja contra la pared y se funde con mi boca.
Un gruñido se le escapa de la garganta y respondo con un gemido liberador.
No hemos perdido nuestra huella; nos devoramos con tal pasión que me mareo.
Las manos del Devil’s Son recorren mi piel.
Están desesperadas, se aseguran de que soy real.
Pierdo todo el deseo a favor del sentimentalismo, y las lágrimas se acumulan bajo mis párpados.
Siento más que nunca el dolor de su ausencia.
Me da miedo que se me rompa el corazón al dejarlo atrás una vez más.
Nos separamos para recuperar el aliento. Con la yema del pulgar, Clarke enjuga las lágrimas que me mojan por las mejillas.
—No te haces una idea de lo mucho que te echo de menos —me susurra pegando su frente a la mía.
Emocionada por sus palabras, se me escapan más lágrimas.
Conmovido pero afligido, Clarke me atrae contra él y hundo la cara en el hueco de su cuello, disfrutando de este abrazo antes de que sea demasiado tarde.
—Prométeme que volverás mañana.
—Avalone, yo…
—Por favor —le suplico con la voz rota.
Aprieta su abrazo y roza mi sien con sus labios, temblorosos por la emoción.
—Te lo prometo. Y, esta vez, no te abandonaré nunca más.
Se me escapa un sollozo. Un segundo después, la puerta de la sala se abre y aparece Set.
Me separo de Clarke bajo su apariencia preocupada y rehúyo las miradas el tiempo suficiente para enjugar mis lágrimas y recuperar la compostura.
Cuando lo logro, me giro hacia los chicos armada con una falsa sonrisa, pero no engaño a nadie.
Set me mira con compasión. Se acerca a nosotros, pasa una mano reconfortante por mi espalda y después le da un abrazo fraternal a su mejor amigo. Se dan un par de golpes en la espalda y luego en la cara. No hay ninguna duda, estos imbéciles están contentos .
Finalmente, nos reunimos alrededor de la mesa. Clarke me acerca a su regazo antes incluso de haberse sentado en una silla. Me abraza y me da un beso en la espalda.
—Apuesto a que quieres que te diga, mirándote a los ojos, que no he matado a Freddie —le suelta a su hermano.
—Has dado en el blanco, tío.
—No he matado a Freddie.
La palma de Set golpea la mesa, sonriente.
—¡Lo sabía desde el principio!
Clarke pone una mueca dubitativa.
—Bueno, está bien, lo admito: he tenido algunas dudas. Pero ahora te creo, es lo importante.
El detenido y yo intercambiamos una mirada divertida, después me guiña un ojo que me derrite.
Por Frigga, cómo lo echo de menos…
—Los abogados vinieron a verme esta mañana y me dijeron las últimas noticias. Soy yo quien está en el punto de mira, ¿no? ¿Un poli desgraciado intenta deshacerse de mí?
—Está claro —suspiro—. Gracias a los dioses, no has caído en su trampa. No mataste a Freddie. Y vamos a continuar con nuestras investigaciones para probarlo.
—Yo sigo convencido de que Bill está detrás de todo esto —suelta Set, sombrío.
Discutimos largo y tendido sobre eso ayer.
Bill es el poli de Ann Arbor que muestra la mayor animadversión hacia los Devil’s Sons.
Quiere vernos en la cárcel, a todos nosotros.
No me sorprendería que llegara a esos extremos para atrapar a alguno de los nuestros.
No nos sorprendería a ninguno. Sin embargo, necesitamos más que simples suposiciones.
Necesitamos hechos.
Clarke se sume en el silencio, pensativo. Me gustaría saber qué se le pasa por la cabeza, pero no parece dispuesto a compartirlo con nosotros.
—Según los abogados —dice al final—, la investigación podría reabrirse si presentáis esa nueva información a la jurisdicción competente, lo que daría lugar al aplazamiento de mi juicio.
Me incorporo, sin ocultar mi sorpresa.
Carter se ha guardado esa información. ¿Es un nuevo castigo por su parte?
—Una investigación… eso lleva su tiempo. Y estás acusado de asesinato, Clarke. No te pondrán bajo arresto domiciliario hasta tu juicio. Eso quiere decir que pasarás semanas aquí, en prisión provisional. Pue de que incluso meses.
Ante mi angustia, me agarra el mentón con los dedos.
—Lo sé, preciosa. Solo es un plan B.
Podría salir de aquí mañana, si conseguimos probar su inocencia.
Sin embargo, si fallamos, le esperan veinticinco años de cárcel.
Solo debemos continuar con el juicio si estamos seguros de que vamos a ganarlo.
Si de aquí a mañana por la mañana no somos capaces de garantizar que no está implicado en el asesinato de Freddie Tomson, pediremos que se reabra la investigación.
—Por cierto, ¿por qué tenéis la ropa manchada de pintura?
—Hemos tenido un pequeño problema —se ríe Set.
Con el ceño fruncido, Clarke interroga a su mejor amigo mientras yo me retuerzo en su regazo, alerta por la peligrosidad del tema abordado. El motero suelta un gruñido ronco y pone las manos sobre mis caderas para inmovilizarme.
—Joder, Avalone. No te muevas así encima de mí si no quieres que te haga el amor…
Set se atraganta de repente y yo lo sigo.
Estoy tan roja como cachonda, pero no debo distraerme.
La pregunta del prisionero sigue en el aire.
Abro mucho los ojos y me agito, con la esperanza de que Set pille el mensaje: «¡cierra la boca, no digas ni una palabra más!
». Entonces los dedos de Clarke se clavan en mi piel.
—Avalone… —dice con sufrimiento.
—Oh. Perdón… Lo siento… Perdón.
Mi compañero de celda hace una mueca de asco y después se lanza a dar explicaciones. He creído ingenuamente que no iba a ir más allá del vandalismo que sufrió el Mercedes, pero no. Describe nuestro día desde el principio, empezando por nuestro encuentro con Tobias Fells.
—El tipo de información que obtuvimos ayer no cae del cielo. Ava lone y yo tuvimos que amenazar…
Mis manos se aferran con fuerzas sobre la mesa. Set me lanza una mirada inquisidora.
—Por los dioses, pero ¿a ti qué te pasa?
—¡No siempre es bueno decir toda la verdad, imbécil! ¡Y esta es una de esas situaciones!
Al observar a Clarke tensarse detrás de mí, el Devil’s Son admite que debería haber guardado silencio.
—¿Amenazar? ¿Has sacado la pistola?
—Creo que sí. No estoy del todo seguro.
—¡Continúa! —le ordena el detenido.
—Lo que sigue es aburridísimo.
Antes de que el segundo de Carter pierda la paciencia, tomo la decisión de acceder a su petición. No nos dejará escapar de ello. Además, ya debe de sentirse demasiado impotente entre estas cuatro paredes. Ahora que Set ha metido el dedo en la llaga, no podemos dejarlo a medias. Eso sería cruel.
Relato los hechos desde nuestro encuentro con el yonqui hasta nuestra llegada al hotel. Clarke, que se ha mostrado impasible y silencioso durante mi discurso, se inclina sobre la mesa y capta la mirada de su amigo.
—¿Has perdido la cabeza?
—¿Cuál es el problema? ¡Tu chica está bien!
—La situación podría haberse salido de control, ¿te das cuenta?
¿Qué habrías hecho si hubieran sacado sus armas, eh?
¿Crees que habrías conseguido neutralizarlos antes de que mataran a uno de los dos?
Avalone es inconsciente, sus tonterías ya no me sorprenden, ¡pero tú se supone que eres prudente!
¡En este dúo de mierda, deberías haber sido la voz de la razón!
—No le eches toda la culpa a Set —intervengo—. Yo soy…
—Set forma parte de una banda desde hace años. Tiene experiencia y conoce los riesgos. Si los dos vais a hacer de las vuestras, él es responsable de ti.
Set y yo somos como dos niños a los que están regañando. Bajamos la mirada y esperamos a que pase.
—Te pedí que no hicieras locuras, Avalone. No solo has puesto tu vida en peligro, sino que, además, vuelves con antecedentes penales.
Me arrepiento de que se haya enterado de este asunto; me habría gustado ahorrarle esta contrariedad. Tiene que sobrevivir en esta cárcel, no estar preocupado por el más mínimo de mis gestos o acciones, lo que ahora podría ser el caso.