11 #2
Comparto con ellos las últimas noticias y juntos intentamos con tactar con el famoso Tobias Fells. Desgraciadamente, nos lleva al buzón de voz y no avanzamos nada. Es entonces cuando Lola copia el número de teléfono en su portátil.
—¿Qué haces?
—Lo localizo.
Set y yo intercambiamos una mirada un poco asustados. No creía que su talento de investigadora llegara hasta tal punto.
—¡Bingo! ¡Está en Indiana!
Sin perder ni un instante, Set y yo nos ponemos las chaquetas de cuero.
El Devil’s se hace con dos armas, y desliza una en la cintura de mis vaqueros.
Le ordeno a Lola que nos envíe la dirección por mensaje y que se quede delante del portátil, en caso de que nuestro hombre lle gue a moverse.
Finalmente, su hermano y yo atravesamos la propiedad para llegar al garaje y nos subimos al Mercedes Maybach.
Después de cuatro horas de viaje, durante las que he podido cerrar los ojos, Set aparca el coche frente a una casa en ruinas.
El barrio está sumido en una pobreza angustiosa; los residentes que nos hemos cruzado hasta ahora nos han mirado mal, a nosotros y a nuestro coche de lujo.
Silenciosos y prudentes, cruzamos los dos escalones que llevan a la puerta principal.
Set espera mi señal, y después golpea la puerta de pintura desconchada.
Nos llegan unos gritos y aparece un hombre maduro con el rostro y los dientes desfigurados por la droga.
—¿Qué es lo que queréis? —nos pregunta el yonqui, agresivo.
—Información sobre Freddie Tomson. Está muerto. Asesinado — digo sin rodeos.
Tobias Fells pestañea por la sorpresa y después estalla en una desagradable risa ronca.
—¡Oh, joer , él se lo ha buscado!
—¿No le importaba? —le pregunta Set, perfecto en su papel de investigador.
—¿Ese desgraciao ? Me robó tres mil dólares y huyó de aquí hace años. ¡Nunca lo volví a ver, si no, lo habría matao yo mismo!
—¿Sabe usted quién podría guardarle rencor?
—¡En aquel entonces, tenía un huevo de enemigos! Un montón de tipos intentaron matarlo. Pero Freddie era tan resistente como una cucaracha.
Aunque me quedo de piedra, esta información me desanima. «Un huevo de enemigos». Si tenía tantos como dice este hombre, esto será como buscar una aguja en un pajar.
—¿Alguno de ellos en particular se habría diferenciado de los demás?
Su buen humor desaparece tan rápido como apareció. Vuelve a tener un aire amenazante, e incluso escupe a nuestros pies.
—Os lo aviso, no me gustan los polis. ¡Largaos de mi casa!
Está a punto de cerrarnos la puerta en las narices, pero Set entra por la fuerza y lo agarra por el cuello de la camiseta, sin miramientos.
—¡Quiero nombres! —dice entre dientes.
A pesar de tener una cantidad significativa de neuronas destruidas por la droga, nuestro informante conserva el instinto de supervivencia.
Más charlatán de lo que parecía, Tobias se convierte en una cotorra.
Apunto en mi móvil cada nombre que enumera con temor, y después volvemos al coche y tomamos el camino de vuelta.
Tener una lista de nombres no nos ayuda. Tengo la desagradable sensación de que, al no querer descartar ninguna hipótesis, vamos a dispersarnos.
—Ahora hay que dejar que los abogados hagan su trabajo, belleza divina.
Miro a Set y espero haber entendido mal.
Lamentablemente, no. Se está rindiendo, si es que aún no lo ha hecho.
—De ninguna manera me voy a quedar de brazos cruzados —digo secamente—. ¡Voy a continuar investigando, me ayudes o no!
—¿Y qué vas a hacer ahora? ¿En qué dirección vas a orientar tu investigación, eh? —me pregunta alzando la voz.
Ambos estamos al borde, desesperados por los acontecimientos y con falta de sueño. Pero eso no me va a parar, y creía que sería igual para él. ¿Dónde ha quedado su determinación?
—¿Es tu mejor amigo y ya lo abandonas? Si eres capaz de dormir tranquilo después de esto, que así sea. Yo voy a darlo todo.
—¡No puedes salvar al mundo entero, Avalone!
—¡Clarke lucharía hasta su último aliento por cada uno de nosotros si estuviéramos en su lugar!
El tono sube y saltan chispas.
—Si el mismo Carter no ha encontrado una solución milagrosa, no pienses que puedes exonerar a Clarke por tu cuenta. Él es el genio y, hasta que se demuestre lo contrario, no has heredado sus genes. ¡No eres su hija, eres la hija del inútil de Mike!
Se me congela el corazón, y le sigue todo mi cuerpo.
Set querría tragarse sus palabras, lo veo en el remordimiento de su rostro, pero ya es demasiado tarde. Se me han metido en la mente y su eco es inagotable.
—Mierda, has ido demasiado lejos…
—Avalone, yo…
Me pellizco el puente de la nariz y cierro los ojos, embargada por un montón de emociones.
—Para el coche.
—¿Qué?
—¡Para el puto coche!