Amor en el caos (The devil’s sons 3) 10 #2
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La tarjeta SD en mi brazo de repente pesa mucho. ¿Clarke consideraría esto una locura? Me tomo los antibióticos tres veces al día. Ethan me chequea continuamente y paso cada noche tumbada de espaldas, aunque preferiría dormir de costado. Así que, en este caso, puedo considerarme prudente.

—¿Cuál es tu definición de «locura», exactamente? — Me dirige una mirada cansada —. No importa, volviendo al tema principal. ¿Sabes si Freddie tenía otros enemigos además de ti?

—Cuando mató a mis padres, no era su primera vez. Ese tipo debe de haber hecho muchas putadas.

Una cosa es segura: Clarke no lamenta que ese hombre haya muerto. Y nadie puede culparlo.

—¿Quién te informó de su presencia en la ciudad aquel día, antes de que fueras a la misión con Tucker?

—Eso no importa.

Desde hace algún tiempo, Clarke ya no consigue ocultarme la información desagradable. Cuando indago en un tema que preferiría que evitara, se molesta de repente, y eso lo delata. Pero tengo todo el tiempo del mundo para tirarle de la lengua.

—Dime su nombre. Podría ser el culpable.

—Te aseguro que no lo es.

—¡No lo sabes!

—¡Sí lo sé!

—¡Clarke! —alzo la voz.

—¡Carter! Fue Carter quien me avisó de que Freddie Tomson estaba en la ciudad.

Mi estupefacción es tal que abro y cierro la boca como un pez fuera del agua.

¡Dioses benditos! ¿Cómo pudo mi padrino hacer algo tan estúpido? ¡Por su culpa, Clarke podría haber acabado en la cárcel por asesinato! Bueno, acabó aquí por eso, pero va a salir porque es inocente.

—Como sabes, cuando los Devil’s Sons se acercaron a mí, los mandé a la mierda…

hasta que Carter vino en persona. Sabía muchas cosas y tuvimos una charla muy interesante.

Por el asesinato de mis padres, Freddie Tomson había sido condenado a cadena perpetua.

Teóricamente, eso consiste en encarcelar a un criminal hasta el fin de sus días.

Pero, en la práctica, se le puede conceder la libertad condicional.

Carter, igual que yo, sabía que ese desgraciado se beneficiaría de ella después de cumplir una condena de veinte o treinta años.

Por tanto, el jefe me propuso unirme a su banda a cambio de la información necesaria para llevar a cabo mi venganza.

Acordamos que me avisaría de cuándo sería puesto en libertad y de la ubicación de ese desgraciado llegado el día.

Me daría un arma y después evitaría que fuera a la cárcel. Por eso acepté unirme a la banda.

¡Odín todopoderoso! No puedo creer que se haya atrevido a jugar con las debilidades de Clarke. ¿Había perdido la cabeza?

—Nunca volvimos a hablar de ello, hasta que cumplió su parte. Pero no estoy seguro de que haya cumplido su promesa. Después de todo, me avisó de la presencia de Freddie en Ann Arbor casi con una semana de retraso.

—¿Por qué?

—¿Tú qué crees? Justo el día antes nos había dado permiso para salir juntos; al día siguiente me avisa del regreso de ese desgraciado y, como por arte de magia, le perdono la vida.

Ahora todo tiene sentido. Carter creía que Clarke renunciaría a su deseo de venganza por mí. Creyó que era lo suficientemente importante para él.

La puerta hace un ruido sordo a mi espalda y aparece el guardia. Me dice que los cinco minutos se han acabado y me ordena seguirlo.

Con prisa, me inclino por encima de la mesa para que solo me escuche Clarke.

—Si no conseguimos exonerarte… Bum.

Me incorporo y observo cómo palidece.

Hablaba de locura, pero nosotros ya estamos inmersos en ella. No retrocederé ante nada para sacarlo de la cárcel.

—¡No! —se niega en redondo.

Una sonrisa se extiende por mis labios y, tras grabar cada rasgo de su rostro, me marcho.

—¡Ni hablar, Avalone! ¿Me oyes?

La puerta se cierra detrás de mí, atenuando el sonido de su voz.

El camino de vuelta es infinitamente más difícil que el de ida.

Antes me acercaba al hombre al que quiero; ahora me alejo de él.

Tengo la sensación de que la mitad de mi corazón se ha quedado con él, en esa sala de paredes deterioradas.

Hay tantas cosas que me hubiera gustado decirle, pero nos ha faltado tiempo.

Llego al coche de Carter, consumida por los remordimientos, y pienso en todo lo que no hice durante esos minutos que nos concedieron. Sin embargo, cuando me coloco en el asiento del copiloto, cambio mi estado de ánimo y ataco de repente al conductor.

—¡Le avisaste de que el asesino de sus padres estaba en libertad!

Mi padrino maldice.

—¡Menudo chivato!

—¡También sé que te atreviste a jugar con sus debilidades para que se uniera a la banda! ¿Puedo saber en qué estabas pensando? ¿Eres consciente de que puede que tú le metieras en la cabeza la idea de vengarse?

—No sabes el tipo de hombre que era en esa época, Avalone. Solo las Nornas saben a dónde le habría llevado su ira si yo no hubiera aparecido en su vida.

Arqueo una ceja.

—Oh, ¿actuaste así por puro altruismo? —lanzo, irónica.

—No digas tonterías, no soy la Madre Teresa…

Lo quería en mi banda por mis propios intereses.

Nunca nadie había dado una paliza a mis hombres como él lo hizo.

Su potencial era increíble, y su situación familiar…

bueno, lo convertía en alguien disponible.

Su perfil coincidía con lo que buscaba. Pero eso no quiere decir que su futuro no me preocupara.

Quería ofrecerle una segunda oportunidad.

La oportunidad de sobrevivir a su pasado.

Tenía la esperanza de que encontrara su lugar en la banda y madurara para abandonar de una vez su plan de venganza.

Pero, aunque se unió a la familia de los Devil’s Sons, su corazón permanecía en las sombras.

Le oculté que habían puesto en libertad a Freddie Tomson hasta que vi en ti su salvación.

—No le ha perdonado la vida por mí. Lo hizo por sí mismo.

Carter me mira de repente como si fuera una completa idiota.

—No eres tan avispada como creía, pequeña.

—¡Eh, cuidado con insultar!

Sacudimos la cabeza a la vez y volvemos de nuevo a la carretera, dirección Ann Arbor. Con el corazón encogido, observo la cárcel de Saint-Louis alejarse en el espejo retrovisor cuando una idea surge en mi mente.

—¿La libertad condicional se le puede conceder a un criminal culpable de doble asesinato en primer grado después de tan solo diez años de encarcelamiento?

—Si el criminal en cuestión coopera con la justicia, la fiscalía está capacitada para reducir su pena.

Miro a mi padrino con los ojos como platos.

—Sabes más de lo que haces ver. ¡Desembucha!

—El día que pusieron en libertad a Freddie Tomson, pirateé algunos sistemas informáticos. Me parecía sospechoso que ya estuviera en la calle. Había ayudado a la justicia a desmantelar un cartel de drogas a cambio de una reducción de condena.

—Contribuyó a enviar tras las rejas a los mafiosos… —susurro—. ¿Crees que se han vengado?

Se encoge de hombros, mientras la esperanza florece en mí. Puede que tengamos nuestra primera pista.

—Es una posibilidad. Ese tipo de personas guardan rencor fácilmente.

Bien podrían haber pagado a alguien por medio de un guardia para encargarse de ese viejo perro de Freddie Tomson.

Por eso, mañana iré a la cárcel del condado de Macomb para hacerles una pequeña visita de cortesía. Después lo sabremos con certeza.

Ignoro cómo puede ser tan reactivo. Acaba de salir del calabozo y ya está en marcha, preparado para poner al mundo de rodillas.

Del bolsillo de su traje saca su inhibidor de grabaciones de voz y lo enciende.

—Tranquilízame sobre un tema, Avalone. ¿La tarjeta SD está segura? ¿Nos podemos concentrar en Clarke sin miedo? Necesito tener la mente despejada para ser productivo.

—Nadie más que yo es capaz de echarle el guante —afirmo con decisión.

De vuelta en la mansión, encontramos el salón en su punto álgido.

Todos trabajan y llevan a cabo las tareas que les encomendé esta mañana.

Ninguno se toca las narices. Hay portátiles encendidos por todas partes, documentos esparcidos por cada superficie plana y unas cajas de cartón que desprenden un maravilloso olor a comida china.

Hambrienta, mi estómago se despierta. Así es como se dan cuenta de nuestra presencia.

Dejan sus actividades de lado y Ty, empático, me tiende una caja de fideos.

Ignoro el plato, prefiero estrecharlo contra mí en un buen abrazo.

A pesar de la desagradable adversidad por la que está pasando, ha venido.

Solo puedo expresarle mi agradecimiento.

Antes de sacar tiempo para comer, Carter y yo preguntamos a nuestra familia sobre sus diferentes misiones.

—Freddie murió de un balazo en la frente —nos informa Justin—.

El ADN de Clarke ha sido extraído de su cuerpo.

A esto se añade que el teléfono de la víctima fue encontrado en su posesión y tiene un móvil: su pasado con Freddie Tomson…

Los rumores en la comisaría son categóricos: nuestro hermano no tiene ninguna posibilidad de ser declarado inocente.

—Nosotros hemos visitado a unos once clientes habituales del bar —interviene Jesse—. No han visto ni oído nada. Ni siquiera el disparo. Las cámaras de seguridad están rotas. Alguien las ha destruido.

—El informe de la autopsia ha desaparecido misteriosamente. Nadie tiene noticias del médico forense —continúa Ty—. Se ha esfumado.

Carter y yo nos miramos durante unos segundos eternos en los que llegamos a la misma conclusión, por muy horrible que sea.

¡Por todos los dioses!

—Alguien ha matado a Freddie y ha incriminado a Clarke para ocultar su crimen —comento—. O es una encerrona destinada a enviarlo a la cárcel. Puede que Freddie solo fuera un daño colateral. Es posible que el asesino en realidad tuviera a Clarke en el punto de mira.