8
Cuatro horas más tarde, la policía por fin se va de la mansión, dejando tras de sí un gran desastre.
Han puesto bajo llave varios documentos, de ahí mi urgencia.
Tengo que hablar con Carter para asegurarme de que solo el portátil contenía pruebas de sus actividades ilegales.
Marie y yo nos subimos a un coche. Le he echado el ojo al Bugatti Chiron negro.
Mi padrino se niega a que nadie lo conduzca, y con razón: es un modelo exclusivo, fuera de serie, de varios millones de dólares.
Pero, después de todo el estrés que he sufrido esta tarde, me debe este maravilloso momento.
Pasado el portón de la propiedad, piso ligeramente el acelerador. Los mil quinientos caballos bajo el capó se hacen notar; el coche corre a una velocidad que parece escapar a las leyes del universo. Marie se agarra con fuerza a su asiento, incluso creo que reza a los dioses.
—No me digas que tengo un corazón más fuerte que el tuyo —le digo con ironía.
—Me alegro de que puedas bromear después de la tarde que acabamos de pasar.
Los polis no han encontrado ninguna prueba comprometedora durante su investigación.
Los documentos a los que les han echado el guante no los conducirán a nada, estoy segura.
Por lo demás, nos hemos adelantado. El perverso placer que me produce, junto con el alivio de haber evitado el apocalipsis de mi universo, me insufla una sensación de euforia. Siento que floto.
Llegamos a la comisaría de policía en menos de lo que canta un gallo.
Salto fuera del coche con la esperanza de que me dejen ver a mi familia, aunque sé que las probabilidades son escasas.
Estaría dispuesta a presentarme al examen del colegio de abogados mañana mismo si eso me permitiera reunirme con los que quiero.
Tomo una gran bocanada de aire y empujo las puertas dobles del edificio, dándome de bruces contra el padre de Charlie.
—Sabía que no tardarías en llegar.
Nos invita a entrar y observo el bullicio del lugar.
Pensaba que a esta hora la mayoría de los agentes habrían vuelto a casa.
Pero todos los escritorios están ocupados.
Nunca habían atrapado un pez gordo tan importante como Carter Brown.
Y ahora están haciendo todo lo posible para mantenerlo en prisión.
Saben con quién tratan y temen que se les escape de entre las manos al salir el sol.
—El jefe de los Devil’s Sons está hablando con su abogado principal. En cuanto a sus hombres, están en el calabozo.
Dioses benditos, imaginarlos tras las rejas que además son inaccesibles hace que sienta un vacío en el pecho.
—Carter ha pedido verte.
—¿Y va a autorizar ese encuentro?
—Lo rechacé sin dudarlo. Pero después sus abogados me hablaron de tu enfermedad cardíaca y de su papel financiero. Me han soltado todo un rollo sobre la necesidad de este encuentro para que su arresto no afecte a tu seguimiento médico. Así que no he tenido elección.
Desde luego… Dado que Carter ya no tiene libertad sobre sus actos, tenemos que hablar para ponernos de acuerdo sobre cómo proceder con el pago de mis facturas del hospital.
Mi padrino actúa sutilmente, con destreza. Nunca se queda sin recursos, es impresionante.
Una sonrisa de admiración aflora en mis labios, pero me gana la impaciencia.
Dejo a Marie atrás y sigo al jefe de policía entre los escritorios de la espaciosa oficina, bajo las miradas insistentes de sus ocupantes. Reconozco a la mujer que me ha registrado, una amiga de la madre de Justin enviada por Carter. Debería darle las gracias cuando el momento sea más… adecuado .
El hombre me conduce a través de un laberinto de pasillos y se detiene delante de una pesada puerta que abre para entrar en una sala reservada a los interrogatorios.
Carter, sentado frente a su abogado, posa la mirada en mí.
Se levanta rápidamente, gira todo el cuerpo en mi dirección y una arruga de preocupación se forma entre sus cejas.
En este momento tengo ganas de llorar como una niña pequeña o de golpearlo por haberse dejado pillar in fraganti.
El abogado le lanza una mirada cómplice a mi padrino y después se dirige hacia la salida.
—Tenéis diez minutos. Úsalos bien —me informa al llegar a mi altura.
Cuando sale de la habitación, entro. La puerta se cierra a mi espalda, dejándonos a mi padrino y a mí solos.
Hago amago de dar un paso hacia él, pero detiene mi impulso extendiendo un dedo entre nosotros.
Acaban de ver a mis padres en la propiedad. No podemos parecer tan cercanos; de lo contrario, nos arriesgaríamos a despertar sospechas. Al menos, eso es lo que entiendo.
Carter alza la mirada hacia las cámaras de seguridad colocadas en las cuatro esquinas de la sala. Las luces rojas, que indican que están encendidas, se apagan de repente.
—¿Cómo? —pregunto, confusa.
—Tengo algunos amigos entre estas cuatro paredes.
Esta vez abre los brazos y me lanzo hacia él. Su abrazo paternal me sienta de maravilla. A su lado, vuelvo a respirar.
—Lo siento, Avalone.
Se aparta para tomarme la cara entre sus manos. La preocupación con la que me examina solo pide ser aliviada.
—¿Te encuentras bien? ¿Cómo está tu corazón?
—Sigue latiendo.
Suspira aliviado, susurra un «¡Gracias a los dioses!» y después cierta seriedad marca sus facciones.
—¿Los policías han sido respetuosos contigo? ¿Te han tratado bien? Juro por Draupnir que si…
Niego con la cabeza. Ya está encerrado, así que es mejor que no le cuente el comportamiento de Bill, o corre el riesgo de pudrirse aquí hasta el fin de sus días.
—¿Podemos hablar con total libertad?
—Sí, mi abogado me ha dejado su inhibidor de grabaciones en caso de hubiera micrófonos escondidos a nuestro alrededor.
Carter me invita a sentarme en la silla que ocupaba el abogado minutos antes.
—¿Qué han encontrado?
—Le han echado el guante a un puñado de documentos.
—En otras palabras, no han encontrado nada —murmura mi padrino.
Estaba en lo cierto: solo el portátil contenía pruebas de sus actividades ilegales.
Entrecierra los ojos, en los que brillan la confusión y la desconfianza.
—O son increíblemente imbéciles…
—O tienes una sobrina con una inteligencia fuera de lo común —termino.
Finjo una sonrisa de suficiencia y saco pecho. Por primera vez, dejo a Carter sin palabras, que es algo nuevo. Con la boca abierta y las cejas arqueadas, parece anonadado.
—¿Has…?
—¿Transferido los datos de tu ordenador a la tarjeta SD? Sí.
Me doy golpecitos en el pecho, confirmando que ese preciado objeto está en mi poder. Entonces se inclina sobre la mesa y me pide que le cuente con todo detalle mis hazañas. Obedezco y me dejo llevar por las diferentes emociones que he sentido desde que todo esto empezó.
—Me podrías haber avisado de que habías registrado mi huella hace años; eso me habría evitado mucha ansiedad. Marie estaba demasiado tranquila, si me lo preguntas.
Continúo rememorando el método con el que conseguí descubrir la contraseña de su portátil. En cuanto a la transferencia y la eliminación de información, se lo debe a su ingenioso programa, y lo felicito por ello. Estaba maravillada y lo estaré siempre.
—Entonces llegó la policía…
Me dejo llevar por mi propio relato. Imito la cara aterrorizada de Marie y me río al compartir con él la apremiante necesidad de ir al baño que tuve que fingir para ganar tiempo.
Mis brazos abarcan todo el espacio a mi alrededor y los agito con emoción.
Y después siento los latidos de mi corazón acelerarse ante el recuerdo del cacheo.
—Deseé morir cuando notó la tarjeta SD bajo mi ropa. Podría haberme dicho mucho antes que la habías enviado tú, pero debe de tener una gran predilección por el sadismo. Y para tu información, he venido hasta aquí con el Bugatti Chiron.
La admiración que otorgaba a su piel un aspecto casi angelical desaparece de repente. Sorpresa, furia, ganas de matar a alguien…
Pero intervengo antes de que actúe.
—No te olvides de que tengo seiscientos gigas de información que podrían hacer que te pudrieras en la cárcel si llegaran a caer en malas manos. Respira hondo, porque, en el instante en que sienta que mi vida corre peligro, yo…
La sonrisa que me dedica me para los pies.
¿Es la calma antes de la tormenta? Me muevo nerviosa en la silla, hasta que una risa sacude sus hombros.
Una risa que nace de la mezcla de admiración y alivio.
Me relajo profundamente. Tocar uno de sus coches sin su permiso es un acto mucho más grave que la traición.
—¿Cómo ese gilipollas de Mike ha podido traer al mundo tal maravilla?
Joder, cómo lo quiero …
Mi relación con Carter no siempre es evidente, pero el lugar que ocupa en mi corazón es solo suyo.
—Tengo su ADN. En cambio, heredé las llamas del Ragnarök que contienen sus iris.
Me lanza una mirada llena de ternura. Nos envuelve un aura de complicidad. Saboreo este momento que pronto llegará a su fin, muy a mi pesar.
—Era un trabajo en equipo, Carter. Sin tu proactividad y la ayuda de Marie, la policía estaría en posesión de todas las pruebas de nuestras actividades.
—Ser humilde no te favorece, Avalone. — Envuelve mis manos con las suyas y continúa —: Marie es incapaz de pensar bajo presión.
Sin ti, se habría visto sobrepasada por las circunstancias y se habría encerrado en la cocina.
Al tomar la delantera, has podido recopilar la información que necesitabas para salvarnos a todos.
Fue un trabajo de equipo, sí, pero todo equipo necesita un líder.
Y has asumido ese papel con destreza. Estoy orgulloso de ti, mucho más de lo que puedo expresar.
Sus palabras tienen tanto poder sobre mí que el corazón se me hincha a punto de explotar, o casi. Me siento como una niña a la que su padre felicita por haber montado en bici sin ruedines.
—Cuando sea demasiado mayor para seguir, serás la jefa de los Devil’s Sons.
—Puede que haya heredado tu forma de liderar, pero no tu salud. Una presión parecida a la que tú soportas diariamente y, pam , no más Avalone…