6
Parpadeo y me doy cuenta de que los brazos de Clarke me rodean. Estamos tumbados en el sillón de su apartamento, con una manta cubriendo nuestros cuerpos desnudos. La tormenta de nieve se ha calmado, pero unos pocos copos siguen cayendo al otro lado de la ventana.
Después de las dos palabras y ocho letras que pronuncié anoche, regresamos a casa lo antes posible para saciar nuestro deseo.
Fue una de las noches más increíbles de mi vida, si omitimos el altercado que tuvimos con Alec.
Nunca habíamos estado tan unidos, en sintonía.
Si antes creía haber conocido el placer de hacer el amor con Clarke, estaba muy equivocada.
Aunque no hubiera contestado verbalmente a mi «te quiero», cada una de sus caricias transmitía lo que siente por mí.
A decir verdad, no sé qué me llevó a declararle mi amor.
No lo había planeado, pero, cuando me pidió que compartiera con él algo que no le había revelado a nadie, fue instintivo.
Necesitaba que escuchara y entendiera lo que siento por él.
Mantenerlo en secreto parecía difícil; contuve esas palabras un número incalculable de veces durante estos meses.
Y ahora Clarke sabe que no todo es oscuridad a su alrededor.
—¿Has dormido bien, preciosa? —me susurra al oído.
Un intenso escalofrío que no puedo disimular me recorre la columna vertebral y siento que sonríe contra mi cuello.
Me giro y lo contemplo. Su pelo revuelto, su mandíbula cuadrada, sus ojos verdes soñolientos… todo en él está hecho para seducirme.
—Increíblemente bien, ¿y tú?
—Me has agotado, así que sí —responde con una mirada traviesa.
Me río a carcajadas y le doy una palmadita en el hombro.
—¡Te abalanzaste sobre mí para una segunda ronda, eres increíble!
—¡Pero tú me provocaste la tercera vez!
Vacilo por un momento y frunzo el ceño.
—¿La tercera vez?
Esboza una sonrisa pícara cargada de tentación. Me levanta de repente del sofá y me coloca a horcajadas sobre él. Su piel desnuda bajo la mía electriza mi cuerpo; mi deseo se hace eco del suyo y estalla en mi bajo vientre.
—Oh, ¿te refieres a esta tercera vez? —ronroneo.
—Sabía que eras perspicaz…
Acaricia mis labios con un simple roce que reduce a cero mi paciencia. Le robo un gemido de placer al unir nuestras bocas con pasión.
—¡Por Yggdrasil, esto no!
Nos apartamos y descubrimos a los Devil’s Sons quietos en la entrada del salón, con muecas de asco.
—Arinson, ¿estás desnuda o estoy soñando? —exclama Sean, que casi se atraganta.
Clarke sube la manta hasta mis hombros mientras yo escondo la cara en su cuello, muerta de vergüenza. Siento cómo se ríe silenciosamente contra mí.
—¡Qué asco, joder! —suelta Justin.
—No podré volver a sentarme nunca en ese sofá —refunfuña Jesse.
—En ese caso, olvídate también de la encimera. Y de la mesa del comedor.
Suelto un pequeño grito y pellizco el brazo de Clarke, que se ríe aún más fuerte.
—¡Para mí, Avalone es virgen, al igual que mi madre y mi hermanita! Así que no quiero saber nada —masculla Set.
Alzo la cabeza y los miro.
—Bueno, cerrad los ojos, ¿vale? Vamos a volver a la habitación para vestirnos. A menos que queráis quedaros ahí mirando.
Enseguida, los cuatro chicos se dan la vuelta y se ponen de cara a la pared. Me río y enrollo la manta alrededor de mi cuerpo mientras Clarke ya atraviesa la habitación, desnudo como lo trajeron al mundo.
Dejo la manta delante de la ducha y me uno al Devil’s bajo el chorro de agua. Me pasa el pulgar por el labio inferior y, como si no hubiéramos sido interrumpidos nunca, lo retomamos donde lo dejamos.
Reunidos alrededor de la mesa para desayunar, la conversación está estancada.
Todos somos conscientes de que tenemos que abordar el delicado tema de anoche, pero nadie tiene la fuerza necesaria para empezar.
Poner en palabras lo que pasó lo vuelve real, tangible, cuando todos deseamos que no haya sido más que un mal sueño.
Pero, cuando Ty llama a la puerta, no nos queda más remedio que meter el dedo en la llaga.
—Alec ha dejado la ciudad. Se arrepiente profundamente tanto de las palabras que dijo como de sus actos. Os pide perdón a todos y… ha dejado esto para ti, Avalone.
Mi compañero de viaje me muestra un sobre con mi nombre.
Intenta sonreírme, pero su rostro solo refleja pena, intensificada por el agotamiento; la partida de su hermano le ha afectado mucho.
Ha perdido a su madre y, de repente, acaba de perder a su hermano, así como ese apoyo que debería haber recibido de su parte durante esta terrible adversidad.
Cojo el sobre que me tiende Ty y lo relego a un segundo plano el tiempo necesario para estrecharlo entre mis brazos.
Le susurro palabras reconfortantes y, sobre todo, sinceras.
Nos enjugamos mutuamente las lágrimas, nos abrazamos y luego lo dejo en manos de los chicos mientras me aíslo en la habitación para leer las líneas que su hermano ha garabateado.
Despliego el papel y observo, con un nudo en la garganta, las manchas de agua que han borrado palabras en algunas zonas. Alec lloró escribiendo esta carta.
Doble A:
No sé por dónde empezar, pero unas simples disculpas no podrán borrar mis errores.
No puedo afirmar que, sin la intervención de Clarke, no hubiera disparado.
Porque no tenía la menor idea de lo que soy capaz, y eso, como ves, me rompe mucho más que la pérdida de mi madre.
Nunca debería haber dicho todas esas cosas horribles, ni debería haber apuntado con el arma a la que considero mi hermana pequeña.
Te hice una promesa cuando nos tatuamos.
Te prometí que vivirías muchos años, pero anoche estuviste a punto de morir a mis manos.
Si algún día consigues perdonarme, debes saber que yo no encontraré la fuerza para hacerlo.
Mis errores me perseguirán hasta mi último aliento.
Puede que necesites explicaciones, así que aquí las tienes. Esto es lo que me ha estado rondando por la cabeza estos últimos días.
Nunca pensé que no pudieras entender mi dolor.
La verdad es que estaba celoso. Celoso de que, con apenas diecinueve años, aún tengas los pies en la tierra y estés llena de vitalidad, de amabilidad, a pesar de que la muerte te aceche en cada rincón, mientras que yo me hundía en la pérdida de mi madre.
Quería la lluvia en los nueve mundos, la desgracia en el Yggdrasil.
No quería ser fuerte; deseaba que toda la tierra sufriera igual que yo, y en especial tú.
Tu fuerza, tu sangre fría, la mano que me tendiste cuando no era más que un despojo humano...
Dioses benditos, te odiaba. Te odiaba y te quería un poco más a la vez.
Sabía que, pasara lo que pasara, siempre estarías ahí.
Por lo tanto, llegué a extremos para alejarte. Para alejaros.
Mi comportamiento es imperdonable. He tocado fondo. Pero debes saber que nunca he pensado, ni por un puñetero segundo, todo lo que te dije. Te mereces vivir más que nadie, Avalone, y me siento agradecido con el universo por haberme cruzado en tu camino.
Ayer, al ver a Clarke forcejear para alcanzarme, para matarme, deseé morir. Fui consciente de en lo que me había convertido, y lo deseé con tantas ganas... Pero al final decidí vivir, después de pasar la noche con Carter.
No quiero que te preocupes por mí. No me lo merezco.
Tengo que tomarme un respiro y pensar en los últimos acontecimientos para mostrarme a la altura de vuestra amistad. Y, cuando vuelva, haré todo lo posible para redimirme. Te lo prometo, Alive.
Cuida de ti y de los chicos.
Cuida de mi hermano, por favor.
Te quiero,
Alec.
Contengo un sollozo y me enjugo las lágrimas que caen por las mejillas con el reverso de la manga.
—Yo también te quiero, Alec. Vuelve pronto…
Con cuidado, guardo la carta en el sobre y la coloco en la cómoda de Clarke. Me tomo unos minutos extra para recuperar el control de mis emociones y después vuelvo al salón, con el corazón encogido.
Me dejo caer al lado de los chicos.
—Carter ya ha hecho esto, ¿no? Ya ha obligado a alguno de sus hombres a seguir adelante. Para superar su dolor.
Todos desvían la mirada, como si el recuerdo que comparten fuera demasiado doloroso, y Jesse suspira.
—En la época en la que la banda estaba formada por los gemelos, Sean, Clarke y yo, había otros cuatro miembros; entre ellos, Max.
Per dió a su novia de la noche a la mañana: falleció en un accidente estúpido.
Volvía a casa tras una buena noche de copas con su prima, pero se tropezó y se golpeó la cabeza contra el borde de la acera.
Max estaba devastado, la culpa lo carcomía.
Debería haber ido a recogerla en moto aquella noche, pero había bebido demasiado y no podía conducir.
Estuvimos ahí para él, pero, del mismo modo que Alec, Max se hundió y las quejas llegaron a oídos de Carter.
Como dijo tu padrino, en nuestro mundo no nos lo podemos permitir.
Lo que está en juego es demasiado importante, sin contar con que un miembro activo de los Devil’s Sons que pierde el control es un hombre peligroso con una pistola y con secretos que nos pueden costar la libertad, e incluso la vida.
Un error y es la banda entera la que lo paga.
Por lo que Carter le ofreció dos opciones: irse de la ciudad un tiempo, sin armas ni chaqueta, para recuperarse, o quedarse y recomponerse de inmediato.
Max eligió la segunda, pero ese mismo mediodía se unió a nosotros en el terreno borracho.
Por su culpa, Nate, un antiguo Devil’s Sons, recibió una bala y se desangró.
Si no hubiera sido por la rápida reacción de Ethan, habría muerto.
Como resultado, Carter tomó cartas en el asunto.
Después de una noche entera en su compañía, el verdadero Max volvió.
Todavía estaba en duelo, pero había recuperado el control sobre sí mismo.
—¿Qué hizo el jefe aquella noche? —pregunto, con un nudo en la garganta.