Amor en el caos (The devil’s sons 3) 5 #3
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—¡Dejaba que su madre lo golpeara y gritaba pidiendo ayuda! Si hubieras tenido tu arma en ese entonces, ¿te la habrías cargado? ¿O habría sido ella la que pusiera fin a tu lamentable existencia?

Me levanto bruscamente, con las manos temblorosas.

¡Por Tyr, ha ido demasiado lejos! Me niego a que haga daño a las personas que quiero.

Sean va directo hacia él, pero Jesse lo detiene, imperturbable incluso después de las cosas horribles que Alec le ha dicho, y después me atrae hacia él.

—Vete. Tienes que irte —me susurra.

No necesita explicarme lo que va a suceder en los próximos minutos. Aunque todavía están conmocionados por las revelaciones, el deseo de matar a alguien pronto será más fuerte.

Pero, si me voy de aquí, solo las Nornas sabrán en qué estado se despertará por la mañana el antiguo Devil’s.

—Tenemos que irnos todos, incluido Ty —le suplico.

—¿Y si me dejas a tu hombre, Doble A? —contesta el borracho, inagotable.

El miedo me paraliza las articulaciones una a una.

Si Alec continúa por ese camino, acabará muy mal.

Tiene que estar sufriendo muchísimo para llegar a estos extremos, y a mí se me parte el corazón al verlo así, pero no tiene derecho a arrastrar a Clarke en su caída.

No tiene derecho a meter el dedo en la llaga, una que todavía no ha cicatrizado a pesar de todos estos años.

—¡Cállate la puta boca! —grita Ty, al límite de su paciencia.

—¡No! ¡No, claro que no! Clarke es el candidato ideal.

Solo tenía catorce años cuando vio a un imbécil colocado meterle una bala entre los ojos a sus padres.

Qué mala suerte… Ese tipo te lo arrebató todo.

¿Qué? —continúa Alec, divertido ante mi alarmante palidez—.

¿Tienes miedo de que tu novio explote? Creo que habría sido una buena idea traer la Demonio para poder contenerlo cuando se lance contra mí.

Tienes cierta experiencia con esta droga, ¿verdad, Ava?

Los ojos como platos de los Devil’s Sons se dirigen hacia mí.

—Ups… dos secretos revelados en esta noche de luna llena.

Cierro los ojos unos largos segundos. No es porque acabe de traicionar mi confianza.

Después de todo lo que ha dicho esta noche, no es esa confesión lo que me ha decepcionado, sino más bien lo incontrolable que está y que busque hacernos daño a todos y cada uno de nosotros.

Quiere que suframos como lo hace él, y ya no sé qué hacer para aliviar su dolor.

Día tras día, hemos intentado ayudarlo, mantenerlo a flote, pero sus momentos de lucidez son cada vez más escasos.

—Su corazón ya está muy enfermo, y se atreve a tomar la Demonio… —continúa Alec—. Mi madre está muerta cuando nunca jugó con fuego, y hay otros que eligen arriesgarse a perder la vida. ¡Eso es una estupidez, joder!

Su voz está cargada de odio; su mirada me hiela la sangre. Me lanza la botella a la cabeza, pero, antes de que me toque, Clarke me empuja fuera de su alcance. Estalla delante de mí y su contenido nos salpica a todos.

De repente, mi salvador le da una fuerte patada a Alec, que sale disparado hacia atrás.

Después va directo hacia él y le propina un gancho.

Su víctima, anestesiada por el alcohol, hace una mueca risueña mientras Clarke le agarra la cabeza y la golpea contra la pared, una y otra vez, hasta que el antiguo Devil’s grita de dolor.

—Conscientes de tu dolor, estábamos dispuestos a pasar por alto tus palabras, pero intentar agredirla físicamente es un gran error…

—¡No se merece vivir! ¡Es ella la que debería haber muerto, no mi madre!

Me tambaleo, sin aliento.

Alec sufre y está borracho, pero sus palabras se me clavan de lleno en el corazón. A sus ojos, ya no hay lugar para mí en este mundo. Peor, he usurpado el de su madre.

Suelto un grito ahogado cuando Clarke se hace con una botella vacía y la rompe sin dudarlo sobre su cabeza. El cristal explota en mil pedazos y cae sobre el borracho, que se habría desplomado si su agresor no lo hubiera sujetado por la garganta.

Alec parpadea, aturdido, mientras un hilo de sangre le recorre la frente.

—¡Fáltale al respeto una vez más y te juro por Draupnir que te envío al Helheim a reunirte con tu madre!

El motero le da la vuelta y lo empuja contra la pared, ejerciendo tal presión sobre su brazo que, con el más mínimo movimiento, se lo romperá.

Esta escena me parte el corazón. Sé quién es Alec. Pienso en su sonrisa, en sus abrazos, en la forma tan suave en que me despertó una mañana cuando estaba en mi peor momento.

—¿Quieres hablar conmigo porque vi cómo asesinaban a mis padres? ¿Mi dolor está lo suficientemente a la altura del tuyo?

La situación está fuera de control. Calmar la tensión me parece misión imposible. Me temo que solo una desgracia podría tranquilizar a todo el mundo.

—¿Te crees que después de tu numerito mereces llorar sobre el hombro de alguno de los que estamos aquí?

Alec se empieza a reír; entonces, con un poco de presión, Clarke le rompe el brazo.

Su grito ronco resuena en todo mi ser y me destroza por dentro.

Me lanzo sobre el segundo de la banda y lo empujo, pero me falta fuerza.

Set, considerando que Alec ya ha recibido su merecido, viene a ayudarme.

Aprovecho para deslizarme entre los dos hombres y comprobar el estado de la fractura.

Pero Clarke intenta alejarme de su víctima.

—Para, por favor…

—¡No te metas en nuestros asuntos! —me grita el antiguo Devil’s, al que doy la espalda.

Un frío helado se extiende por mis venas y me paraliza cada una de mis extremidades cuando siento un metal frío contra la nuca.

¡Alec me está apuntando con el arma!

Dioses todopoderosos…

En el silencio escucho el reconocible ruido del seguro. El tiempo parece detenerse. Ya no se escucha ni un susurro, nadie hace amago de moverse. Tan solo los latidos de mi corazón resuenan en nuestros oídos.

En ese momento, solo siento una cosa: miedo.

Nunca habría pensado que un miembro de mi familia me infundiría tal sentimiento, por lo que, a cada segundo que pasa, pierdo más y más la fe en Alec. No sé de lo que es capaz; tengo miedo de morir en sus manos.

Herida, poso los ojos sobre Clarke, con la esperanza de ver optimismo en los suyos.

Pero su estado es tan preocupante como aquella noche en la que se enfrentó al asesino de sus padres.

Mira fijamente a mi verdugo con esa mirada sin fondo, un vasto pozo que representa la fuente misma de su ira.

Una tormenta devastadora se agita en su interior y exige salir para destrozar todo a su paso.

De repente, sin previo aviso, Clarke vuelve en sí. Me cubre con una mirada llena de promesas, gracias a la cual mi miedo no es más un vago recuerdo.

«¿Confías en mí?», parece preguntarme.

—Sin lugar a dudas —respondo.

Asiente con la cabeza, un movimiento tan discreto que por un momento pienso que lo he soñado. Sin embargo, sé lo que espera de mí.

Parpadea una vez.

Parpadea una segunda vez.

Cuando sus ojos se cierran por tercera vez, me lanzo al suelo y me hago un ovillo sobre mí misma. Suena un disparo que me ensordece. Me sobresalto, aunque no creo que esté herida.

Pero ¿y si alguno lo estuviera?

Presa del pánico ante la idea de que alguien a quien quiero haya podido resultar herido, alzo la mirada para ver lo que ocurre por encima de mí.

Gracias a los dioses, el arma apuntaba al techo —donde se ha alojado la bala—.

Clarke consiguió torcer la muñeca de Alec antes de que apretara el gatillo.

Lo desarma y le lanza un gancho de derecha, haciendo que su antiguo compañero se desplome a sus pies.

Ahora que estoy fuera de peligro, el motero se deja abrumar por la ira que acumulaba hacia el asesino de sus padres. Es como si la viera reflejada en él.

Esta vez estoy segura de ello: si toca a Alec de nuevo, lo matará.

En una súplica, grito el nombre de los chicos.

Aunque todo se desarrolla en un tiempo récord, veo la escena en cámara lenta.

Clarke, esclavo de sus emociones, se prepara para atacar a Alec, pero Set ya está intentando inmovilizarlo.

El Devil’s forcejea como un león y termina liberándose del agarre de su mejor amigo.

De una fuerte patada en el vientre, lanza a Set contra el sofá, mientras Jesse salta por encima del mueble y aterriza detrás de Clarke.

Lo inmoviliza y le impide moverse, ayudado rápidamente por Sean, mientras Justin se interpone delante de Alec para convertirse en el último obstáculo.

—¡Hay que sacarlo de aquí! —grita Set.

El espectáculo es aterrador. Clarke está motivado por un odio tan profundo que no consigue recuperar el control. Lo ha perdido por completo; se ha convertido en un arma mortal, peligrosa incluso para sus propios amigos.

Los cuatro Devil’s Sons insisten en hacerlo retroceder.

Sus múscu los están tensos, sus expresiones cansadas y se les marcan las venas en los rostros por el esfuerzo.

Despliegan todas sus fuerzas para con tener esta masa de pura ira.

Clarke forcejea con firmeza. Consigue liberarse por momentos y lanza golpes a diestro y siniestro, con un único objetivo: golpear a Alec hasta matarlo.

Este último, aturdido, intenta levantarse, pero su hermano gemelo no le da la oportunidad.

Le propina un violento gancho de derecha.

Esta vez no se reincorpora, sino que se apoya contra la pared, grogui.

En cuanto a mí, tengo la sensación de estar en medio de una pesadilla. Estoy aterrorizada.

Es entonces cuando Ty me abraza.

—¿Estás bien?

Asiento, a pesar de mi dolor. Me duele el corazón; el comportamiento y las palabras de Alec me han afectado mucho.

Mi compañero de viaje me coge el rostro entre sus temblorosas manos, con los ojos llenos de lágrimas.

—Lo siento tantísimo, Alive… No piensa todo lo que ha dicho, lo sabes, ¿verdad? Lo que ha hecho… Dioses benditos…

—¡Avalone! —grita Jesse.

Giro la cabeza, pero solo veo una habitación vacía.

Los chicos ya no están, han conseguido sacar a Clarke del apartamento.