5 #2
La luz del día me deslumbra. Hago una mueca por el tobillo, mientras el Devil’s me enfrenta, fuera de sí.
—¿Se puede saber por qué has seguido a ese saco de mierda?
—Es… Jesse, es nuestro amigo.
—Lo conozco desde hace años y, créeme, ese de ahí no es Alec. ¡Ese tío no es nuestro amigo!
Mi corazón se comprime dolorosamente en el pecho. Cierro los ojos unos segundos y me pellizco el puente de la nariz.
No puedo abandonar a Alec a su suerte, eso me es imposible. Como Jesse ha dicho, no es él mismo. Necesita ayuda.
—Si supieras los problemas que nos ha traído…
Alzo la vista hacia él y frunzo el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Destroza todos los bares a los que va, incluso los que están bajo su protección.
—Eso no puede ser verdad…
Me paso las manos por el pelo y asimilo con dificultad la información.
—¿Por qué no me habéis dicho nada?
—Estabas ocupada encargándote del funeral, y después…
se volvió peligroso, incluso para ti, Avalone.
No solo consume alcohol y porros, su cuerpo está lleno de cocaína, y solo los dioses saben de qué otras cosas.
No se lo hemos dicho a Carter. Hemos conseguido interceptar todas las quejas, porque si tu padrino se entera del daño que Alec le causa a su ciudad, va a emplear mano dura para sacarlo de esta.
Y, cuando eso pase, los golpes que Clarke recibió por haberse acostado contigo te parecerán las más dulces de las caricias.
Siento que palidezco.
Por Odín, Alec, necesitas recuperar las riendas de tu vida a cualquier precio.
—Venga, vamos…
Para evitar echar más leña al fuego, sigo a Jesse sin cojear y pongo una expresión neutra cuando siento una fuerte punzada de dolor en el tobillo.
Con el corazón encogido, nos metemos en el Mercedes de Carter, donde nos espera Sean.
—No le contéis a Clarke lo que acaba de pasar, ¿vale? —les pido.
Los chicos asienten sin rechistar.
Son las diez cuando llegamos al apartamento de los gemelos.
Habíamos pensado que les vendría bien hacerles compañía, pero ahora Alec no responde. Y Clarke tampoco.
No paro de darle vueltas a lo que ha ocurrido esta mañana. Debo decir que el comportamiento del antiguo Devil’s me ha impactado un poco. Incluso me he preguntado si la mano dura de Carter no sería una mejor solución que dejarlo hundirse.
Ty está callado. Agarra su vaso de bourbon con una mano y me abraza con la otra. El ambiente está tenso, pero nos da igual. Si nuestro amigo prefiere el silencio, nos mantendremos en silencio. Haremos todo lo que él quiera.
De repente, la puerta se abre y entra Clarke, con quien ya no contábamos. Ni siquiera me mira; le da una palmada reconfortante en la espalda a Ty y se sirve una copa. No nos hemos dirigido la palabra en todo el día, así que nada ha cambiado desde ayer.
El ambiente sigue siendo el mismo. Permanecemos allí sentados, escuchando cómo trascurren los segundos.
A pesar de su duelo, Ty hizo el esfuerzo de ir a comprar cannabis para quienes pudieran sentirse tentados.
Me tranquiliza saber que ha salido a tomar el aire, aunque haya sido para hacer ese tipo de compra.
Al menos, no se deja consumir en este apartamento.
¡Ni siquiera está fumando! Esta noche, prefiere beber.
La puerta principal se abre de nuevo, pero esta vez es Alec. Su estado no ha mejorado, y la botella de vodka que lleva en la mano tampoco parece abandonarlo. Los moretones en su rostro me recuerdan el incidente de esta mañana y atraen todas las miradas, aunque nadie le pregunta por ellos.
El ambiente está muy cargado; los Devil’s Sons están tan tensos como la cuerda de un arco.
Y en este momento me arrepiento de haber organizado esta velada.
Alec va a alcanzar nuevos extremos y, a pesar de la bondad de los chicos, creo que a una parte de ellos les gustaría que la situación se salga de control para llegar a los golpes.
Lo miran con cierta animosidad. Su comportamiento les resulta difícil de aceptar.
—¡Holaaa, chicos! Qué noche tan maravillosa, ¿no?
Ty aprieta los dientes y se aleja de su hermano. Su mirada, su rostro y su cuerpo se dirigen en la dirección opuesta, señal del rechazo causado por el desgaste. Alec, sin ser consciente del daño que ha podido ocasionar, se echa sobre el último sofá libre.
—¡Si hubierais visto a la tía que me he follado hace una hora, no os lo creeríais! Va a tener problemas para caminar mañana…
Alza la botella a la altura de los ojos para evaluar cuánto le queda. La vacía de un trago y se inclina sobre la mesa para coger el bourbon .
—¡Deja eso, ya has bebido suficiente! —le ordena el Trip boy.
Esta noche no tiene ganas de lidiar con su gemelo. Ya ha tenido suficiente; ahora solo quiere… un respiro.
—¡Tú cállate, no me vas a decir lo que tengo que hacer!
Mi corazón se llena de compasión por Ty. No se merece soportar esto. Él también tiene que afrontar su duelo, pero su hermano lo está privando de ese derecho. Le impone su propio dolor, que no deja sitio para el suyo, aunque sea igual de legítimo.
—¿No prefieres el vodka de frutos del bosque? Tengo una botella en el bolso —le propongo a Alec, deseando ofrecerle un pequeño respiro a mi compañero de viaje.
—¿No podías haberme dicho eso esta mañana?
El resentimiento de Jesse y Sean me pone los pelos de punta. Clarke arquea una ceja, suspicaz.
—¿Quieres, sí o no?
Asiente con la cabeza. Rodeo los sofás y cojo con discreción la botella de vodka vacía y la granadina que hay sobre la encimera detrás de Alec.
Luego voy al cuarto de baño. Vierto el refresco en la botella y después la relleno de agua hasta el cuello.
El antiguo Devil’s está demasiado borracho para darse cuenta.
Vuelvo al salón y le enseño mi bebida. Me la quita rápidamente y me siento junto a Ty.
—Bien jugado —me susurra.
Le sonrío mientras Alec bebe unos tragos de agua azucarada, sin poner mala cara.
—¡Ahora disfruto de la vida mucho más que en mi adolescencia! Ty, deberías tomar ejemplo en vez de deprimirte.
Nadie le responde. Todos somos conscientes de que la situación puede empeorar en un abrir y cerrar de ojos, y los Devil’s Sons están listos, al acecho, a la espera de un desliz imperdonable.
Por mi parte, sé que nuestro amigo no se encuentra muy lejos de cometerlo.
Tenemos que encontrar una solución, un remedio que nos devuelva al hombre que queremos.
—Propongo un brindis por mi difunta madre, que se fue demasiado pronto. ¿Quién será el siguiente? Os voy a dar una pista: tiene la palabra «Alive» tatuada en la espalda. Es irónico, ¿verdad?
Se ríe a carcajadas. Pero esa es la menor de mis preocupaciones.
Si los chicos ya estaban a punto de estallar, ahora no son más que granadas sin espoleta a punto de explotar.
La ausencia de Tucker se nota mucho. Él habría dicho alguna tontería para calmar los ánimos…
o al menos eso quiero pensar, porque, en este momento, estos imprudentes se han sumido en un silencio que me pone nerviosa.
Es un mal presagio, la calma antes de la tormenta.
—¡Me cago en todo! —exclama Alec, mirando su botella—. ¡Es agua!
Se levanta, fuera de sí, y se abalanza sobre la mesa. Coge otra botella con refresco y se pone a caminar de un lado a otro.
—¿Sabíais que me había engañado? ¡Que esta zorra no quiera beber alcohol no significa que tenga que tocarnos los huevos al resto!
Con una lentitud aterradora, Clarke levanta la cabeza. Cuando su mirada se posa sobre mí, no me ve. Sus ojos abiertos de par en par permanecen perdidos en el vacío, tan negros como la oscuridad, mientras aprieta los dedos contra el cuero del sofá.
La cuenta atrás ha empezado.
El corazón me late con fuerza en el pecho mientras una gota de sudor me resbala por la columna vertebral.
Ya no hay vuelta atrás. Clarke es la granada que explotará antes de que termine la noche.
—¿Esta zorra ? —dice Ty, enfadado, poniéndose de pie de un salto—. ¡Es tu amiga, a la que adoras, desgraciado de mierda! ¡Gracias a ella, mamá se fue feliz, rodeada de todas las personas que quería!
—¿Y qué? ¿Debería llorar sobre su hombro como tú? ¿Cómo nos va a comprender? ¡Tiene a su padre, a su madre, a su padrino, a sus amigos!
—¡Solo ha vivido con su madre, tiene una insuficiencia cardíaca y sabe que va a morir!
¡Avalone se ha criado en la mentira y tiene detrás a una jodida banda que la quiere muerta!
—grita Ty—. ¿Y te atreves a decir que no ha vivido ninguna desgracia?
¡Tienes veintiocho años, joder, compórtate como un adulto!
Todos los que estamos aquí presentes podemos comprender tu dolor, pero no aceptas la ayuda que te ofrecemos. ¡Cada día nos rechazas con más fuerza!
Alec deja de caminar de un lado a otro y alza los brazos al cielo, indiferente a las palabras de su hermano.
—¡Lo sé! ¿Quizá debería hablar con Justin? Seguro que me entendería, él fue alejado de su padre y de su hermana, y después vivió un divorcio… ¡Oh, qué situación más horrible! ¡O Set! Sus padres ya no le hablan y le han cortado el grifo. Es algo terrible, terrible, terrible. O, bueno…
Se gira hasta quedar frente a Jesse, y me pueden las ganas de vomitar. El Devil’s de la cabeza rapada nunca ha hablado de su pasado. Pero ¿es posible que lo hiciera con Alec en algún momento?
—¡Tú! Siempre has sido tan misterioso, con la excusa de que te divertía, pero la verdad es que querías enterrar tus secretos. ¿Por qué? ¿Por vergüenza? Hay motivos, después de todo…
Con intención de proteger a su mejor amigo, Sean se endereza con los puños apretados.
—No hables de lo que no sabes.
—Lo sé, mi querido Sean. Encontré su expediente en el despacho de Carter, unos días antes de que se uniera a la banda.
—Alec… —ruge Set, amenazante—. ¡Cállate!
A pesar de la curiosidad insaciable de los Devil’s Sons, ninguno de ellos quiere saber lo que esconde Jesse en estas condiciones. Es cosa del Devil’s abrirse, no queremos arrebatarle ese derecho.