Amor en el caos (The devil’s sons 3) 3 #4
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Cierro los ojos, abrumada por el dolor de Alec.

Por todos los dioses, no se ha podido despedir de ella…

Ty y yo lo vemos correr hacia nosotros, desolados por la esperanza que ilumina sus ojos. Todavía cree que ha llegado a tiempo. Pero enton ces nos ve, tirados en el suelo del pasillo, y lee la terrible noticia en nuestras miradas.

Mientras el alma de su hermano lucha cada segundo por superar esta prueba, la de Alec sucumbe al instante. Es como si estuviera… sin vida.

—No —susurra con una voz despojada de toda emoción.

Se tambalea al recorrer los últimos metros que lo separan de la habitación de su madre y confirma con sus propios ojos la triste reali dad.

El cuerpo inerte de la mujer que lo trajo al mundo sacude su mundo.

Le fallan las piernas, cae pesadamente contra la puerta y deja que su cuerpo se deslice a lo largo del marco.

Se acurruca sobre sí mismo y suelta un gemido de dolor mientras se tira del pelo con el único fin de hacerse daño.

Destrozada por esta visión de pesadilla, ayudo a Ty a salir de su letargo y nos arrastramos hasta su hermano, al que abrazamos.

—Libera ese exceso de emociones —le pide mi compañero de viaje.

Al instante, el grito de Alec resuena entre las paredes y hace pedazos el corazón de cada persona que se encuentra en esta planta.

Solo me doy cuenta de que me estoy mordiendo el labio cuando el sabor metálico de la sangre invade mi boca.

El incomparable sufrimiento de los chicos podría acabar conmigo si no luchara tanto contra la desmesurada empatía que siento hacia aquellos a quienes quiero.

Tengo unas ganas increíbles de recorrer los mundos para traerles de vuelta a su madre, solo para ahuyentar la pena que los carcome.

Los dioses seguramente me declararían la guerra; después de todo, hay que mantener cierto equilibrio.

Pero juro que, si tuviera un mapa del Ygg drasil, me dirigiría al Helheim.

Se escuchan pasos precipitados y al momento los Arinson aparecen por la esquina del pasillo. Una vez más, no es necesario decir nada. Comprenden lo sucedido cuando ven nuestro terrible estado.

Élisa está muerta.

Muerta.

—Por Odín todopoderoso —gimotea mi madre, llevándose las manos a la boca.

Se refugia en los brazos de mi padre, con los ojos llenos de lágrimas. Carter cierra los suyos y baja la mirada, afligido.

El personal médico elige justo este momento para presentarse e informarnos de que van a preparar el cuerpo para llevarlo a la morgue.

Entonces, los hermanos Liner, cegados por la tristeza, se levantan de un salto y agreden a los enfermeros.

Mi padrino se interpone y arrincona a Alec contra la pared, mientras que Mike se encarga de Ty.

Los chicos forcejean, incapaces de aceptar que se lleven a su madre, pero los Arinson se mantienen firmes y acaban abrazándolos.

Les susurran todo tipo de palabras tranquilizadoras, promesas sobre respetar nuestras tradiciones y las últimas voluntades de Élisa.

Los músculos de los gemelos se relajan poco a poco y su ira cede para dejar paso a la tristeza.

Ya no son dos hombres, sino dos niños destrozados por la pérdida de su madre.

La tensión disminuye y Carter y Mike los sueltan despacio.

—Vayamos a su lado. No es demasiado tarde —declara el jefe de la banda.

Alec, carcomido por los remordimientos, asiente y, juntos, entramos en la habitación.

Tumbada en la cama, Élisa parece dormir profundamente. Su rostro resplandece y parece tranquila, como si hubiera recibido a la muerte en paz.

Rozo su mano todavía caliente.

Me has dado sabios consejos que me esforzaré por tener en cuenta. Ahora puedes descansar; te prometo que cuidaré de tus hijos.

Me alejo con pena y aparto la mirada cuando los chicos besan a su madre por última vez. Es, sin ninguna duda, la escena más desgarradora que he presenciado.

Tantas lágrimas, tanta tristeza… Benditos dioses…

Finalmente, los gemelos se alejan y permiten que los enfermeros se ocupen de ese cuerpo que les es tan querido…

Los atraigo hacia mí contra la pared y nos dejamos caer, igual que los Arinson.

El personal médico desconecta las máquinas y se reúne alrededor del cuerpo para ocuparse de él.

Cada uno de los ruidos que hacen queda ahogado por nuestros llantos.

Se acabó… Élisa nos ha dejado.

En este mismo instante está cruzando el Gjallarbrú, el puente que la llevará al Helheim, el mundo de los muertos.

Los Devil’s Sons —avisados sin duda por el jefe—, así como Lola, entran en la habitación y se unen a nosotros en silencio, con expresión sombría.

Aunque el ambiente sea agobiante, están a nuestro lado para apoyar a los gemelos.

Después de todo, desde siempre y para siempre Devil’s… Para lo bueno y para lo malo.

Con la voz temblorosa y la garganta cerrada, empiezo a entonar la letra de un canto funerario basado en las bases de nuestra religión: Helvegen , del grupo Wardruna.

— Kven skal synge meg I daudsvevna slynge meg.

«¿Quién canta por mí cuando me hundo en este sueño eterno?».

Ty, sollozando más fuerte que cuando llegué, me agarra la mano con todas sus fuerzas. No hay palabras que reflejen mejor la situación, y su dolor se multiplica por diez.

Mi madre alza una mirada enrojecida por las lágrimas al cielo y continúa a coro conmigo.

— Når eg helvegen går, og dei spora eg trår, er kalde, så kalde .

«En los senderos de Hela, pisando el suelo, hace frío, mucho frío».

Alec golpea el suelo con el puño. Antes de que pueda hacerse daño, mi padrino lo acerca a su pecho.

Mike y él se unen a nosotros.

— Når du ved helgrindi står, Og når laus deg må rive, skal eg fylgje deg .

«Cuando te detengas ante la puerta del Helheim, conmovido por las lágrimas, te seguiré».

Mi compañero de viaje suelta un gemido lastimero y, finalmente, los Devil’s Sons se unen al canto.

— Yver gjallarbrui, med min song . «Sobre el Gjallarbrú, cantaré».

Levantan a Élisa de la cama y la colocan con suavidad en una camilla.

— Du blir løyst frå banda som bind deg, Du er løyst frå banda som batt deg .

«Te liberarán de los vínculos que te encadenan; te liberas de esos vínculos».

Los hermanos Arinson son los primeros en levantarse, animándonos a hacer lo mismo. Con el corazón encogido, nos ponemos unos al lado de los otros y formamos guardia delante de la puerta.

Cuando los enfermeros cubren el cuerpo con una sábana blanca, los Devil’s sujetan a los gemelos. Y después, la camilla pasa entre nosotros mientras entonamos las últimas palabras.

— Deyr fé, deyja frændr, deyr sjalfr it sama, en orðstírr deyr aldregi, hveim er sér góðan getr .

«El ganado ha muerto, los padres han muerto, tú también morirás; pero sé algo que no morirá jamás: el juicio de los muertos».