Amor en el caos (The devil’s sons 3) 2 #3
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Siento una sacudida de sorpresa seguida de una desagradable sensación de presión en el pecho.

Lo que palpita en mi interior, esa cosa que algún día me arrebatará al hombre del que estoy enamorada, me duele.

Al hundirme en los iris verdes del Devil’s Son, entiendo que su propio corazón, aunque sano, también duele.

—Clarke, yo…

—Necesito dar un paseo.

Da un paso atrás y se dirige hacia la puerta.

—¿Volverás? —le pregunto, como una súplica.

Se detiene y me lanza una mirada perpleja.

—¿Qué? Avalone, yo… Pues claro que sí, no tiene nada que ver con… Solo voy a dar un paseo, ¿vale?

Asiento, aliviada.

—Soy Avalone Arinson. Soy decidida, cabezota, compasiva y puedo mostrarme tan adorable como insoportable —me explico antes de perder la poca confianza que me queda—.

Bailo de cualquier manera cuando creo que estoy sola, siempre me quemo la lengua con las bebidas calientes y siento una gran pasión por los tacones de doce centímetros, tanto como por los libros de texto.

Tengo una enfermedad, sí. Sin embargo, yo no soy en absoluto la enfermedad.

No define quién soy. Pienso vivir una buena vida, porque tengo cosas que hacer, y si puedo dejar huella en la historia, ¡no lo duraré!

Me escondo de su mirada y me encierro en el cuarto de baño, nerviosa. Durante un segundo, volví a mis recuerdos, a esa época en la que Nora y mis amigas me dieron la espalda. Durante un segundo, pensé que Clarke seguiría el mismo camino por miedo a que lo arrastrara conmigo.

No. Él no me abandonaría…

Entro en la ducha y consiento que el agua limpie mis pensamientos. El pasado es pasado. Ahora, formo parte de una familia cariñosa, leal, formada por personas increíbles que no me dejarán enfrentarme a mi destino sola.

Relajada, a pesar del peso que siento en el pecho, vuelvo a la habitación principal y me deslizo bajo las sábanas. Presiono el interruptor encima de mi cabeza, aunque no pretendo dormirme. No lo conseguiré hasta que el hombre al que quiero regrese.

Clarke no tarda en volver. La puerta se abre y veo su torso desnudo, iluminado por la luz del pasillo; sobre él aún resbalan algunas gotas de agua. Él también se ha dado una ducha y, por su piel enrojecida, ha debido de ser con agua hirviendo.

Cierra tras de sí, sumiendo la habitación en la oscuridad, y después el colchón se hunde bajo su peso.

Cuento hasta cuatro en silencio; luego el Devil’s Son pasa un brazo alrededor de mi cintura y me acerca a él.

No era consciente de que tenía frío antes de encontrarme rodeada del calor de su cuerpo.

Creo que se ha convertido en algo esencial.

Sus labios rozan mi espalda desnuda, y después la besan.

—No quería hacerte daño.

—Tienes razón, Clarke. Mi corazón se debilita día a día; es el principio de la insuficiencia cardíaca. Solo te pido que no me mires de esa forma, como si tuviera una cuenta atrás en forma de corazón, ¿vale? Tú no, por favor…

Me abraza un poco más fuerte, con ese deseo de protegerme de mis propias debilidades.

—Se dice que la mente influye en la enfermedad. La tuya es fuerte, lo bastante como para permitirte vivir varias vidas. Es en ella en quien confío y en quien voy a poner todas mis esperanzas.

Conmovida, me giro boca arriba y le sonrío, con una sonrisa que vislumbra la felicidad, la que ningún problema puede borrar.

—Estoy feliz, Clarke. Da igual lo que venga, no me arrepentiré de nada.

Se tensa, y a pesar de la ausencia de luz, lo veo mirarme de forma ofuscada.

—Te prohíbo que insinúes que morirás pronto.

Nunca lo aceptará, aunque ese sea mi destino. Pero algún día lo entenderá, y ojalá no se arrepienta de nada de lo que hemos compartido.

—Abandonarme por el camino no sería muy educado por tu parte, la verdad —murmura.

Suelto una ruidosa carcajada en la que la hilaridad y el asombro se mezclan. Clarke no es de los que bromean sobre la muerte, lo odia, ¡pero esto le ha salido de forma tan espontánea!

—Mierda, ¡qué gracioso puedes llegar a ser cuando quieres!

Me pellizca los costados, con una media sonrisa; después me coloco a su lado, con la cabeza sobre su hombro. Su respiración regular y sus caricias en el pelo me tranquilizan mientras el sueño me vence poco a poco.

—¿Sabes que Ty se ha acostado con alguien? —susurro—. Lo he visto salir de una habitación hecho un desastre.

—Pues claro que… sí. Es un tío que tiene ciertas necesidades, igual que el resto.

—Fantástico, ahora me lo imagino en acción.

Bufar me exigiría demasiada energía, así que maldigo mentalmente. Ty es como un hermano mayor para mí. Que se deje llevar por placeres de ese tipo es inconcebible para mi pobre mente inocente. ¡Es como si me dijeran que Carter folla, o que lo hacen mis padres! ¡Es asqueroso!

Clarke enarca una ceja, molesto.

—¿Te lo imaginas follando?

Entiendo qué respuesta podría desencadenar una catástrofe digna del Ragnarök, así que elijo mis palabras con cuidado.

—¿Recuerdas esa vez que presionaste a los chicos para que se imaginaran a sus madres echando un polvo, una imagen lo bastante desagradable como para hacerlos callar?

Sus rasgos se destensan sin más explicaciones.

—Vale, lo pillo. Buena suerte. Ahora que lo tienes grabado en la mente, ¡te va a costar olvidarlo!

—¡Cabrón!

Se ríe y entierra la cara en mi cuello.