1 #2
Cuando una gota de agua cae del cielo y se desliza por mi mejilla, levanto la mirada y descubro a Tucker encima de mí. Me observa, pícaro, y de repente, me rodea con esos fuertes brazos marcados por venas.
—¡Aaah, estás empapado!
Se inclina hacia mí y desliza una mano por debajo de mis rodillas con la intención de levantarme. Lo empujo y lo miro con una expresión algo severa.
—¡Ni se te ocurra lanzarme a la piscina! Si tan solo rozo la superficie con los dedos, mi venganza no tendrá límites. Te haré lamentarlo tanto que ya no podrás volver a poner un pie en Ann Arbor.
Me suelta, sin jugar con mi paciencia —lo que, tengo que admitir, es sorprendente por su parte—, y alza los brazos en señal de paz.
—Tu mirada me acojona.
La traición de Clarke todavía me pesa, pero la expresión temerosa del Devil’s con el ego por las nubes me levanta el ánimo. Una sonrisa nace en mis labios mientras le tiendo la toalla.
—Toma, antes de que enfermes.
—¿Qué voy a hacer sin ti?
—Yo también me lo pregunto.
Tucker salta por encima del sillón y se sienta a mi lado, con la toalla sobre los hombros.
Creo que me cuenta algo, pero no estoy segura.
Mi atención está centrada en Clarke, que habría regresado dentro si una estudiante en ropa interior no lo hubiera parado.
Ella le bloquea el paso y le restriega su firme y redondeado pecho contra el torso.
El segundo de la banda se tensa, al igual que mis músculos.
—Estar en pareja no te sienta bien, guapo. Eres un hombre libre en cuerpo y alma —ronronea, seductora.
Los celos se propagan por mis venas y alimentan mi ira. Son la mejor gasolina.
—¿Sabes lo que necesito ahora mismo? —responde mi novio con voz grave.
La chica de curvas, demasiado frívola para percibir la nota de desprecio en su tono, parpadea y se aprieta aún más contra él.
Clarke murmura algo en su oído, palabras empalagosas y maliciosas, y tengo tiempo de sobra para observar cómo el rostro de rasgos finos de la chica pierde toda su soberbia. Él le da un empujón con el hombro y continúa su camino.
La estudiante frunce el ceño y hace amago de alcanzarlo, pero llamo su atención.
—Síguelo, y serás una acosadora.
Se gira hacia mí y me mira de arriba abajo, intentando hacerme daño con su desdeñosa mirada.
—Me follaba incluso antes de que entraras a Ann Arbor.
—No me interesa su pasado, yo soy su presente.
Así que, si todavía quieres sentir el placer de tener un orgasmo, déjalo en paz.
En fiestas como esta puede ocurrir fácilmente un accidente, sobre todo cuando hay una piscina a disposición de todo el mundo y el alcohol corre a raudales. Ahogarse sería una tragedia…
Mi amenaza, apenas velada, da en el blanco.
La chica aprieta los dientes y, después de dudar un momento, da media vuelta.
—¡Hostia puta, cada vez te pareces más a Carter! —exclama Tucker—. Es preocupante.
Esbozo una sonrisa falsa y después me quedo en silencio, pensativa.
Apoyo las manos en la encimera de la cocina, bajo la cabeza y cierro los ojos.
No consigo relajarme, y a eso se añade la culpabilidad que siento por no disfrutar como debería de Tucker ni de nuestros últimos momentos juntos.
Joder, debería estar a su lado riéndome, debería achucharlo y decirle cuánto lo quiero…
Culpo a Clarke de privarme de toda despreocupación.
—¿Va todo bien?
Abro los ojos como platos y veo a Ange, apoyado en el marco de la puerta.
—Sí.
—Eres una pésima mentirosa. No pones mucho de tu parte.
Las comisuras de los labios se me elevan, sinceras. Este hombre es un imbécil por haber traicionado a los Devil’s Sons en el pasado, pero se ha ganado mi cariño al apoyarme cuando la vida me sobrepasaba. Estoy contenta de que haya aceptado mi invitación esta noche.
—Siento que Henzo te atrapara.
El remordimiento pesa sobre sus hombros; no piensa devolverme la sonrisa.
—Ya estás perdonado. Y, una vez más, te aseguro que no tienes la culpa. Hiciste mucho por mí, mucho más de lo que esperaba.
—Te conseguí la demonio, y eso no tiene nada de admirable…
En la expresión que le transforma las facciones se vislumbra el remordimiento, ahora que sabe que no me sirvió de nada.
—Me has ofrecido mucho más que droga. Tu compañía ha sido muy valiosa para mí, no te puedes ni imaginar cuánto.
La puerta de la cocina, hasta ahora entreabierta, choca contra la pared y tiembla sobre sus bisagras.
Jesse, imponente y peligroso, clava en Ange una mirada asesina.
Suele mostrar un aburrimiento absoluto, pero ahora emana una ira tan pura que mis terminaciones nerviosas la perciben y me pone la piel de gallina.
—Tienes cinco minutos para irte antes de que avise a Clarke. Y te interesa hacerlo rápido, porque acabas de firmar tu sentencia de muerte. Esta vez, ningún acuerdo de paz entre nuestras bandas te salvará el pellejo.
Con el rostro pálido, el Demon Dad me lanza una mirada inequí voca. Está en casa del enemigo, es consciente de que soy su única aliada y, por lo tanto, su única oportunidad de sobrevivir.
Analizo la situación con los nervios a flor de piel.
Jesse nunca atentará contra la vida del hombre que considera mi camello, aunque se muera de ganas.
Ese honor le corresponde a Clarke, pase lo que pase.
Además, la fiesta juega a nuestro favor.
No se arriesgará a alertar al segundo de Carter por miedo a que acabe con Ange delante de cientos de testigos.
Le hago un gesto al Demon Dad para que se vaya.
—Voy a arreglar esto, no te preocupes.
Que confíe en mí siempre me sorprende.
Pone su vida en mis manos y sale de la cocina sin encontrar resistencia. Primera hipótesis confirmada. Rodeo la isla central y cierro la puerta tras él para hablar con Jesse a solas y así minimizar los daños. Ange no debería pagar por mis errores, se lo he prometido.
Respiro y me enfrento al Devil’s.
—Clarke lo sabe.
—¡Si Clarke lo supiera, ese cabrón ya estaría muerto!
Vale. Jesse enfadado es realmente, realmente aterrador.
Cierro los ojos y aguanto. No estoy acostumbrada a su ira, y mucho menos si está dirigida a mí.
—Sabe lo de la demonio, pero no lo de Ange.
—Bien, ¡ahora lo va a saber! —suelta, agresivo.
Anticipo su huida y me pongo en su camino, con el corazón latiendo a mil por hora. He perdido la confianza en mí misma y ahora temo lo peor.
—No tienes la menor idea de lo que Ange ha hecho por mí.
—¡Te puso en peligro!
—¡Me ofreció una oportunidad de sobrevivir a Henzo!
Jesse frunce el ceño, un poco desorientado por la falta de contexto. Entonces comprende que este asunto ya no está en el orden del día y logra conectar mis cambios de humor con la situación actual.
—Sabes lo que es el terror, Jesse. Tu propia madre te lo inspiraba. Pero los Devil’s Sons entraron en tu vida y no has vuelto a temblar ante nadie.
Veo cómo se abre una brecha en él; lo hago volver a una época que preferiría olvidar, pero que no puede borrar porque hizo de él el hombre que es hoy.
—Un tipo cegado por el rencor había prometido terminar conmigo.
Tenía miedo, ¡estaba aterrorizada! Por la noche, el más mínimo ruido me parecía sospechoso.
Era incapaz de cerrar los ojos; en lugar de eso, me imaginaba a Henzo acabando conmigo, una y otra vez.
Perdí a los Devil’s Sons en el momento en que más los necesitaba.
Por eso se lo supliqué a Ange. Le insistí, apelé a sus emociones.
No se pudo negar, y, aunque lo hubiese hecho, no lo habría aceptado.
Cada noche, después de cumplir con sus obligaciones, montaba guardia debajo de mi habitación.
Los agentes de seguridad estaban sujetos a la ley, pero Ange estaba dispuesto a quebrantarla por mí: habría matado a Henzo de haberlo visto.
Por eso estaba allí, ¡para velar por mí!
Cuanto más hablo, más disminuye la ira de Jesse, que se transforma en culpa. Se prometió a sí mismo que no permitiría que ninguno de sus seres queridos sintiera el miedo que él conoce tan bien. Carga con el peso de ese error, y nada de lo que le diga lo consolará.
Desvía la mirada.
—Me importas demasiado como para tolerar ese tipo de gilipolleces, así que, si me entero de que has vuelto a drogarte… —Se frota la cara, demacrada por el desánimo y la frustración—. Es mejor que no sepas lo que pasaría.
—Lo siento —susurro.
Mi disculpa apenas lo tranquiliza. Intenta rodearme para irse, pero me niego a dejar que se marche en ese estado.
Doy un par de pasos y me aferro a él.
No me devuelve el abrazo.
¡Benditos dioses, cómo odio eso! Decepcionar a las personas que uno quiere es lo peor. No he estado a la altura de sus expectativas. Cre yó en mí y le he fallado…
—Lo siento —repito.
Me abraza — por fin — y respiro hondo.
—Está bien —me asegura.
Me da un beso cargado de emoción en la frente y me aprieta un poco más contra sí. Un instante después, desaparece, como si este encuentro nunca hubiera tenido lugar.
Me envuelve una atmósfera tranquilizadora que me susurra la promesa silenciosa de Jesse: mantendrá este asunto en secreto. Sin embargo, no me gusta. Su tristeza se ha grabado en mi memoria y me pesa en el corazón.
Saco el móvil y le envío un mensaje a Ange para tranquilizarlo. Todo está arreglado.
Todo, excepto el asesinato que ha cometido Clarke.
Que el poder del Yggdrasil nos ayude…
Atormentada por las consecuencias de sus actos, salgo corriendo de la cocina y trepo por el sillón que bloquea el acceso al pasillo. Abro la puerta de la habitación de Carter, la recorro con la mirada y no tardo en encontrar el objeto que busco: un baúl de madera con un Vegvisir tallado.
Me lanzo sobre él y echo mano del material que necesito para el blót. Hurgo y busco todo lo que necesito. No pretendo ir cargada: cojo lo esencial y rezo para que los dioses no me guarden rencor.