Amor de pelicula 38 Better together
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38 Better together

Noah

Volver a la ciudad fue como despertar demasiado rápido.

El domingo por la noche dejamos atrás el lago congelado, la casa de sus padres, el porche bajo la luna. El lunes a las siete sonó el despertador y todo volvió a ser asfalto, tráfico y café de máquina.

Pero algo no encajaba del todo.

Yo no encajaba del todo.

Entré al plató y la vi casi al instante. Emma estaba hablando con vestuario, concentrada, moviendo las manos mientras explicaba algo. Cuando notó mi presencia, levantó la vista.

Y ahí estaba.

Esa pequeña pausa.

Ese segundo que dura más de lo normal. —Buenos días —dijo.

—Buenos días.

Nada más.

Ni una sonrisa exagerada. Ni un gesto cómplice. Profesionalidad impecable.

Pero cuando pasó a mi lado, rozó mi brazo con el suyo.

Y eso fue suficiente para que el recuerdo volviera con una claridad casi absurda.

La besé.

En el lago.

Sobre el hielo.

Con el frío mordiéndonos la cara.

La besé porque la estaba mirando y ya no tenía sentido no hacerlo.

Y ella me devolvió el beso.

Y después, en el porche, la volví a besar.

Y no hubo dudas. La mañana pasó entre escenas y repeticiones. Nos movíamos con naturalidad, como siempre, pero había algo más debajo. Algo que no necesitaba palabras.

En el descanso me fui al pasillo lateral con un café. Necesitaba aire, aunque fuera artificial.

Blanca apareció a los dos minutos.

—Vale —dijo cruzándose de brazos—. ¿Qué ha pasado?

—Nada.

Me miró sin parpadear.

—Noah.

Suspiré.

—La besé.

Silencio.

—¿La besaste? —repitió.

Asentí.

—¿Y? —Y me besó de vuelta.

Blanca dejó escapar el aire despacio.

—Por fin.

—No digas eso.

—Es literal. Por fin.

Me apoyé contra la pared.

—No fue planeado.

—Claro que no.

—Fue en el lago. Estábamos patinando. Me estaba ayudando a no caerme. La estaba mirando y… —me encogí de hombros— pasó.

Blanca sonrió apenas.

—¿Y qué sentiste?

La pregunta se quedó suspendida entre nosotros.

Miré hacia el set, donde Emma ahora estaba sentada revisando el guion, concentrada, ajena a esta conversación.

—Nunca me había dado cuenta de lo apagado que era mi mundo hasta que ella apareció en él —dije en voz más baja.

Blanca no interrumpió.

—No era un desastre. No estaba mal. Solo era… plano. Todo en orden. Sin sobresaltos. Y de repente llega ella y lo llena todo de color. De ruido. De preguntas. De cosas que importan.

Tragué saliva.

—Y cuando la besé… no fue como tachar algo pendiente. Fue como si todo encajara un poco más.

Blanca ladeó la cabeza.

—Te estás enamorando.

Negué casi automáticamente.

—No.

—Sí.

—No puede ser.

—Claro que puede ser. Pasé una mano por mi nuca.

—No estaba en mis planes.

—El amor no funciona por planificación estratégica.

Solté una risa breve.

—Qué cliché.

—Qué verdad.

Volví a mirar a Emma.

Estaba hablando ahora con el director, gesticulando, discutiendo algo con pasión. Siempre tan intensa. Tan implicada.

—Es que… —busqué las palabras correctas—. Es imposible no hacerlo.

Blanca sonrió más abiertamente.

—¿El qué?

—No sentir algo grande cuando estoy con ella. Me descoloca. Me contradice. Me saca de mi sitio. Pero también… —respiré hondo— también es el único sitio donde quiero estar.

Blanca se acercó un poco. —Eso no suena a algo pequeño, Noah.

Negué con la cabeza, pero ya sin convicción.

—Es valiente. Es insoportable a veces. Le da vueltas a todo hasta agotarte. Pero cuando sonríe… cuando se ríe sin pensar… —sacudí la cabeza—. No sé. Todo se ve diferente.

—Eso tiene nombre.

La miré.

—No lo digas.

—Amor.

Esta vez no lo negué inmediatamente.

Miré otra vez hacia el set.

Emma levantó la vista justo en ese momento y nuestras miradas se cruzaron.

No sonrió.

Solo sostuvo la mirada.

Y sentí esa presión suave en el pecho otra vez. No incómoda. No ligera. Intensa.

—Joder —murmuré.

Blanca sonrió.

—Exacto.

Y por primera vez desde que la besé sobre el hielo, dejé de intentar convencerme de que no estaba pasando nada.

Porque estaba pasando. Y no quería que dejara de hacerlo.