Amor de pelicula 39 The night we met
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39 The night we met

Emma

El piso de Blanca siempre huele a algo recién hecho. Esa noche era a pizza casera —porque según ella, pedirla es de cobardes— y a vela de vainilla barata que intenta disimular que vive en pleno centro.

Estoy sentada en el suelo, con la espalda apoyada en el sofá, mientras ella sirve vino en dos copas desparejadas.

—Te juro que si esta peli es mala, te obligo a ver mi documental de asesinos en serie la próxima vez —le digo.

—No critiques antes de tiempo. Tiene 4,7 estrellas.

—Eso no significa nada. A la gente le gustan cosas rarísimas.

Se ríe y se deja caer a mi lado. Encendemos la tele, pero ninguna de las dos está mirando realmente la pantalla. Sabemos perfectamente que esta noche no va de la película.

Va de mí.

Y de él.

Blanca tarda exactamente doce minutos en atacar.

—Bueno.

—No.

—¿Qué no?

—No empieces.

—Emma.

Giro la cabeza despacio.

—Blanca.

Sonríe con esa cara de “sé cosas”.

—¿Qué está pasando con Noah?

Y lo peor es que no puedo fingir indiferencia. Porque algo está pasando. Algo grande. Algo que me mantiene despierta por la noche y distraída durante el día.

—Nada oficial —respondo.

—Eso no era la pregunta.

Bebo un poco de vino.

Silencio.

—Me besó.

Blanca deja la copa en la mesa demasiado rápido.

—Te besó.

Frunzo el ceño.

—¿Cómo lo sabes?

—¿Cómo sé qué?

—Que me besó.

—Emma, literalmente lo acabas de decir.

Parpadeo.

—Ya, pero tú lo has dicho como si ya lo supieras.

—Intuición femenina. Y porque llevas una semana con cara de haber visto el universo expandirse.

La empujo con el hombro. —Idiota.

—Vale. Cuando te besó… ¿qué sentiste?

La pregunta me atraviesa.

Me quedo mirando la pantalla, aunque no veo nada.

¿Cómo explicas algo así sin sonar exagerada?

Respiro.

—Fuegos artificiales.

Blanca no se ríe. No hace ningún comentario sarcástico.

Solo espera.

—Fue como si todo mi cuerpo supiera que estaba pasando algo importante antes que mi cabeza —continúo—. Como si… como si el mundo se hubiese reducido a ese segundo. Al frío. A su boca. A sus manos sujetándome como si tuviera miedo de que desapareciera.

Trago saliva.

—Y cuando me separé… pensé: vale, esto ya no es un juego.

Blanca me observa en silencio.

—¿Y ahora?

Me encojo de hombros.

—Ahora tengo miedo de que sea demasiado. O demasiado pronto. O demasiado intenso.

—Eso suena bastante real.

Apoyo la cabeza en el sofá.

—No quiero estropearlo. Ni que se estropee solo.

Blanca sonríe un poco.

—Pues deja que pase.

Antes de que pueda responder, mi móvil vibra en la mesa.

Miro la pantalla.

Noah.

Blanca abre los ojos exageradamente.

—Contesta.

—Cállate. Me aclaro la garganta antes de deslizar el dedo.

—Hola.

—Hola.

Su voz me desarma con una facilidad irritante.

—¿Interrumpo algo?

—Estoy en casa de Blanca.

—Ah. Entonces no interrumpo algo importante.

Ruedo los ojos, aunque sé que no me ve.

—No seas idiota.

—Oye… —hace una pequeña pausa—. ¿Te apetece que hagamos algo esta semana? Tú y yo.

Mi corazón da un pequeño salto ridículo.

—¿Algo cómo?

—No sé. Cenar. Pasear. Quejarte del frío. Lo típico.

—¿En plan cita?

Silencio breve al otro lado.

—¿Tú quieres que sea en plan cita? Siento a Blanca mirándome como si estuviera viendo una final de campeonato.

Trago saliva.

—Yo quiero que sea en plan cita.

Hay una sonrisa en su voz cuando responde.

—Pues entonces es en plan cita.

Y así de fácil.

Así de sencillo.

Como si no estuviera cambiando nada.

Como si no estuviera cambiándolo todo.

—Vale —digo intentando sonar normal—. Entonces… cita.

—Entonces cita.

Otro silencio.

No incómodo.

Cargado.

—Te escribo mañana con hora y lugar —añade. —Perfecto.

—Emma.

—¿Sí?

—Me alegro.

Mi pecho se aprieta.

—Yo también.

Cuelgo.

Blanca ya está sonriendo como si hubiese ganado algo.

—Bueno —dice—. Fuegos artificiales y ahora cita oficial.

Me tapo la cara con las manos.

—Creo que me estoy metiendo en algo muy grande.

—Sí —responde ella tranquila—. Y menos mal.

Y por primera vez en mucho tiempo, la idea de algo grande no me asusta del todo.

Me emociona. FIN DEL LIbrO 1.