Amor de pelicula 33 Fix you
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33 Fix you

Noah

El rodaje siempre tiene momentos muertos que nadie ve luego en pantalla.

Horas esperando una escena que dura dos minutos. Técnicos ajustando focos. Alguien buscando un vaso que desapareció del atrezo. Gente bostezando disimuladamente.

Yo estaba sentado en el sofá del decorado, con el móvil en la mano pero sin mirar realmente nada. Emma estaba en la cocina falsa del set, apoyada en la encimera mientras hablaba con maquillaje. Llevaba una camiseta gris del vestuario y el pelo recogido en un moño medio torcido que se le estaba deshaciendo poco a poco.

Cuando maquillaje se fue, ella vino hacia mí con el guion doblado por la mitad.

—¿Te sabes ya la segunda parte o vas a improvisar otra vez? —me dijo.

—Improvisar es un talento.

—Improvisar es saltarte frases.

—Matices.

Se sentó a mi lado, dejando un pequeño espacio entre los dos. No mucho. El justo.

Hubo unos segundos tranquilos. De esos en los que parece que alguien va a decir algo, pero todavía no.

Y entonces lo dijo, sin mirarme directamente:

—Oye.

—Mmm.

—Mi madre me ha dicho si te quieres venir un día a casa a comer.

Levanté la vista del móvil.

—¿Cómo?

Ella ahora sí me miró, como si estuviera midiendo mi reacción.

—Eso. Que si quieres venir a comer a casa.

Parpadeé un segundo.

—¿A tu casa?

—A casa de mi madre.

—¿Por qué?

Se encogió de hombros.

—Porque vio la premier. Y porque es mi madre.

Solté una risa corta.

—Vale, eso lo explica todo.

—No es nada raro —añadió rápido—. Solo… quiere conocerte.

—¿Conocerme en plan normal o en plan interrogatorio?

—En plan normal.

La miré.

—Eso suena exactamente a lo que diría alguien antes de un interrogatorio.

Me dio un pequeño golpe en el brazo con el guion.

—Eres insoportable.

—Estoy procesando la información.

—No hay nada que procesar.

—Tu madre me ha invitado a comer. Eso es procesable.

Emma rodó los ojos, pero estaba sonriendo un poco.

—No te emociones. Solo es una comida.

—No estoy emocionado.

—Lo estás un poco.

—Estoy sorprendido.

—Bueno, pues ya está. Era eso.

Se levantó como si la conversación hubiera terminado ahí.

—Eh —la llamé.

Se giró. —¿Qué?

—¿Cuándo?

—No lo sé. No hemos puesto fecha.

—O sea que es una invitación abierta.

—Noah.

—¿Qué?

—No es tan profundo.

—No estoy diciendo que lo sea.

Se quedó mirándome un segundo más de la cuenta, como si intentara comprobar si me estaba riendo de ella o no.

—Si no quieres venir, no vengas —añadió, más tranquila—. De verdad.

—No he dicho que no quiera.

—Has puesto cara rara.

—Es mi cara.

Ella soltó una risa pequeña. —Pues tu cara parece asustada.

—Tu madre me da respeto sin conocerla.

—Ni siquiera la conoces.

—Precisamente.

En ese momento Blanca apareció por detrás, dejándose caer en el brazo del sofá.

—¿De qué habláis?

Emma contestó antes que yo.

—De la escena cinco.

—Mentira —dije.

Blanca entrecerró los ojos.

—¿Entonces?

—Nada —dijimos los dos a la vez.

Blanca suspiró.

—Qué pesados sois cuando os ponéis así.

—Así cómo —preguntó Emma.

—En modo secreto. —No estamos en modo secreto.

—Ajá.

El ayudante de dirección gritó que nos preparáramos.

Emma me miró una última vez antes de levantarse.

—Piénsatelo y ya me dices.

—¿Hay postre?

—No te lo mereces.

Se fue hacia su marca.

Yo me quedé un momento sentado, mirando el respaldo del sofá, pensando que todo había sido dicho con una normalidad sospechosa.

Rodamos la siguiente escena juntos. Nada especial. Un diálogo rápido en la cocina del decorado. Ella me pasó una taza de café falsa, nuestras manos se rozaron un segundo porque el espacio era pequeño. No fue nada. De verdad que no fue nada.

Pero Blanca, que estaba fuera de plano esperando su entrada, levantó ligeramente una ceja.

No dijo nada.

Terminamos la toma a la primera.

—Muy bien, chicos —dijo el director.

Mientras ajustaban otra luz, me acerqué otra vez a Emma.

—Oye.

—¿Qué?

—Si voy…

—Si vas.

—Que no prometo comportarme.

—Compórtate normal.

—No prometo nada.

—Pues entonces igual mejor no vengas.

Sonreí.

—Ya veremos. Ella negó con la cabeza, pero no parecía molesta. Más bien… expectante. Como si tampoco tuviera claro qué esperaba que yo dijera.

Blanca volvió a acercarse.

—¿Vais a ensayar o vais a seguir cuchicheando?

—Ensayar —dijo Emma.

—Cuchichear —dije yo.

Blanca nos miró a los dos y luego soltó:

—Lo que yo decía.

Emma le lanzó una mirada de advertencia, pero Blanca ya se estaba yendo hacia su posición.

Cuando volvimos a colocarnos frente a frente para la siguiente toma, Emma murmuró muy bajo:

—No le des más vueltas, ¿vale?

—No le estoy dando vueltas.

—Estás pensando demasiado.

—Puede.

—No pienses tanto. El “acción” nos interrumpió.

Y durante la escena, mientras decía mis frases como si nada, me di cuenta de que no era la comida lo que me tenía dándole vueltas.

Era lo fácil que lo había dicho ella.

Como si no fuera nada.

Como si fuera completamente normal invitar a alguien que “solo es tu compañero de trabajo” a sentarse en la mesa de tu madre un domingo cualquiera.

Y eso, por alguna razón, me hizo sonreír en mitad de la toma.

Por suerte, el director pensó que era parte del personaje.