31 Best part
Noah
Hay algo profundamente incómodo en que alguien te conozca demasiado bien.
No en el sentido romántico. No en el sentido dramático. Sino en ese sentido cotidiano, peligroso, en el que la otra persona sabe exactamente dónde presionar para que te quedes sin argumentos.
Blanca tiene ese talento.
La premier había terminado hacía horas, pero la adrenalina no se va cuando se apagan las cámaras. Se queda en el cuerpo, pegada a la piel, como si la noche no estuviera dispuesta a cerrarse del todo. Yo me había quitado el traje, me había cambiado por algo cómodo, pero seguía sintiendo el eco de los flashes detrás de los ojos.
Blanca estaba en mi cocina, sentada en la encimera como si fuera su casa, bebiendo agua directamente de la botella que había sacado del frigorífico sin pedir permiso.
—¿Te das cuenta de que internet está en llamas ahora mismo? —dijo, mirando su móvil con una media sonrisa peligrosa.
—Internet siempre está en llamas por algo —respondí, apoyado contra la isla de la cocina, intentando sonar indiferente.
—No como hoy.
No levanté la mirada.
—Ha sido un beso en una mejilla.
Blanca soltó una risa corta.
—Claro.
Suspiré.
El piso estaba en silencio, salvo por el zumbido lejano del tráfico nocturno. Loki había decidido ignorar la conversación desde el sofá, enrollado sobre sí mismo como si nada de aquello tuviera importancia.
—Era parte del juego —añadí.
Blanca bajó el móvil lentamente.
—¿Juego? —Sí. Ya sabes. Nuestra famosa relación falsa. El equipo quiere narrativa. Les damos narrativa.
—Ah, claro —respondió ella, con una expresión que decía exactamente lo contrario.
Me crucé de brazos.
—No hagas eso.
—¿Qué cosa?
—Esa cara.
—¿Qué cara?
—La de “no me creo absolutamente nada de lo que estás diciendo pero voy a dejar que sigas cavando tu propia tumba”?
Blanca sonrió con descaro.
—No es mi culpa que tú mismo estés usando palabras como narrativa y juego para describir cómo miras a Emma.
El nombre flotó en el aire con una naturalidad que me incomodó más de lo que debería.
—No estoy describiendo cómo la miro —dije con calma medida—. Estoy describiendo una estrategia pública.
—Ya.
Caminó hasta la mesa del salón y se sentó frente a mí.
—Noah —dijo, apoyando los codos sobre la superficie—, llevo meses viéndoos interactuar. Sé cuándo estáis actuando y cuándo no. Y lo de hoy no era actuación.
—Somos actores. Literalmente es nuestro trabajo hacer que parezca real.
Blanca negó con la cabeza, divertida.
—No me vengas con eso. El beso ha sido discreto, sí. Pero la mirada después… eso no estaba en ningún plan de prensa.
Sentí un leve tirón en el pecho, como si algo me hubiera atrapado sin que me diera cuenta.
—Estás exagerando.
—No.
Se inclinó un poco hacia delante. —¿Sabes qué es lo más gracioso? Que la gente en redes está discutiendo si el beso fue “demasiado natural” para ser marketing. Literalmente esa es la conversación.
Solté una risa seca.
—Internet analiza hasta cómo respiras.
—Sí. Pero esta vez tienen razón.
La miré directamente.
—Blanca.
—Noah.
El silencio que siguió no fue hostil. Fue firme.
—Sabes que te gusta —añadió finalmente, sin rodeos.
Sentí cómo el cuerpo se me tensaba apenas, aunque por fuera mantuve la postura relajada.
—No.
Blanca arqueó una ceja.
—¿No? —No en el sentido en el que tú lo estás diciendo.
—¿Y en qué sentido lo estoy diciendo?
—En ese sentido dramático, definitivo, irreversible.
Ella apoyó la espalda en la silla, cruzando los brazos.
—Entonces dime en qué sentido sí.
Me tomé un segundo antes de responder.
—Somos compañeros de trabajo. Somos amigos. Tenemos química. Nos llevamos bien. Eso no significa nada más.
—Ajá.
—¿Qué?
—Nada. Solo estoy procesando la cantidad de palabras que usas para no decir lo obvio.
—No hay nada obvio.
Blanca se levantó y empezó a caminar por el salón, observando los detalles como si estuviera inspeccionando pruebas.
—Te brillan los ojos cuando hablas de ella. —Eso es ridículo.
—Te pusiste tenso cuando el fotógrafo gritó lo del beso.
—Porque odio que nos griten instrucciones.
—Y después del beso te quedaste medio segundo mirándola como si el resto del mundo hubiera desaparecido.
Esa imagen volvió a mi mente con una claridad incómoda.
La luz blanca de los flashes.
Su piel bajo mis labios.
Sus ojos levantándose hacia mí.
Ese medio segundo.
—Eso fue timing —dije.
Blanca soltó una carcajada suave.
—Eres pésimo mintiendo cuando se trata de sentimientos.
—No estoy mintiendo. —Estás racionalizando.
Me pasé una mano por la cara, cansado.
—Blanca, no es tan sencillo.
Ella se detuvo frente a mí.
—¿Qué es lo que no es sencillo?
Miré hacia la ventana, hacia la ciudad todavía despierta.
—Que empezó como algo falso. Como un acuerdo. Como una broma interna. Y no puedes simplemente girar el volante y decidir que ahora es real sin que todo se vuelva un caos.
—Ah —dijo ella suavemente—. Entonces sí estás considerando que pueda ser real.
La miré con una mezcla de frustración y resignación.
—Lo que estoy diciendo es que no quiero arruinar lo que ya tenemos.
—¿Y qué tenéis?
Esa pregunta fue más difícil de lo que esperaba. —Confianza —respondí al final—. Una dinámica que funciona. Un espacio donde puedo estar tranquilo.
Blanca suavizó la expresión.
—Eso suena bastante más profundo que “solo compañeros de trabajo”.
Me quedé en silencio.
Loki se levantó del sofá y caminó lentamente hasta nosotros, como si quisiera participar en el juicio. Se sentó a mi lado, mirándome con esa calma felina que parece saber más de lo que debería.
—Mira —continuó Blanca—, no te estoy diciendo que te declares mañana. Solo digo que no te engañes a ti mismo diciendo que todo es marketing.
Suspiré.
—No quiero precipitar nada.
—Nadie está hablando de precipitar.
—Estamos trabajando juntos. La serie acaba de despegar. Si esto sale mal, no solo se complica lo personal. Se complica todo.
Blanca asintió despacio.
—Eso sí es un argumento razonable.
—Gracias.
—Pero no es el que has usado hasta ahora.
Me miró con una sonrisa más suave.
—Noah, te he visto antes con otras personas. Sé cómo eres cuando solo estás “pasando el rato”. Y esto no se parece en nada.
No respondí.
Porque en el fondo sabía que tenía razón.
—Además —añadió, con un toque de picardía—, la parte divertida de todo esto es que ella tampoco parece indiferente.
Levanté la mirada bruscamente.
—No empieces.
—No empiezo nada. Solo digo que no eres el único jugando a fingir que no siente nada.
El silencio volvió a caer, pero esta vez no era tenso. Era reflexivo.
Me apoyé contra la mesa, cruzando los brazos.
—No estoy diciendo que no sienta nada —admití finalmente, en voz baja—. Estoy diciendo que no sé qué hacer con eso.
Blanca sonrió, pero no con burla.
—Eso es mucho más honesto.
Miré hacia el salón, hacia el lugar donde semanas atrás habíamos estado ensayando mientras la tormenta golpeaba los cristales. Pensé en esa noche. En la camiseta demasiado grande sobre su cuerpo. En la naturalidad con la que se había quedado. En cómo no hubo necesidad de forzar nada.
—No quiero perderla —dije, casi para mí mismo.
Blanca me escuchó.
—Entonces no juegues demasiado con lo de “relación falsa” si ya no es tan falsa.
Me quedé callado.
Porque ahí estaba el verdadero problema.
Habíamos creado una historia pública para protegernos.
Y ahora esa misma historia era el lugar más cómodo para escondernos.
Blanca cogió su chaqueta.
—Solo te voy a decir una cosa más —dijo antes de irse—. Si vas a seguir diciendo que solo sois amigos, al menos intenta que no se te note tanto cuando la miras.
—No se me nota.
—Se te nota muchísimo.
Caminó hacia la puerta y la abrió.
—Buenas noches, Noah.
—Buenas noches.
Cuando se fue, el piso quedó en silencio.
Atlas saltó al sofá y volvió a enrollarse.
Me quedé de pie en mitad del salón unos segundos más.
Había sido solo un beso en la mejilla.
Parte del plan. Parte del juego.
Parte de la famosa relación falsa.
Y, sin embargo, mientras apagaba las luces y el reflejo de la ciudad se desdibujaba en los cristales, lo único que podía pensar era que Blanca tenía razón en algo:
Lo verdaderamente complicado no era que el mundo creyera que estábamos juntos.
Era admitir que, quizá, yo empezaba a querer que lo estuviera.
No, ni de coña Emma Tanner y yo solo somos amigos, y eso nunca cambiará.