16 Call Out My Name
Noah
El rodaje ese día empezó bastante civilizado, lo cual ya era una victoria. Nadie gritó antes de las ocho, el café estaba decente —no bueno, pero bebible— y el equipo parecía haber dormido más de cuatro horas seguidas. Se notaba.
Emma llegó un poco después que yo, con el pelo recogido de cualquier manera y una sudadera enorme que no era de vestuario. Saludó a un par de personas, dejó la mochila en su sitio y vino directa hacia mí.
—Tenemos un mini problema —dijo.
—¿Nivel técnico o nivel internet?
—Internet.
—Ah. Ese nivel siempre exagera.
Me enseñó el móvil sin decir nada más. La foto. La del café. El titular creativo. Los comentarios.
—Vale —dije tras un segundo—. Ignorémoslo. —¿Ya?
—Sí.
—¿Así de fácil?
—Así de fácil —repetí—. Mañana se aburren y pasan a otra cosa. O a otra pareja.
Emma me miró como si estuviera calibrando si hablaba en serio.
—¿No te molesta?
—¿Por una foto borrosa con café? —me encogí de hombros—. He salido peor en fotos oficiales.
—Eso es verdad.
—Además —añadí—, podríamos estar mucho peor. Podrían decir que somos primos.
—No des ideas.
—Ya tarde, humana.
Se rió. Guardó el móvil y se relajó visiblemente, como si el tema ya estuviera cerrado porque yo había dicho que sí. Eso me hizo gracia.
—Entonces —dijo—, ¿seguimos con nuestra vida? —Por favor.
Nos llamaron para posiciones y nos separamos. El set estaba tranquilo, incluso agradable. La gente hablaba sin prisa, alguien contaba un chiste malo cerca de maquillaje y el director parecía sorprendentemente de buen humor.
La escena que tocaba era sencilla. Emma y yo compartíamos plano, bastante cerca, pero sin contacto directo. Nuestros personajes estaban juntos, eso se notaba, pero no hacía falta tocarse para que funcionara. Miradas, espacio compartido, silencios bien puestos.
—Acción.
Entramos sin problema. Emma estaba natural, como siempre. No forzaba nada. Yo tiré del sarcasmo del personaje, pero bajándolo lo justo para que no pareciera que odiaba a la humanidad entera.
—Corte.
—Bien —dijo el director—. Muy bien. Otra por seguridad y seguimos.
Emma me miró de reojo. —Te ha salido menos borde —susurró.
—Estoy evolucionando.
—Eso es un poco peligroso.
—Lo sé.
Repetimos la escena. Fue incluso mejor. Nadie corrigió nada importante. Eso siempre es buena señal.
En el descanso nos sentamos cerca, apoyados en unas cajas. Alguien repartía cafés nuevos. Cogí uno y se lo ofrecí a Emma.
—Este está mejor —le dije—. Creo.
—Confío poco, pero gracias.
Bebió un sorbo.
—Vale. Aceptable.
—Ves. Hoy todo va bien.
—No lo digas muy alto.
—Tienes razón, y mira que es raro que alguien aparte de mi tenga razón.
Blanca apareció de la nada, como siempre.
—He visto la foto —dijo—. Os veo bien.
—Gracias por el análisis profesional —respondí.
—De nada. Si queréis, luego os invento una historia más interesante.
—Paso —dijo Emma—. Bastante tenemos.
—Qué aburridos estáis últimamente.
Se fue igual que vino.
—Blanca es como un terremoto—comenté.
—Pero da buenos consejos.
—Supongo que eso compensa.
Seguimos rodando. Más escenas juntos. Nada especialmente físico, pero suficiente cercanía como para que el equipo estuviera contento. Alguna broma entre toma y toma, comentarios rápidos cuando nadie escuchaba.
—Oye —le dije en una pausa—, tu personaje me mira como si supiera algo.
—Lo sabe todo. —Eso me incomoda.
—Acostúmbrate.
—No pienso.
—Cobarde.
—Realista.
En una de las escenas teníamos que sentarnos muy cerca en un banco. No tocarnos, pero lo justo como para que se notara la intimidad. Cuando dijeron acción, Emma se movió un poco más hacia mí de lo necesario.
—¿Eso estaba en el guión? —le murmuré sin mover los labios.
—Improvisación creativa.
—Me voy a quejar.
—No lo harás.
Tenía razón.
Cuando cortaron, el director asintió satisfecho.
—Eso está —dijo—. Funciona muy bien entre vosotros.
Emma levantó las cejas, como si no supiera de qué hablaba. Yo me limité a sonreír.
—Profesionalidad —susurré.
—Total —respondió ella.
El día siguió sin sobresaltos. Nadie gritó. Nadie se enfadó. El café siguió siendo decente. La foto no volvió a salir en ninguna conversación.
En el último descanso, Emma se sentó a mi lado otra vez.
—Gracias por lo de antes —dijo, sin mirarme.
—¿Lo de ignorar el drama?
—Sí.
—Para eso estoy.
—¿Para ignorar dramas?
—Para elegir cuáles valen la pena.
Me miró entonces, medio sonriendo.
—Este no.
—Este no. Nos llamaron otra vez. Volvimos al set. A nuestras marcas. A nuestros personajes que todavía no se besaban, pero estaban claramente a punto.
Y por primera vez desde que empezó todo, tuve la sensación de que no había prisa por nada.
El rodaje seguía. Y nosotros también