15 Obsessed
Emma
La comida se alargó más de lo que esperaba. No porque fuera especialmente memorable, sino porque nadie tenía demasiadas ganas de levantarse. Era ese tipo de sobremesa que no se fuerza y, por eso, funciona.
Blanca estaba en su elemento. Hablaba con todo el mundo, saltando de conversación en conversación como si no le costara nada. Yo iba escuchando, entrando cuando me apetecía, saliendo cuando no.
Noah estaba enfrente de mí la mayor parte del tiempo. Comentando cosas sin parar, exagerando algunas, riéndose de sí mismo sin problema. Tenía una energía fácil, de esas que no te obligan a seguir el ritmo, pero te invitan.
—Sigues comiendo super lento.—le dije cuando todavía tenía medio plato delante.
—Es una estrategia —dijo—. Así parece que estoy disfrutando más.
—O que no te gusta.
—También puede ser eso.
Hablábamos así. Sin pensar demasiado lo que decíamos. Sin medir. Me di cuenta de que no estaba pendiente de cómo sonaba nada en mi cabeza antes de decirlo. Simplemente salía.
—Tu vampiro sigue siendo borde —le dije en un momento.
—Tiene motivos.
—No los veo.
—Dale tiempo.
—Me cae regular.
—Eso es amor vampírico.
—Qué mal está todo.
Él se rió, apoyando el codo en la mesa.
—Tu personaje, en cambio, me cae bien, aunque sigue siendo un poco aburrida.
—Porque no dice nada raro, y no es aburrida. —Le pone los pies en la tierra al mío.
—Eso es agotador.
—Alguien tiene que hacerlo.
Seguimos hablando mientras el resto pedía café. El ruido del restaurante seguía, pero ya no me molestaba. Era un fondo constante.
—Oye —dije cuando nos quedamos un segundo en silencio—, ¿tú ligas así siempre?
—¿Así cómo?
—Molestando.
—No —respondió—. A veces también me callo.
—No te creo.
—Es raro, lo admito.
Sonreí, removiendo el café.
—Se te da mejor esto.
—¿El qué?
—Esto —repetí—. El ping-pong. —Porque tú devuelves bien.
Me quedé mirándolo un segundo, solo eso. Luego bebí café.
Cuando por fin nos levantamos, todo fue bastante normal. Abrigos, despedidas a medias, promesas vagas de “nos vemos luego”. Salimos a la calle en grupo y cada uno fue tirando hacia donde le tocaba.
Blanca se despidió de mí con un beso rápido en la mejilla.
—Te escribo luego —dijo.
—Vale.
Caminé un poco más antes de separarme del resto. Saqué el móvil del bolso para mirar la hora. Tenía varias notificaciones.
Una, en concreto, me llamó la atención.
Era un mensaje de una amiga que no veía desde hacía tiempo.
“¿Esto eres tú?”
Debajo, un enlace. Lo abrí sin pensar demasiado.
La foto tardó un segundo en cargar. Noah y yo, sentados en el bar. El café. La mesa. La ventana detrás. No era una gran foto. No salíamos especialmente bien. Pero éramos nosotros.
El texto decía algo como:
“¿Nueva pareja del rodaje?”
Había comentarios debajo. Gente opinando. Corazones. Risas. Suposiciones.
Cerré la pantalla.
Me quedé quieta un segundo, el móvil aún en la mano.
Había una foto nuestra colgada en internet.
Y la gente decía que estábamos juntos. Y eso, de repente, ya no era solo una comida más.