14 Glue Song
Noah
Quedamos para comer unos días después del inicio del rodaje. Nada organizado oficialmente, pero lo suficientemente claro como para que acabáramos siendo más de los previstos. Gente del cast, alguien del equipo, Blanca —que parecía haber sido invitada por lo menos tres veces por personas distintas— y Emma.
El sitio lo eligió alguien que dijo “conozco uno que está bien” y luego resultó ser exactamente eso: bien. Ni espectacular ni terrible. Mesas largas, ruido constante y camareros que no se sorprendían de ver a grupos grandes hablando todos a la vez.
Me senté donde había hueco. Casualidad —o no—, acabé frente a Emma.
—¿Esto cuenta como plan de trabajo? —pregunté mientras me quitaba la chaqueta.
—Si no cuenta, me pido postre doble.
—Eso lo vas a hacer igual. No negué nada.
La conversación fue arrancando poco a poco. Al principio lo típico: rodaje, horarios, lo raro que era verse fuera del set con ropa normal. Luego empezó a mezclarse todo. Anécdotas que no tenían que ver con nada. Gente hablando por encima de otra gente. Risas que no sabías muy bien de dónde venían.
Emma hablaba más con Blanca, pero se iba colando en las conversaciones generales sin problema. Yo la miraba de reojo de vez en cuando, sobre todo cuando levantaba la ceja antes de soltar algún comentario seco.
—¿Tú eres así siempre o solo cuando hay público? —le pregunté en un momento.
—Así cómo.
—Juzgando a todo lo que se te ponga delante.
—No juzgo —dijo—. Archivo.
—Peor._ Dije con una sonrisa canalla.
Sonrió, ladeando un poco la cabeza.
—¿Y tú? ¿Siempre tan seguro de ti mismo? —Siempre—respondí—. Soy el mejor.
—Eres un egocéntrico, ¿lo sabías?
—Gracias. Años de práctica.
La comida llegó en oleadas. Platos que no eran de nadie. Alguien pidiendo que pasaran el pan. Blanca contando algo exageradamente largo que, contra todo pronóstico, seguía siendo gracioso.
—Noah —dijo Emma en un punto— se te está enfriando la comida porque no te callas.
—Estoy creando expectativa.
—Pues se te va a enfriar.
—Me sacrifico por el grupo.
—Nadie te ha pedido eso.
—Ingratitud absoluta.
Le di un bocado por fin, exagerando un poco el gesto. Emma negó con la cabeza, divertida.
—Eres irritable —dijo.
—Solo cuando me siento atacado. —Te has atacado tú solo.
Seguimos así un buen rato. Comentarios tontos. Miradas rápidas. Nada explícito. Nada que alguien pudiera señalar con el dedo. Pero había algo cómodo, fácil, como si llevara pasando más tiempo del que en realidad llevaba.
En un momento dado, alguien propuso pedir café para todos. Emma levantó la mano sin mirarme.
—Yo sí —dijo.
—Apuntado —dije—. Café para la humana.
—No me llames así delante de la gente.
—Es descriptivo.
—Eres insoportable.
—Pero te hace gracia.
Me miró un segundo más largo de lo necesario, como si estuviera valorando si discutir o no. Al final sonrió.
—Para nada.
Cuando llegaron los cafés, el ruido bajó un poco. Ese momento raro después de comer en el que nadie tiene prisa, pero tampoco sabe muy bien qué hacer después.
—¿Seguimos aquí o nos echan? —preguntó alguien.
—Nos echan seguro —respondió Blanca—. Pero todavía no.
Me apoyé en la silla, cruzando los brazos. Miré a Emma.
—¿Sigues viva?
—Por ahora.
—Buen dato.
No pasó nada concreto después. Nadie dijo nada que cambiara el curso de nada. Pero cuando nos levantamos para irnos, Emma se puso a mi lado sin pensarlo.
Y eso, por alguna razón, se me quedó.