Amor de pelicula 13 Die For You
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13 Die For You

Emma

Cuando nos dijeron que teníamos un descanso algo más largo, nadie preguntó cuánto era “algo más largo”. Simplemente asumimos que significaba lo suficiente como para salir del set sin que nadie nos gritara al minuto siguiente.

El bar estaba cerca. Dos calles y ya. De esos sitios que no intentan parecer especiales y, por eso mismo, funcionan. Mesas pequeñas, una cafetera que sonaba como si fuera a rendirse en cualquier momento y gente que claramente no sabía —ni le importaba— que había un rodaje a pocos metros.

Pedí café con leche. Noah pidió solo. Nos sentamos cerca de la ventana porque era donde había sitio, no por nada más.

—¿Qué tal el día? —le pregunté mientras removía el café.

—Normal —dijo—. Largo. Pero normal.

—No esta mal entonces. —Sí. Supongo que sí.

Y ya está. No había mucho más que añadir. El primer día de rodaje había sido exactamente eso: un primer día. Lento, algo torpe, pero sin grandes cagadas. Nadie había hecho nada tan mal como para que se notara de verdad.

—Tu personaje es un borde —dije, sin pensarlo demasiado.

—Gracias.

—No lo digo como algo malo —aclaré—. Es… sarcástico. Un poco enfadado con el mundo.

—Un vampiro —resumió él.

—Exacto. Vampiro normalmente irritado.

Sonrió un poco. Apenas.

—El tuyo es todo lo contrario.

—Ya. Humana tranquila. Bastante normal.

—Eso también es difícil —dijo—. No parecer que estás actuando.

Me encogí de hombros. —Supongo que ayuda no intentar hacerlo interesante todo el rato.

Asintió, como si eso le pareciera una conclusión razonable. Me dio la sensación de que pensaba así sobre más cosas, no solo sobre el trabajo.

Bebimos un poco en silencio. No era incómodo. Simplemente no hacía falta hablar por hablar.

—Blanca está encantada —comentó él—. Parece que conozca a todo el mundo.

—Es así —dije—. Siempre cae de pie. Aunque no tenga ni idea de lo que está haciendo.

—Eso también es un talento.

—No veas..

Seguimos hablando del rodaje. De lo raro que era decir los diálogos en voz alta por primera vez. De escenas que vendrían después. Sin queja constante, sin análisis profundo. Comentarios sueltos, prácticos.

—¿Te cuesta entrar en personaje? —le pregunté.

—El primer día siempre —respondió—. Luego ya me quejo menos.

—Yo hoy he estado pensando más en no pisar cables que en actuar.

—Prioridades correctas.

Me reí, breve. Me apoyé en el respaldo de la silla y miré un segundo hacia la calle. La gente pasaba sin mirar dentro. Eso me gustó.

—¿Te pasa que el café aquí siempre sabe distinto? —dije.

—Esta asqueroso.

—Sí.

—Pero ya está —añadió—. Se bebe igual.

—Exacto.

Nos quedamos un rato más. El bar empezó a llenarse un poco, pero seguía siendo tranquilo. Yo estaba terminando el café cuando noté algo raro. No fue una certeza, más bien una sensación rápida, como cuando alguien te observa un segundo de más.

Fruncí un poco el ceño.

—¿Qué? —preguntó Noah. —Nada —dije—. He tenido la sensación de que alguien nos hacía una foto o algo.

Miré alrededor sin disimular demasiado. Un par de personas con el móvil en la mano, nada fuera de lo normal. Podía haber sido cualquier cosa.

—Igual era otra cosa —añadí, encogiéndome de hombros—. Da igual.

—Sí —dijo—. Puede ser cualquiera.

Y ahí se quedó. No hicimos un tema de ello porque no lo era. Volví a mirar el café como si ya hubiera pasado.

—¿Te queda mucho hoy? —le pregunté.

—Un par de escenas más —respondió—. Y luego mañana seguimos.

—Mañana será peor.

—Seguro.

Terminamos el café sin prisa. Pagamos y salimos otra vez a la calle. El set seguía donde lo habíamos dejado, con el mismo ruido y la misma sensación de que el día aún no se había acabado del todo. Volvimos caminando sin hablar demasiado. No porque hubiera algo raro, sino porque no hacía falta llenar cada tramo de palabras.

Cuando entramos de nuevo, alguien nos llamó para colocarnos. El descanso había terminado. Y el rodaje seguía