12 Nothings Gonna Hurt You Baby
Noah
El primer día de rodaje siempre empieza antes de lo que debería existir legalmente. No porque sea temprano —que también—, sino porque nadie está mentalmente preparado para ponerse un vaquero incómodo, una camiseta que no es tuya y fingir que sabes exactamente lo que haces a las siete de la mañana.
Llegué al set con un café en la mano y cara de haber dormido poco, que era bastante exacto. Había gente por todas partes: técnicos arrastrando cables, alguien gritando nombres que no reconocía, una mesa larga con bollería que parecía más decorativa que real. El aire olía a café malo y a nervios disimulados.
—Buenos días —dije, sin saber muy bien a quién.
Alguien me devolvió el saludo. Otra persona me ignoró por completo. Todo iba según lo previsto.
Me señalaron el sitio de vestuario, me dieron indicaciones rápidas que asentí como si las hubiera entendido a la primera y me encontré cinco minutos después sentado en una silla, mientras una chica me colocaba el micro sin mirarme a la cara.
—No te muevas mucho —me dijo.
—Haré lo posible.
No lo hice.
Mientras esperaba, miré alrededor. Reconocí a un par de caras del casting, gente con la que había cruzado dos frases contadas semanas atrás. Sonrisas educadas. Ese tipo de complicidad rara que solo existe entre personas que todavía no saben si van a caerse bien, pero saben que van a verse muchas horas seguidas.
Y las vi.
Emma estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, hablando con Blanca como si estuvieran en su casa. Tenían un café para las dos y una bolsa de algo que parecía comida de verdad, no el atrezzo que nos habían puesto a disposición. Blanca gesticulaba mucho. Emma se reía con la cabeza echada hacia atrás, sin ningún tipo de pudor.
No sé por qué me fijé en eso. Supongo que porque destacaba. Todo el mundo iba un poco tenso, y ellas parecían… normales.
—Eh —dije cuando me acerqué—. ¿Eso es comida clandestina?
Blanca me miró de arriba abajo, evaluándome en medio segundo.
—Depende. ¿Eres policía del set?
—Solo si hay croissants implicados.
—Entonces no —respondió—. Es legal. Más o menos.
Emma me sonrió, sencilla, sin más.
—Es tortilla —dijo—. De una bar bastante normal. Nada espectacular.
—Eso es justo lo que necesito ahora mismo.
Me senté con ellas sin pedir permiso. Nadie pareció molesto. Blanca me ofreció un trozo de tortilla y lo acepté como si me estuviera haciendo un favor enorme.
—Se nota que es el primer día ¿eh? —preguntó Blanca.
—¿Se nota mucho?
—Un poco —admitió Emma—. Pero en plan bien.
—¿En plan bien cómo?
—En plan… estás despierto —dijo Blanca—. Que no siempre es así.
No supe muy bien qué contestar, así que me limité a sonreir. Tenía razón.
Nos quedamos ahí hablando de cosas sueltas. Que si el sitio del rodaje era un lío. Que si el café estaba peor de lo esperado. Que si nadie sabía nunca dónde estaban los baños el primer día. Conversaciones normales, sin intención de nada.
—Yo siempre me pierdo —dijo Blanca—. Aunque haya carteles.
—Los carteles mienten —respondí—. Es un hecho.
Alguien gritó mi nombre desde el otro lado del set. Me levanté con la boca aún llena.
—Me reclaman —dije—. Supongo que eso es buena señal.
—O mala —dijo Emma—. Nunca se sabe. Volví al trabajo con una sensación rara, pero buena. Como si el día ya hubiera arrancado bien y no hiciera falta complicarlo.
El rodaje empezó con una escena sencilla. O eso nos dijeron. Nada es sencillo el primer día. Las marcas en el suelo no están donde crees, las luces te ciegan más de lo esperado y siempre hay un momento en el que te preguntas si estás hablando demasiado rápido.
—Corte —dijo el director—. Otra más.
Hicimos otra. Y otra.
Entre toma y toma, alguien me ajustaba la ropa, otra persona me daba indicaciones técnicas que intentaba memorizar sin éxito y yo asentía mucho, esperando que eso bastara.
En un descanso, Emma y Blanca aparecieron otra vez, esta vez con más gente alrededor. Estaban comentando algo con una chica del equipo, todas hablando a la vez.
—Esto parece una excursión del instituto —comenté cuando me acerqué.
—Falta el profesor perdido —dijo Blanca. —Y alguien fumando a escondidas —añadió Emma.
—Eso ya está pasando —respondí—. No lo ves, pero lo hueles.
Se rieron. Blanca me dio un golpe suave con el hombro.
—Oye, lo estás haciendo bien —dijo, como si nada.
—¿Ah, sí?
—Sí. Cara de no estar muriéndote por dentro. Eso ya es un logro.
—Me lo apunto.
Emma no dijo nada, pero me miró un segundo más de lo normal. No fue raro. No fue intenso. Fue… ya está.
Seguimos hablando un rato, sin profundidad ni segundas lecturas. De lo cansado que era esperar. De lo largo que se hacía todo. De lo raro que era verse vestidos de personajes que todavía no sentías tuyos.
—Esto mañana será peor —dije. —Siempre lo es —respondió Emma—. Pero ya nos quejaremos mañana.
Tenía razón otra vez.
Nos separaron de nuevo para seguir rodando. El set se llenó de ruido, de órdenes cruzadas, de gente moviéndose rápido. El tiempo empezó a diluirse de esa forma extraña que solo pasa en los rodajes: miras el reloj y han pasado veinte minutos; vuelves a mirar y han pasado tres horas.
Entre escena y escena, volví a cruzarme con Emma varias veces. Nada destacable. Un comentario rápido. Una mirada de “¿cuánto queda?”. Un gesto exagerado de cansancio.
Con Blanca fue parecido. Ella parecía conocer a todo el mundo o, al menos, actuar como si así fuera. Se integraba con facilidad, hacía bromas, preguntaba cosas. Daba la sensación de que estaba en su sitio.
Cuando el sol empezó a bajar un poco, alguien anunció que pararíamos en breve, pero no aún. El día seguía.
Me senté en una silla plegable, agotado pero de buen humor. Emma estaba cerca, revisando algo en el móvil, con una pierna recogida sobre la silla. —¿Sobreviviendo? —le pregunté.
—Por ahora, sí —respondió—. ¿Tú?
—No he huido. Eso cuenta.
—Mucho.
Nos quedamos en silencio un momento, sin que fuera incómodo. El ruido del set llenaba los huecos sin problema.
—Oye —dijo ella al final—. Luego, cuando tengamos un rato… ¿te apetece un café decente?
—Me apetece desde que llegué.
—Perfecto. Pues luego.
No sonó a plan. Sonó a logística. Y me pareció bien.
Alguien volvió a llamar a posiciones. Me levanté otra vez, estirándome un poco.
—Suerte —dijo Emma.
—La necesitaré.
El rodaje siguió. Lento, largo, normal. Sin grandes momentos épicos. Sin revelaciones. Solo trabajo, cansancio y esa sensación rara de estar empezando algo que todavía no sabes en qué se va a convertir.
Y todavía quedaba mucho día por delante