Amor de pelicula 8 Daylight
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8 Daylight

Emma

No podía creerlo cuando me lo dijeron. Justo después de semanas de incertidumbre, llamadas perdidas y nervios acumulados, alguien del equipo me confirmó que sí: me habían cogido para la serie de vampiros. Y, para rematar, también me dijeron que Noah Parker estaba en el mismo proyecto.

Mi primera reacción fue reírme sola en la habitación del hotel donde me alojaba temporalmente para las pruebas de vestuario y maquillaje. No sabía si estaba más emocionada por la serie o por la oportunidad de verlo otra vez. Supongo que un poco de ambas cosas. Respiré hondo, intentando calmar la mezcla de entusiasmo y nervios que siempre me invade en estos momentos.

Llegué al set con antelación, como suelo hacer, para familiarizarme con los espacios y con la gente que aún no conocía. La recepción estaba llena de actores y asistentes moviéndose de un lado a otro, con papeles en la mano, luces de equipo y cámaras listas. Había un murmullo constante de saludos, risas y conversaciones sobre quién había hecho qué antes, qué escenas eran más difíciles, quién se llevaba bien con quién. Todo era nuevo y emocionante.

Y allí estaba él. Noah. No me sorprendió verlo, pero mi corazón dio un pequeño salto igual. Estaba de pie junto a un grupo de actores que no conocía, charlando tranquilamente, como si nada le afectara demasiado. Se volvió hacia mí cuando me acerqué, y me sonrió, esa sonrisa suya que siempre logra parecer relajada sin esfuerzo.

—Hola, Emma —dijo, con un tono casual, casi neutral, pero con un brillo en los ojos que lo delataba—. Bienvenida al equipo.

—Hola, Noah —respondí, sonriendo yo también—. Parece que nos toca trabajar juntos.

Asentió, y luego nos encontramos presentándonos con otros miembros del cast. Algunos ya se conocían entre sí; otros éramos nuevos en este ambiente. El proceso era simple: decir tu nombre, un detalle breve de tu experiencia y, listo, pasar al siguiente. Nada dramático, nada de guion secreto, solo presentaciones normales y cotidianas. En medio de todo, de repente escuché un nombre familiar Blanca.

—¡Emma! —exclamó, corriendo hacia mí y dándome un abrazo que me hizo sentir como si no nos hubiéramos visto en años—. ¡Cuánto tiempo! Te he echado de menos.

—¡Blanca! —repliqué, devolviéndole el abrazo con fuerza—. ¡De verdad que sí! Qué alegría verte aquí.

Nos separamos un poco para mirarnos a los ojos. Ella sonreía, radiante y natural, con esa energía que siempre me hace sentir como en casa. Blanca y yo nos conocíamos de otras películas, y reencontrarnos en un proyecto nuevo fue como descubrir un pequeño oasis en medio de la rutina del rodaje.

—Y… ¿también conoces a Noah, verdad? —pregunté, señalando discretamente hacia él—.

—Sí —dijo Blanca, riéndose—. Ya nos hemos cruzado en algún proyecto anterior. Este lugar es pequeño, ¿no?

Noah nos saludó con un gesto breve, y yo sentí cómo todo el pequeño nerviosismo del primer día se transformaba en una especie de comodidad silenciosa. Estaba ahí, junto a mí, no como alguien que me intimidara, sino como alguien con quien podía ser casual, normal.

Nos sentamos un momento en una esquina tranquila del set para charlar mientras esperábamos que llamaran a los que tenían sus primeras escenas. La conversación fluyó con naturalidad: comentarios sobre los personajes, bromas sobre escenas que nos imaginábamos complicadas y pequeñas anécdotas de rodajes pasados. Noah resultó ser más cercano de lo que había pensado, y aunque no lo demostrara con exageración, había algo cálido en su forma de escucharte y responder, como si te prestara atención de verdad.

—Así que te toca interpretar a… —dije, gesticulando hacia su guion, intentando romper un poco la formalidad inicial.

—A un vampiro sarcástico sin sentimientos —contestó, encogiéndose de hombros con una sonrisa ligera—. Nada complicado. Pero tú sabes, las líneas siempre suenan más fáciles de lo que son.

Reí, porque era verdad. Siempre pasa. Incluso con los guiones más sencillos, hay algo que los actores deben hacer suyo, y esa es la parte que más me gusta del proceso.

Blanca se unió a la conversación, haciendo que todo fuera más fluido, más cómodo. A veces los días de rodaje pueden sentirse impersonales, llenos de caras nuevas y reglas estrictas, pero con ellos todo parecía más cercano, más cotidiano. Me sentí agradecida por tener amistades en ese entorno, alguien que te recuerde que no estás sola, aunque haya cámaras, luces y guiones por todas partes.

Pasaron las horas mientras nos movíamos entre maquillaje, vestuario y pruebas de cámara. Cada interacción con Noah era natural: un comentario aquí, una pequeña broma allá, un guiño discreto cuando nadie más miraba. No había necesidad de forzar nada, solo disfrutar de la proximidad y de las pequeñas conversaciones que se colaban entre tareas y ensayos.

Al final del día, mientras el sol empezaba a caer y el set se calmaba un poco, sentí que algo había cambiado. No era amor a primera vista, ni un momento dramático; era algo más lento, más seguro. Una sensación de que, aunque este proyecto fuera nuevo, Noah y yo estábamos empezando a conocernos de verdad, poco a poco, entre guiones, risas y amigos que hacían que todo pareciera más ligero.

Mientras me despedía de Blanca y nos prometíamos vernos en el rodaje, me giré hacia Noah y le sonreí, pequeña, discreta. Él me devolvió la sonrisa, tranquila, sin palabras, y algo en mí supo que aquello no era casual. Que este proyecto no solo traía una serie nueva, sino que también abría la puerta a historias personales que aún no había imaginado.

Y con esa sensación, caminé hacia el vestuario, lista para enfrentar las primeras escenas, pero con el corazón un poquito más ligero, sabiendo que no estaba sola en el set, y que quizá, solo quizá, había alguien allí que iba a hacer que cada día fuera un poco