Amor de pelicula 7 bad idea right?
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7 bad idea right?

Emma

Salí del casting con un suspiro que no era de alivio completo, pero sí de satisfacción. Esta vez había ido mucho mejor. No era solo que me sintiera más segura, era que el ritmo dentro de mí ya no estaba acelerado por la ansiedad. Había aprendido a respirar, a escuchar mi propio corazón, a no dejar que cada no me derrumbara antes de tiempo.

El edificio se desvanecía detrás de mí mientras caminaba por la acera con la cabeza erguida, sosteniendo mi bolso con un brazo y el guion con el otro. La luz de la tarde caía cálida sobre la ciudad, dibujando sombras alargadas que se mezclaban con los pasos apresurados de la gente que volvía a sus casas. Pero yo apenas notaba a nadie más. Solo sentía la mezcla de orgullo y nervios que me recorría como electricidad.

Pensé en Noah. No podía evitarlo. Su imagen volvió a mí en cuanto crucé la calle: la forma en que nos habíamos saludado en el otro casting, cómo me había mirado con esa curiosidad contenida, esa sonrisa tranquila que me había dejado sin aire durante un instante. No sabía si él pensaba en mí o si todo era solo producto de mi imaginación, pero la posibilidad me hacía sonreír mientras caminaba.

Al llegar a nuestra cafetería habitual, ya estaban esperándome. Naila y Shasha, como siempre, ocupaban la mesa en la esquina más luminosa, riendo de algo que parecía absurdo pero que no necesitaba explicación. Mis amigas eran mi refugio, mi ancla cuando el mundo se sentía demasiado grande o demasiado rápido.

Naila siempre ha sido la más directa de las dos. Fuerte, decidida, con esa capacidad increíble de ver a través de las máscaras de las personas. Siempre sabe qué decir en el momento exacto y cómo hacer que las cosas parezcan más simples de lo que realmente son. Cuando la miro, siento que podría enfrentar cualquier rechazo, cualquier error, cualquier caída. Porque Naila no deja que nadie se rinda fácilmente, y eso me inspira, aunque a veces me intimida un poco.

Shasha, en cambio, es fuego y calma a la vez. Ríe con facilidad, contagia alegría sin esfuerzo, y tiene la extraña habilidad de hacer que cualquier espacio se sienta más ligero. Es la que me abraza sin necesidad de palabras, la que me entiende cuando mi torbellino interno se dispara y no sé cómo explicarlo. Estar con Shasha es como flotar un poco, dejar que el mundo se acomode a nuestro alrededor y sentir que, aunque todo se derrumbe, aún hay risas que sostener.

Me senté entre ellas y dejé que la energía de la mesa me envolviera. Pedimos café, nos contamos los pequeños dramas del día, los mensajes absurdos de los compañeros de clase y las noticias de amigos que habían logrado cosas que a veces me hacían sentir insegura. Pero allí, entre Naila y Shasha, nada parecía demasiado grande ni imposible.

—¿Y qué tal el casting? —preguntó Naila, inclinándose hacia mí con esa curiosidad intensa que siempre tiene.

—Me fue bien —dije, con una sonrisa que no podía ocultar—. Mucho mejor que la otra vez. Me sentí… yo, sin nervios absurdos ni torpezas tontas. Todo salió… bien.

Shasha asintió, como si ya lo supiera. —Te lo mereces, Emma. Siempre das todo de ti, y se nota.

Me recosté en la silla, dejando que la calidez de sus palabras se asentara. Sentí un pequeño impulso de orgullo, ese tipo de orgullo que no necesita aplausos ni validación externa. Era interno, silencioso, pero profundo. Y entonces mi mente volvió a Noah.

Sonreí ante el recuerdo de nuestra última interacción. No fue nada dramático, nada de miradas intensas ni confesiones, pero sí había algo allí, un pequeño destello que no podía ignorar. Me pregunté si él estaría en este casting, si volveríamos a cruzarnos, y si nuestras sonrisas volverían a encontrarse de la misma manera silenciosa y cálida que antes.

—¿Estabas pensando en alguien? —preguntó Shasha, rompiendo mis pensamientos. Su mirada era curiosa, divertida, pero también cariñosa. Ella siempre sabe cuándo me pierdo en mis mundos.

—Quizá —dije, encogiéndome de hombros y sonriendo. No quería decir demasiado, pero tampoco quería mentir—. Solo recordando a alguien que me hizo sonreír hace unos meses.

Naila me dio un codazo suave, cómplice. —No me digas que sigues con ese chico misterioso de otro casting.

Me reí, un poco nerviosa, pero contenta de poder compartirlo con ellas. Ellas siempre entendían mi torbellino emocional, incluso cuando no decía mucho. —Solo es alguien que… me intriga. Eso es todo.

Y mientras charlábamos, reíamos y nos contábamos detalles que solo nosotras entendíamos, sentí algo que no había sentido en mucho tiempo: que no importaba lo que ocurriera en los castings, en los rechazos o en los días malos. Porque tenía a mis amigas, y porque, aunque Noah fuera un misterio aún, la posibilidad de descubrirlo poco a poco era emocionante.

Algo en mí me decía que aquel día, aquel momento, era solo un comienzo. Y mientras sorbía mi café caliente y escuchaba las risas de Naila y Shasha, no pude evitar pensar que, tal vez, algunas historias empiezan de la forma más inesperada: con un casting, una sonrisa y un par de amigas que sostienen tu mundo mientras aprendes a caminar entre posibilidades y sueños.