Amor de pelicula 6 Until I Found You Noah
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6 Until I Found You Noah

Habían pasado varios meses desde aquel casting que terminó como todos los demás: un no más, una sonrisa que se quedó grabada en mi memoria y la rutina retomada con calma. No esperaba grandes sorpresas aquel día, aunque, claro, los castings siempre guardan alguna. Esa es, quizá, la única certeza que me queda en este trabajo: nunca sabes del todo qué esperar, ni a quién vas a encontrar frente a ti.

El edificio era distinto al que recordaba, o tal vez yo veía distinto. Las paredes estaban decoradas con posters de series de vampiros, oscuros y dramáticos, que parecían desafiarte a entrar en otro mundo. El murmullo de los aspirantes flotaba entre la luz fría de los fluorescentes, mezclándose con pasos nerviosos, susurros de ensayo y risas que intentaban sonar naturales. Todo parecía un ecosistema perfectamente ordenado y, sin embargo, lleno de ansiedad contenida. Me apoyé contra la pared, cruzando los brazos, dejando que la escena se desarrollara ante mis ojos sin prisas. Mi mirada, al principio distraída, se fijó en la sala de espera. Y ahí estaba ella. Emma.

No fue un golpe dramático ni un instante cinematográfico. No necesitó hacer nada extraordinario para llamar mi atención. Estaba allí, como siempre, con ese torbellino de energía contenida que parecía bailar bajo la superficie de su tranquilidad aparente. Había algo diferente en ella, pero aún así reconocí de inmediato la esencia de la chica que me había dedicado aquella sonrisa meses atrás, en aquel otro casting que, ahora lo sabía, nunca olvidaría.

Observé la forma en que se movía entre la gente, ligera, natural, como si el mundo a su alrededor no tuviera suficiente peso para frenarla. Su postura, sus gestos, incluso la manera en que acomodaba su guión sobre las rodillas, todo hablaba de alguien acostumbrado a estar en estos lugares, pero que aun así nunca había perdido la curiosidad, la intensidad, la chispa de novedad que a veces tarda años en volver a encenderse en otros.

Decidí acercarme, aunque con la cautela que me caracteriza. No soy de los que se lanzan sin pensar. Prefiero observar, medir el terreno y moverme en silencio, casi como un animal que estudia el entorno antes de dar un paso. Y este encuentro merecía ser tratado con cuidado. No quería arruinar nada con un exceso de entusiasmo, ni mostrarme demasiado disponible. Simplemente quería estar allí, con ella, aunque fuese por un instante.

—Hola —dije, con la voz baja, intentando que sonara casual, neutral, aunque sin poder evitar un dejo de complicidad que escapaba de mis palabras—. Hola, Emma.

Al principio no pareció reconocerme del todo. Su mirada se levantó, y su sonrisa apareció despacio, como si necesitara confirmar que realmente me había visto y que todo estaba en orden. No era la misma sonrisa de antes; esta era más madura, más consciente, con un dejo de sorpresa divertida que no la hacía menos genuina.

—Hola —respondió, con ese torbellino característico de timidez y energía que siempre me desconcierta un poco—. Vaya, Noah.

Durante unos segundos nos quedamos allí, sin necesidad de hablar. La sala de espera seguía llena de ruido, pasos y voces, pero para mí, por un instante, todo desapareció. Solo existíamos nosotros y la percepción silenciosa de que este cruce no era casual, que había algo más, aunque ninguno lo dijera en voz alta.

Me pasé la mano por el pelo, nervioso por razones que no entendía del todo. La curiosidad había crecido, y con ella un impulso casi infantil de descubrir quién era realmente esta chica que, en menos de un instante, había logrado que todo mi enfoque se centrara en ella.

—Ya averigüé quién eras —dije finalmente, con un tono ligero, como si lo dijera por accidente—. Emma Tanner. No te había puesto cara hasta hoy, pero sí sabía de ti.

Su sonrisa se amplió, divertida y algo sorprendida, pero sin incomodidad. Parecía disfrutar del hecho de que yo la conociera. Incluso, por un segundo, sus ojos brillaron con un destello que me hizo sentir curiosidad por ver qué más había detrás de esa fachada que parecía conocer muy bien.

—Vaya… así que también me tienes fichada —bromeó, ligera, jugando con las palabras como si fueran un puente invisible entre nosotros—. No me lo esperaba.

Asentí con una sonrisa pequeña, sin decir más. No había necesidad. Todo lo que importaba estaba ahí, en el silencio compartido, en el simple hecho de estar presentes uno para el otro en medio del caos de un casting. Un gesto, una mirada, una sonrisa; suficiente para que ambos supiéramos que algo había cambiado.

Miré alrededor, observando a los demás aspirantes que no tenían idea de la pequeña conexión que se había formado en ese espacio. Nadie notaría nada. Para todos, esto era solo otro casting más. Para nosotros, era un recuerdo que empezaba a construir su propio peso.

Nos quedamos unos segundos más, en silencio, disfrutando de esa pequeña tregua. Emma revisaba sus papeles, y yo, sin apartar los ojos de ella, pensaba en lo extraño que era sentirse intrigado por alguien que apenas conocías, por alguien que ya te había dejado huella sin proponérselo.

—Bueno —dijo finalmente, como si la conversación necesitara romperse para no estancarse en el instante—. Supongo que nos veremos por aquí.

Asentí. —Sí, supongo que sí —dije. La sonrisa que le devolví llevaba dentro la promesa silenciosa de que, de alguna manera, nuestras historias no iban a terminar en este momento.

Y mientras nos separamos para incorporarnos a las filas de aspirantes, sentí que por primera vez en mucho tiempo, la idea de un casting no era solo un procedimiento profesional. Era también una oportunidad. Una pequeña chispa de posibilidad que se encendía justo frente a mí, en la forma de una sonrisa y un nombre que ya conocía, pero que todavía quería descubrir más a fondo.

Porque, después de todo, algunos encuentros no necesitan palabras para ser importantes. Algunos silencios, algunas miradas, algunas sonrisas, bastan para que todo cambie.

Y yo, por primera vez en mucho tiempo, estaba dispuesto a no ignorarlo.