5 The Night We Met
Noah
No estaba realmente sorprendido.
La llamada llegó como todas las demás. Voz amable, palabras medidas, el rechazo habitual. Una parte de mí escuchaba como si viniera de otra persona. Otra parte, la que aún se tomaba en serio este negocio, registraba cada sílaba con una especie de respeto resignado.
—Gracias por tu tiempo, Noah. No hemos podido seleccionarte en esta ocasión.
Sonreí levemente, sin emoción, colgué y me dejé caer en el sofá. No era que me importara demasiado. Llevo tantos años acumulando "no" que uno más no altera mi mundo. Es curioso cómo el rechazo se vuelve parte del paisaje. Cómo aprendes a respirar alrededor de él sin que te lastime.
Mi gato Loki, un pequeño revoltijo de pelo gris, saltó sobre mis piernas y ronroneó con la seguridad de quien no necesita nada más que tu compañía. Lo acaricié distraído, dejándome arrullar por ese sonido constante y familiar. El mundo fuera del salón se volvió difuso: las luces cálidas, el sonido tenue del ventilador, el murmullo lejano de la ciudad. Todo perfecto para un momento de calma voluntaria.
Encendí la televisión y me puse una película que ya había visto mil veces. No porque necesitara entretenimiento, sino porque había algo en la rutina de lo conocido que ofrecía un extraño confort. La historia se desarrollaba en la pantalla, y yo seguía acariciando al gato, dejando que mis pensamientos flotaran sin rumbo fijo.
Después de un rato, apagué la televisión. La tranquilidad de la tarde se había instalado conmigo, y decidí que era el momento de hacer lo que siempre hago: seguir buscando. Los castings no esperan. La vida tampoco.
Abrí la tablet, navegué por los correos de agencias y listados de audiciones. Algunos me llamaban la atención, otros no. Me apunté a unos pocos, sin prisa, con la paciencia de quien sabe que más temprano que tarde habrá una oportunidad que valga la pena.
No había prisa, realmente. El mundo estaba lleno de puertas que todavía no había cruzado. Algunas se cerraban, otras se abrían, y yo, después de tantos años, había aprendido que mi tarea era simplemente caminar hasta ellas, sin dejar que los rechazos definieran el ritmo de mis pasos.
Mi gato se acurrucó a mi lado. Suspiré. Cerré los ojos un instante, dejando que el silencio llenara el salón. Todo estaba bien, o al menos, lo suficientemente bien. Un nuevo casting aparecía en la lista, y un suspiro de anticipación cruzó mi pecho. Lo suficiente para recordarme que, aunque los "no" fueran muchos, todavía quedaban infinitos "sí" por delante.