Amor de pelicula 2 golden hour
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2 golden hour

Emma

El interior del edificio olía a café barato, nervios acumulados y perfume demasiado dulce.

Nada más cruzar la puerta, sentí ese cambio invisible en el ambiente que solo existe en los castings. Una tensión suave, constante, como electricidad flotando en el aire. Había gente apoyada contra las paredes repasando textos en voz baja, otros mirando el móvil sin ver realmente la pantalla, algunos caminando de un lado a otro como si el movimiento pudiera ordenarles las ideas.

Me registré en recepción, di mi nombre con una sonrisa que esperaba no pareciera forzada y seguí las indicaciones hasta la sala de espera.

Era más grande de lo que imaginaba.

Sillas alineadas, una mesa con botellas de agua medio vacías, un tablón con papeles pegados sin demasiado orden. Me senté cerca de la pared, como siempre. No porque fuera tímida —o no solo por eso—, sino porque me gustaba observar antes de formar parte del ruido.

Saqué el guión del bolso y lo apoyé sobre mis rodillas, aunque no lo abrí. Ya no necesitaba leerlo. En realidad, lo que necesitaba era algo a lo que agarrarme para no pensar demasiado.

Respiré hondo.

Me fijé en la gente.

Chicas con la espalda recta y la mirada firme. Chicos con esa seguridad aprendida que parece venir de fábrica. Todos parecían saber exactamente qué estaban haciendo. Yo, en cambio, me sentía como si estuviera improvisando desde siempre.

Fue entonces cuando lo vi.

Estaba apoyado cerca de una de las ventanas, con el guión doblado en una mano y la otra en el bolsillo de la chaqueta. No hablaba con nadie. Tampoco parecía incómodo por ello. Simplemente estaba allí, observando, como si el lugar no le impusiera lo más mínimo.

No sabría explicar qué fue lo que me hizo fijarme en él.

No era algo evidente. No fue un golpe inmediato ni una revelación cinematográfica. Fue más bien una sensación pequeña, sutil, como cuando notas que algo es distinto sin saber todavía por qué.

Tenía una expresión tranquila, casi pensativa. La mirada atenta, pero no ansiosa. Había en él algo… contenido. Un misterio suave. Apenas un poco. Lo justo para despertar curiosidad.

Aparté la vista enseguida, como si me hubieran pillado haciendo algo que no debía.

No empieces, me dije.

Volví a mirar el guión.

No tardé mucho en sentir esa presión conocida en el pecho. Esa mezcla de ilusión y miedo que siempre me acompañaba en momentos así. Pensé en lo irónico que era todo: querer tanto algo que te daba terror perderlo incluso antes de tenerlo.

Escuché mi nombre a lo lejos.

No todavía.

Solo alguien con el mismo nombre. Mi corazón, que ya iba acelerado, decidió dar un pequeño salto innecesario. Cerré los ojos un segundo y sonreí para mí misma. Emma Tanner, tranquilízate.

Cuando los volví a abrir, levanté la mirada sin pensarlo demasiado.

Él me estaba mirando.

O, al menos, eso me pareció durante una fracción de segundo.

No fue una mirada intensa ni incómoda. No hubo escrutinio ni juicio. Solo un cruce breve, casual, como si el destino hubiera decidido jugar un poco con nosotros.

Instintivamente, le sonreí.

Fue un gesto pequeño, automático, de esos que hago sin pensar. Una sonrisa abierta, sincera, quizá un poco torpe.

Él dudó un instante.

Y luego me devolvió la sonrisa.

No fue grande ni exagerada. Fue tranquila. Cálida. Como si no necesitara demostrar nada.

Algo en mi pecho se relajó.

No sabía su nombre. No sabía quién era. No sabía absolutamente nada de él.

Y, aun así, tuve la extraña sensación de que quería saber más.

Volví a bajar la mirada, esta vez con el corazón latiendo un poco distinto. No más rápido. Más profundo.

Me repetí que no significaba nada.

Porque, al fin y al cabo, aquello era sólo un casting.

Y las historias importantes no empezaban en salas de espera grises.

¿O sí?

Un asistente abrió la puerta del fondo y llamó a la siguiente persona. El murmullo se reactivó. El mundo volvió a girar.

Yo me acomodé en la silla, apreté el guión entre las manos y respiré hondo.

Sin saberlo, acababa de guardar en la memoria una sonrisa.

Y eso, aunque todavía no lo entendiera, iba a ser el principio de muchas cosas.