Amor contra las cuerdas Capítulo 52
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Capítulo 52

K ILIAN

Solo tenemos que aguantar. Cuento cada segundo que pasa hasta que, por fin, suena la campa na.

Tres asaltos. Con eso tiene que bastar.

Jackson me mira a través de sus puños. Su mirada es neutra, como si estuviera asimilando absolutamente todo lo que acaba de pasar. La cicatriz de su ceja brilla con la tenue luz del recinto.

Todo lo que ha pasado por mi culpa… Se lo tengo que compensar.

Da un paso hacia mí y yo doy otro, tanteando el terreno. Está claro que ninguno de los dos queremos hacernos daño, y que, si mi plan sale bien, solo tenemos que aguantar un poco. No debería tardar.

Pero, si lo hace, tenemos que estar preparados.

Me quito la camiseta para ganar algo de tiempo.

—Pégame —le digo a Jackson, y él tuerce el gesto.

Lo miro a los ojos, esos ojos que siempre me han atrapado, y siento una mezcla de emociones tan intensa que me duele el pecho.

Hemos acabado en esta situación, obligados a luchar por nuestros propios demonios y por los que otros han creado para nosotros.

Mi padre me ha llevado a esto, y Sylas lo ha traído a él.

Pero aquí estamos, frente a frente, en un escenario donde el dolor existe de manera perturbadora.

La campana vuelve a sonar, insistente, y avanzamos el uno hacia el otro, nuestros cuerpos tensos y listos.

El primer golpe de Jackson es rápido y fuerte cuando hace lo que le pido y toma la iniciativa.

Lo esquivo por poco, sintiendo el aire moverse a su paso.

La adrenalina bombea en mis venas, pero no puedo evitar una punzada de tristeza al ver cómo su cuerpo se mueve, tan familiar y tan roto por cómo le dejé.

Otro golpe suyo conecta con mi costado. Cada impacto es un recordatorio de nuestra conexión, un lazo que va más allá del ring.

Sin embargo, no puedo golpearle. No. Le prometí que nunca le haría daño.

Nos movemos como en una danza y su cuerpo choca con fuerza con el mío. Cada golpe suyo es un roce íntimo; cada bloqueo mío, un toque cargado de electricidad. Jackson me lanza contra la gente con rabia y aprovecho que alguien me empuja para acercarme más a él.

—¿Qué te pasa? —pregunta extrañado—. Lucha conmigo.

Niego con la cabeza.

—Tienes que hacerlo… —susurra antes de acertarme un gancho lateral sin escrúpulos. Me reta con la mirada, como si estuviera intentando disfrutar un mínimo con esta mierda de tortura que nos han impuesto.

Cada golpe suyo es una caricia disfrazada de violencia, y cada vez que nuestras pieles se tocan, siento un chispazo. Nuestros cuerpos se reconocen y, aunque sea un combate, también es algo de lo más íntimo, una forma de conectarnos físicamente en medio del caos de estos últimos días.

—Te prometí que nunca te haría daño.

Su mirada se enternece por un instante.

—A lo mejor necesitan motivación… —amenaza Sylas.

—Ahora —me pide Jackson.

Y accedo, sabiendo que esto es una excepción.

Su puño conecta con mi costado y me provoca una punzada de dolor.

Y es eso lo que me convence de que podemos hacerlo.

De que estamos hechos para esto. Y no hay otra persona en el mundo que entienda mejor los movimientos del otro.

Ambos sabemos perfectamente cómo combatimos por todos los entrenamientos de este año.

Así que me lanzo contra él.

Cada golpe que asesto, cada bloqueo, está cargado de pasión. Mi puño roza su mandíbula con un uppercut y veo la chispa de dolor en sus ojos. Su mirada se ensombrece. Esto no es solo una pelea, es una batalla por nosotros, por lo nuestro, en medio de toda esta mierda.

Porque peleamos por ello. Llevamos meses luchando por estar juntos. No va a acabar con nosotros un simple combate.

Cuando mi brazo envuelve su cuello en un intento de bloqueo, el público vitorea.

—Demuéstrales de qué estas hecho —le susurro, y él gruñe exasperado.

Me empuja hacia atrás y nuestros cuerpos chocan con una intensidad casi violenta. Su puño golpea mi abdomen y me doblo, pero no puedo evitar sonreír a través del dolor.

—Así, va.

Cumple mi petición y cubre mis ataques con furia. Jackson ha sacado a su bestia.

Me lanza varios golpes con una mezcla de violencia y rabia. Cada golpe, cada bloqueo, es una forma de conexión, una manera de sentirnos vivos y juntos en medio de la desesperación. Mi puño conecta con su costado nuevamente.

Sin saberlo, hemos encontrado la forma en la que mejor sabemos comunicarnos. Porque eso es lo que estamos haciendo. Estamos hablando con golpes, miradas y bloqueos.

Debería faltar poco…

Él desata su rabia sobre mí. Me formula preguntas, me transmite sus dudas, las inseguridades que le causó el enfrentamiento de la última vez.

Y yo le dejo. Dejo que me pegue. Bloqueo los golpes.

Y recibo con humildad los que no puedo parar.

Porque no quiero hacerle daño y merezco su frustración, su confusión.

Merezco su ira. Pero, poco a poco, Jackson me golpea más suave, y después de lo que parece una eternidad, nos encontramos cara a cara, jadeando, sangrando, pero aún de pie.

—¡QUE NADIE SE MUEVA! —clama una estruendosa voz a través de un altavoz distorsionado.

Mi plan ha funcionado.

Miro a Jackson a los ojos y veo la misma mezcla de emociones que siento yo, pero sus ojos se llenan de lágrimas de alivio en un segundo. Y cuando escucho el ruido del caos, no dudo en atraerlo hacia mí y abrazarlo con una ansiedad desesperada. Tenemos que salir de aquí.

—Sígueme —me dice Jackson cogiéndome de la mano—. Está Will esperándonos fuera.

¿Will? ¿Ha hablado con Jackson? ¿Ellos también tenían un plan?

No me lo pienso ni dudo de él en ningún momento.

Ya estamos juntos de nuevo.

Ahora ya solo queda el final…