Amor contra las cuerdas Capítulo 43
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Capítulo 43

J ACKSON

Nadie nos deti ene. Nos dejan ir. Solo nos querían para eso. Para rompernos. O… para romperme…

Cada paso que damos, cada paso que nos alejamos de ellos, es como una puta liberación que no esperaba sentir tan pronto.

Noto la parte izquierda de la cara súper rígida. La sangre se ha secado, aunque me sigue doliendo de una manera indescriptible cuando llegamos al coche de Kilian.

Él rompe el silencio.

—¿T-te parece bien si vamos al hospital? —me pregunta con la voz rota—. Creo que necesitas puntos ahí y yo…, yo también tengo cortes.

Lo sé. Lo he visto todo a la perfección. Suspiro.

—Sí, va a ser lo mejor.

Pasan unos segundos sin que él arranque el coche, y siento que me ahogo.

—Ven —le digo saliendo del vehículo.

Él se queja por el dolor al levantarse, pero lo hace y se coloca a mi lado.

El amanecer empieza a salir tras el horizonte y tiñe el cielo de una paleta de colores anaranjados.

—Voy a gritar. Mucho —le aviso, y él sonríe como puede.

Cuento hasta tres y grito.

Dejo atrás toda mi puta mierda. Mis frustraciones. Mi tensión. Mi miedo.

Y, cuando acabo, me siento mucho más liberado. Se me saltan las lágrimas.

Me giro hacia él.

—Grita. Te vendrá bien —le recomiendo.

—Blake, estamos sangrando… —responde dolorido.

—Sinceramente, yo estoy peor por dentro —confieso, y él me da la razón.

Asiente antes de ponerse a mi lado y pegar un grito de lo más gutural.

—Uf —dice tras un momento.

—Sí, uf.

Me abraza con cuidado.

—¿Mejor? —pregunta, y yo asiento.

—Vamos.

No tardamos mucho en llegar al hospital más cercano. Al vernos, nos meten por urgencias al instante.

No voy a hablar del dolor que siento cuando me desinfectan la herida después de limpiarme la cara entera.

Kilian lo pasa mucho peor que yo. Su herida es mucho más grande, por lo que tardan más en darle puntos.

—Tengo que recoger a Sombra de casa de Dawn —me dice al salir—. O del veterinario. Ni siquiera sé dónde está…

Su voz se rompe al final de la frase y noto cómo la tristeza vuelve a mí.

Aún no entiendo qué cojones ha sucedido para que nos encontremos en esta situación. Para que él haya accedido finalmente a ir a las peleas. Quiero preguntarle, pero todo a su debido tiempo.

Suspiro y le cojo la mano. Ya me da igual. Me la pela que nos vean.

—Vamos a por ella —le digo intentando animarle, y en sus ojos veo un destello de esperanza. Por primera vez en toda la noche, su mirada se enternece.

Él entrelaza los dedos con los míos y volvemos al coche, de camino a recoger a Sombra.

—¿Qué le ha pasado? —digo, aunque en realidad esa no es la pregunta que quiero hacerle.

—Al llegar a casa, no me recibió como de costumbre. La encontré con una pesa encima…, inconsciente —responde apretando el volante con tanta fuerza que se le ponen los nudillos blancos.

La imagen del pomerania negro me viene a la mente y mi corazón se encoge.

—Joder…

—También se han cargado la casa entera. Está destrozada, pero lo que más me ha preocupado es que había un sobre con fotos nuestras, Jackson —confiesa—. Sabía que, si no iba esta noche, como poco ahora mismo esas fotos serían públicas.

—Tendrías que habérmelo contado —le digo—. Pero para intentar…

—¿Qué ibas a hacer? ¿Venir conmigo? —me responde con el ceño fruncido, frustrado. Coge aire antes de seguir hablando—. No podía hacer nada, Jackson. No sabía que también te querían a ti. Si no…, hubiera hecho las cosas de otra manera.

—Está bien… —digo suspirando.

—Tampoco tenía ni idea de que tu ex trabajase para mi padre. Lo siento —dice bajando el tono—. No tendrías que haber pasado por esto hoy. Mucho menos por mi culpa. Y, aun así, aquí sigues. Sentado a mi lado…

Le diría que no pasa nada. Que está bien. Pero tiene razón.

No salgo de este coche por lo que siento por él. No tengo intención de dejarle, pero está claro que tenemos que hacer algo. No podemos vivir así. Nos merecemos otra vida. Ser felices por un puto segundo.

—Y sobre cómo me has visto hoy…

—Para —le pido—. Para de culparte porque no es tu culpa. Y sobre lo que he visto de ti no hay nada que hablar.

Kilian coloca la frente en el volante, frustrado.

—Voy a llamar a Dawn.

Cuando enciende el móvil veo que son las seis de la mañana.

Ella se lo coge al segundo.

—¿Estás bien? —oigo que pregunta la chica, alterada.

—No. ¿Cómo está Sombra? —pregunta impaciente. Su pierna se mueve de arriba abajo.

—Ha despertado. Le han escayolado la pata, por lo que parece solo ha sido una rotura, pero estará un tiempo sin andar bien. Está aquí conmigo.

—Bien. Voy a buscarla. Con Jackson.

—Vale, ve con cuidado…

—Después de hoy, que me estrelle no me parece tan mala idea —bromea él, y le doy un codazo.

—No digas eso ni en broma, imbécil —le riñe Dawn.

—Ahora te veo…

—Gracias —le dice Kilian.

—Por nada. Quiero más a este perro que a ti.

Kilian niega con la cabeza antes de colgar. Acelera. La carretera está vacía a estas horas, así que le permite conducir con tranquilidad.

La tensión entre nosotros vuelve a crecer.

Joder… Por mucho que hablemos, ambos necesitamos digerir lo que ha pasado hoy.

Él su dolor por haber vuelto a luchar, por haber vuelto a perder el control.

Su padre. Sombra… Yo por haberme encontrado con Sylas de nuevo.

Por lo que significa que me haya arrancado el piercing de la ceja.

Porque he vuelto a dejar que me humille.

He vuelto a ser el Jackson de dieciséis años.

Y eso me destroza de la misma manera que lo hacía en aquel entonces.

Porque Kilian no ha podido protegerme esta vez y yo a él tampoco. Pero tenemos que salir de esta. Tenemos que seguir adelante.

Tenemos un torneo que ganar, una relación que construir y varios asuntos que cerrar. Porque está claro que ambos estamos implicados hasta el fondo.

Cada vez que lo miro, mi corazón se vuelve loco. Y no puedo tirar esto a la basura. No puedo. Otra persona en mi situación se marcharía. Dejaría a Kilian y se buscaría a otro sin complicaciones. Pero yo no puedo. No es lo que mi corazón me dicta. Tengo que luchar. Buscaré una solución.

Porque este chico de dos metros se merece que luchen por él. Se merece que le quieran. Se merece tener un apoyo. Todos lo merecemos. Y aunque la vida nos lo haya puesto difícil, solo es eso. Difícil, no imposible.

Así que rebusco entre las casetes de la guantera y pongo la que comenzó todo.

Veo cómo Kilian destensa el agarre del volante y me siento mínimamente mejor.

Pasamos varios minutos envueltos en la música de Taylor Swift y, aunque parezca la cosa más irónica del mundo, creo que es lo que necesitamos. Desconectar. Por lo menos hasta que lleguemos a casa de Dawn.

Kilian aparca y salimos del coche. El amanecer está comenzando a teñir el cielo de colores naranjas mientras él llama al timbre.

Cómo me gustaría besarlo ahora mismo. Está precioso con la luz anaranjada en su rostro. Pero no es el momento.

Dawn abre la puerta con Sombra en brazos y ahoga un grito en cuanto ve nuestro aspecto.

—Pero…

—No preguntes, porfa —le suplica Kilian, que se alegra cuando ve a Sombra con los ojos abiertos. Se acerca a la perra y le da un beso en la coronilla. Esta mueve la cola cuando su dueño la acoge en brazos e inspecciona su pata.

—El veterinario me ha felicitado por lo bien que le habías inmovilizado la pata —dice Dawn en un tono dulce.

Kilian sonríe levemente.

—¿Queréis quedaros en la habitación de invitados? —propone—. Estoy sola hasta el jueves y…, no sé…, siento que es lo mínimo que os puedo ofrecer.

Miro a Kilian.

Porque yo lo prefiero. Prefiero ducharme y pasar la noche con él, principalmente para que mi madre no se asuste al verme con estas pintas. También quiero dormir con él. No quiero que nos separemos ahora.

Recuerdo que llevaba un traje de lo más caro y se me encoge el pecho, porque está destrozado.

—¿Quieres? —me pregunta. Yo asiento—. Pues no se hable más.

—Gracias —le digo a Dawn, y ella hace un gesto despreocupado.

No sabe lo que significa un apoyo así en estos momentos.

Kilian deja a Sombra en el suelo para ver si puede caminar y, aunque está incómoda, logra andar. Aun así, la vuelve a coger para ahorrarle el mal trago.

Dawn nos guía por su casa hasta la habitación de invitados, que no es ni más ni menos que el doble de grande que mi propia habitación.

Después de darnos algo de comida, nos deja solos con Sombra.

—Si necesitáis algo, avisadme —nos dice antes de irse y cerrar la puerta.

Caigo rendido en la cama y cierro los ojos durante un segundo.

Noto la mano de Kilian cogerme el tobillo con delicadeza. Me deshace el nudo de los zapatos y me los quita cuidadosamente. Primero uno y después otro.

Que aún siga cuidándome cuando él tiene que estar mucho más cansado que yo…

El hormigueo que siento en la tripa cuando él está cerca vuelve para quedarse.

—¿Vamos a ducharnos? —me pregunta con un susurro—. Creo que necesito ayuda con los puntos…

Abro los ojos y lo veo arrodillado ante mí. Sus ojos grises conectan con los míos.

La luz del sol se cuela por la ventana y vuelve a cruzarle el rostro.

—Convénceme… —le pido, y él sonríe desde abajo. Se incorpora y, con cuidado, se acuesta encima de mí.

Y me besa. Por fin me besa. No sabía que lo necesitaba tanto.

Recibo sus labios con ganas y con suavidad. Entrelazo los dedos con el pelo de detrás de su nuca para atraerlo a mí.

—Cuidado… —dice tras sisear—. Los puntos…

Sonríe y me vuelve a besar.

—Venga, vamos.

Nos levantamos de la cama y, una vez en el baño, empiezo a desnudarme.

Oigo cómo Kilian resopla cuando me bajo los pantalones.

—No sé cómo me gustas tanto —dice a la ligera, y sonrío.

Sigue ahí nuestra química; esto no nos ha roto.

—Ven a demostrarlo —le digo antes de meterme a la ducha.

Kilian me sigue y abre el grifo. Ambos esperamos a que salga el agua caliente antes de mojarnos.

Veo que se fija en mi ceja. Coloca una mano en el lateral de mi cabeza y acaricia con cuidado la zona.

—¿Te duele? —susurra.

—Mucho. No te voy a mentir —le respondo. Me fijo en su costado y se me encoge el corazón—. Pero no más que a ti, está claro…

—Pero a mí me importas tú… —dice, y me da un beso rápido.

—Eres muy tonto. Lo sabes, ¿no?

—Por supuesto —dice contagiándome su sonrisa.

El vapor nos rodea poco a poco. Kilian toma la iniciativa y se mete bajo el agua, regalándome una de las mejores vistas que he tenido jamás.

—Ven aquí… —me pide al agarrarme del brazo suavemente y acercarme a él antes de juntar su cuerpo con el mío en un abrazo bajo el agua.

—Aquí no tengo el gel de café que tanto te gusta…

Le doy un golpecito juguetón en el pecho al reírme.

—Es que eres…

Él me coge del rostro y vuelve a besarme.

Cuando nos separamos para coger aire, Kilian aprovecha, se enjabona las manos y me las pasa por todo el cuerpo haciendo que me estremezca.

Sus caricias no son sexuales. Me está dejando claro que está aquí para mí. Que me cogerá si me caigo y que sabe que yo también lo haría por él.

Mi corazón se encoge cuando analizo detenidamente sus heridas. Intento contenerme. No quiero llorar.

Él se percata y abre el grifo de la ducha después de enjabonarse y rodear mi cuerpo en un abrazo de lo más íntimo.

Con cuidado de no rozarle ningún corte, le devuelvo el abrazo y escondo la cabeza en el hueco de su hombro tatuado.

No sé cuándo empiezo a llorar. Tampoco sé cuándo acabo ni cuánto tiempo pasa antes de que note de pronto un frío repentino.

Kilian sale de la ducha y rápidamente me vuelve a abrazar con una toalla que nos ha dejado Dawn.

—Vamos a la cama —dice después de secarnos.

Noto los ojos hinchados e irritados por el llanto mientras me acerco a la cama y me hundo bajo el edredón. Kilian no tarda en abrazarme por detrás y, tras unos minutos, dejo de temblar.

Los párpados me pesan.

—Jackson… —me llama en un susurro, pero apenas lo oigo—. Necesito que sepas que todas y cada una de las cosas que voy a hacer son porque te quiero, ¿vale?

Le respondo con un leve gemido y él se queda satisfecho.

Saboreo sus palabras.

«Te quiero, te quiero, te quiero».

«Yo te quiero más».

No sé si lo he dicho o lo he pensado, pero Kilian me besa en la nuca y me duermo entre sus brazos en cuestión de segundos por el agotamiento acumulado.