Amor contra las cuerdas Capítulo 42
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Capítulo 42

K ILIA N

No sé cuánto tiempo llevo luchando. Solo sé que no soy yo. No soy yo quien pega. No soy yo a quien cortan. No soy yo quien tira cuchillos al suelo y parte brazos.

Aunque eso es lo que hago. Me aseguro de que los oponentes no puedan seguir luchando.

Una pelea sin reglas es una pelea sin reglas. Y seguro que estos hijos de puta se lo piensan dos veces antes de volver a participar en algo así.

Controlo plenamente mis movimientos. No quiero que suceda lo que sucedió la última vez, y aunque no me sienta yo, aunque sea Killer quien esté al mando de mí ahora mismo, hay control en mi descontrol.

Por eso siempre los dejo al límite. Al límite de caer, de que no puedan andar, de que no puedan usar los brazos… Depende de cómo me pille.

Noto cómo me sangra el costado.

¿Quería sangre? Aquí la tiene. Que la disfrute, porque esta va a ser la última vez que la tenga. O por lo menos la última vez que la voy a provocar yo a su nombre.

Por eso aprovecho. Quiero que todos recuerden lo que soy capaz de hacer, que soy una máquina de matar si me lo planteo. Que mi retorcido apodo no viene de la nada. Que un nombre así se gana a pulso.

Sonrío con la boca llena de sangre cuando el oponente cae y da una palmada al suelo, lo que finaliza este combate. Escupo la sangre mientras la gente grita de entusiasmo. Miro a mi alrededor.

—¡¿QUIÉN ES EL SIGUIENTE?! —grito al aire.

La gente da un paso atrás. Me río. ¿Ahora me tienen miedo?

De pronto, noto cómo alguien me coge por la espalda y me coloca un cuchillo en el cuello.

¿Es que van a estar todos armados?

Percibo cómo brota la sangre del pequeño corte que me ha hecho. Escuece, pero apenas lo siento, ya que tengo los nudillos en carne viva y varias heridas superficiales en la espalda. Ninguno ha tenido el valor de apuñalarme.

No tardo en quitármelo de encima. Con un simple codazo en el costado ya suelta el cuchillo.

Lo pateo con todas mis fuerzas para que salga de la zona de lucha y desarmarlo.

Sin embargo, justo antes de pegarle el primer puñetazo, un grito destaca por encima de los demás. Y todo a mi alrededor se congela.

—¡¡¡KILIAN!!!

Está aquí. Lo han traído. Me está viendo. Empujo al tío al suelo con la fuerza suficiente como para asegurarme de que se quede ahí.

Algo cruje. Puede que su espalda.

Busco a Jackson con la mirada, pero no lo encuentro. A quien veo es a mi padre. Le tuerzo el gesto dándole a entender que ese no era el acuerdo, aunque, si lo pienso mejor, no hay ningún acuerdo de por medio.

Vuelvo a escupir al suelo.

Mi padre saca tres dedos para indicarme que solo me quedan tres combates.

¿De cuántos? No lo sé. Si me dicen que llevo toda la noche luchando, me lo creo.

Pero ya me da igual. Si esto lo aleja de nosotros, lo demás no me importa.

Prometí partir cabezas si hacía falta, y por Jackson partiría mucho más.

Sin embargo, no son tres los combates que me faltan. Porque no aparece un solo oponente, sino que salen tres a la vez. Me río antes de que se abalancen sobre mí.

Necesito acabar con esto.

Recibo los primeros golpes por avaricia, dejo que piensen que van a ganar. Les doy espectáculo. Pero en el primer momento en el que salgo de la lluvia de golpes que intentan darme, golpes que ni siquiera están bien ejecutados, cojo a dos contrincantes y les choco la cabeza.

Caen al suelo al segundo. El tercero me mira con los ojos como platos. Le hago un gesto para que venga, pero no lo hace. Sale corriendo entre la multitud.

Me giro hacia los otros dos y veo que intentan recomponerse, pero están más que aturdidos.

Me vuelvo hacia donde estaba mi padre, pero ya no lo encuentro.

La gente empieza a irse. ¿Sabían que este era el último combate? ¿Sabrían quién soy?

—Qué orgulloso estoy de ti… —oigo que dice alguien a mi espalda. Cuando me giro sobre mí mismo, me caigo de rodillas. No me quedan fuerzas para algo así.

Ignoro a mi padre cuando veo a Jackson escoltado, atado y con sangre por todo el lado izquierdo de la cara.

—¡¿Qué le has hecho?! —le gruño cogiéndolo de las solapas de la chaqueta de su traje.

Él se ríe. Sus hombres se acercan.

—Yo no he hecho nada. Solo pedí que lo trajeran…

Giro la cabeza y veo quién lo coge.

Un chico alto con los ojos verdes.

No lo reconozco.

—Kilian… —oigo que musita Jackson por lo bajo.

Suelto a mi padre y corro hacia él.

—Dime que estás bien —le pido acunándole la cara en mis manos ensangrentadas.

Nunca pensé que tres palabras podrían volverme tan loco como lo hacen estas tres:

—Es mi ex —dice con un hilo de voz ahogado.

Levanto la mirada lentamente.

Me falta tiempo para romperle la nariz a ese hijo de puta.

Intento seguir pegándole, pero me cogen varios hombres y me arrancan del que fue el maltratador de mi novio.

—ESTÁS MUERTO —le amenazo, y él sonríe.

Le acaricia la cabeza a Jackson y este se encoge aún más.

Joder… Tengo que sacarlo de aquí.

Cuando los matones de mi padre me sueltan, caigo al suelo apoyado sobre las manos. Me levanto al segundo.

—Nos vamos —le digo a mi padre, y él asiente.

—Luego te transfiero lo que has ganado hoy —dice cruzado de brazos, sonriente.

—Ni te molestes.

Hace un gesto al ex de Jackson, o a su súbdito, y este le desata las manos.

—Encantado de volver a verte —le dice a Jackson mientras este corre hacia mí.

No dudo ni un segundo cuando le pongo la mano en la espalda y salimos corriendo de allí.