Capítulo 38
K ILIAN
No tardamos en llegar. Pero Jackson no quería dejar su moto, así que al final fuimos cada uno por su lado. Y el ansia por volver a toc arlo me está matando.
Nada más llegar, me acerco a él y lo acorralo contra la puerta antes de entrar. Sus labios me reciben con ganas, sin dudas y sin miedo. Y, cuando nos separamos, me cuesta abrir la puerta más de lo normal. Me tiemblan las manos. ¿Tan nervioso estoy?
Sombra nos recibe saludándonos a los dos, pero cuando ve que no tiene mucho que hacer, vuelve de nuevo a su cama.
—Hoy te toca a ti —le digo subiendo las escaleras hacia mi habitación.
—Ah, ¿sí?
Él se muerde el labio inferior. Y me da una palmada en el culo mientras subimos con prisa como dos adolescentes.
Cuando llegamos a mi habitación, Jackson se quita todo menos los bóxers, algo abultados. No quiere perder ni un segundo, lo veo en la ferocidad de su mirada. Así que yo hago lo mismo.
—Acuéstate —me pide, y yo le hago caso, exponiendo mi calavera ante sus ojos. De pronto, noto un vértigo indescriptible en el pecho, pero él se recuesta sobre mí sin dudarlo y todo desaparece.
Jackson va dejando besos por toda mi columna vertebral. Por todo el tatuaje.
Me roza con los labios los omoplatos, el costado, la espalda baja… No deja ninguna zona sin cubrir.
Pasa la lengua lentamente por el centro hasta llegar al dobladillo del bóxer. Me muerde un glúteo. Jadeo.
Oigo cómo su respiración se vuelve más profunda conforme me masajea los glúteos por encima de la fina tela de licra.
No tarda demasiado en deshacerse de mi ropa interior. Me la baja. No me pide permiso. Reclama lo que es suyo. Y me besa el glúteo derecho.
Intento no ponérselo tan fácil y no gemir nada más empezar, pero me arrepiento al instante.
Basta de juegos.
Basta de rodeos y fachadas.
Gimo de placer cuando su lengua acaba rozando mi entrada con delicadeza.
Jackson profundiza sus movimientos. No se demora en explorarme. Lo hace sin dudarlo y no tarda en hacerme gemir.
Se me eriza la piel cuando llega más hondo.
Miro por encima del hombro, y la imagen de Jackson apartando mis glúteos con las manos y con la cabeza entre mis piernas, hace que se me ponga completamente dura. Y cuando me mira a los ojos, algo se estremece dentro de mí.
—Jackson…
—Calla… —me ordena con la mirada ensombrecida.
Mi rabo palpita, aprisionado contra la cama.
Como si me hubiera leído el pensamiento, me coge por la cintura y me levanta las caderas, dejándome completamente expuesto ante él.
Coge mi polla por debajo de mis piernas y empieza a pajearme mientras sigue comiéndome.
—Joder… —gimo contra la almohada.
—¿Te gusta? —pregunta mientras coge aire.
Mi manera de hacerle saber que no solo me gusta, sino que necesito más, es cogiéndole la nuca y aprisionándolo contra mí.
Jackson gime en mi entrada.
Baja y pasa la lengua por mis huevos hasta llegar a mi polla, la cual alinea con mi culo, tensando la erección. Se mete la punta de esta en la boca y succiona varias veces mientras la rodea con la lengua.
Cojo las sábanas con fuerza y arqueo aún más la espalda.
Gimo más fuerte y mis caderas se mueven instintivamente contra su boca. Sus movimientos se vuelven más seguros, más firmes. Lo escucho gemir y eso solo me hace querer más. Sus manos sostienen mis caderas y me mantienen en posición mientras su lengua trabaja para abrirme y prepararme.
Sube despacio, besando mi piel caliente mientras vuelve a mi boca. Me abre poco a poco usando los dedos para asegurarse de que estoy completamente listo.
Tras un momento de gemidos y estimulaciones, nota mi impaciencia, alinea su polla con mi entrada y empieza a abrirse paso en mí con cuidado, observando cada expresión en mi rostro mientras lo hace.
Me muerdo el labio y me aferro a él con más fuerza.
Clavo las uñas ligeramente en su piel. Establece un ritmo lento al principio, permitiéndonos a ambos acostumbrarnos a la sensación.
La conexión entre nosotros es intensa, cada movimiento, cada susurro, profundiza nuestra intimidad.
El calor y la fricción nos envuelven, y pronto me encuentro perdiéndome en el placer de estar con él de esta manera.
Porque él no lo sabe, pero esta es mi primera vez siendo pasivo.
Y madre mía…, la sensación es indescriptible.
Noto cada centímetro de él bombeando en mi interior. Como si siempre hubiera pertenecido ahí.
—Quiero mirarte a la cara… —dice al sacarla de mi interior. Al instante, me siento vacío.
Me giro sobre mí mismo, y él coge mis piernas y se las apoya en los hombros antes de escupir en su pene para volver a lubricarlo.
La mete entera de un empujón y la noto en lo más hondo de mi cuerpo.
—Madre mía… —gimo, y Jackson frunce el ceño al tiempo que sonríe con picardía.
Me siento por completo mientras se abre paso dentro de mí.
Baja el ritmo notablemente y tuerzo el gesto.
—Dame… —le pido y él niega con la cabeza.
—Quiero que notes todo… —me dice mientras, despacio, sale de mí por completo y vuelve a embestirme con la misma lentitud.
Mi cuerpo lo envuelve al completo cuando la introduce. Siento cada pliegue de su piel en mi interior, cada centímetro. También cómo palpita, antesala del orgasmo.
Mi pene me babea todo el abdomen de lo cachondo que estoy. Él se da cuenta y lleva su mano allí para luego meterse el pulgar lleno de mi líquido preseminal en la boca y tragárselo.
Me mira mientras lo hace. Su nuez se mueve mientras traga.
Y, como siga provocándome así, me corro.
Su ritmo se vuelve más duro, pero no me hace daño; su agarre en mis tobillos se vuelve más fuerte y sus abdominales se contraen antes de fruncir el ceño y torcer el gesto.
Me corro sin tocarme cuando me advierte con la mirada que él está a punto de hacerlo.
—Joder… —susurra Jackson cuando se da cuenta de que he llegado al orgasmo, e intensifica sus estocadas aún más antes de acabar dentro de mí unos segundos después.
Lo sé porque noto la calidez mezclada con la humedad en mi interior.
La sensación me deja estupefacto.
Sediento.
Con ganas de más.
Jackson hace el amago de sacármela, pero lo freno cogiéndolo de la cadera.
—Ni se te ocurra pensar que hemos terminado —le advierto, y él se ríe.
Nuestras respiraciones se unen mientras nos recomponemos.
Él une su frente con la mía.
—Tengo para ti todo lo que quieras —afirma antes de besarme, exhausto.
Le devuelvo el beso y sonrío.
—¿Me dejas follarte en la ducha? —me pregunta.
Y no tardamos ni dos minutos en ir a por la segunda ronda.