Amor contra las cuerdas Capítulo 36
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Capítulo 36

K ILIAN

Estoy sentado en la silla de la psicóloga, mirando la pared blanca. Hacía tiempo que no venía, pero lo necesito. Ahora más que nunca.

Silvia me mira, pero no me presiona. Por eso me gusta tanto: porque me ayuda a desenredar mi cabeza y a entenderme mejor.

Paso las manos por mis vaqueros y siento el sudo r en las palmas. Lo sé, sé que tengo que hablar de ello, pero no quiero, no… puedo. Pero tengo que hacerlo.

—Kilian, ¿quieres hablar de nuevo de lo que pasó esa noche? —me pregunta con esa voz tranquila que me pone más nervioso aún.

Asiento, pero no sé por dónde empezar. Mi garganta está seca y el corazón me late como si quisiera salírseme del pecho.

Cierro los ojos y ahí estoy de nuevo: en la pelea, con el calor de las luces sobre mí, el olor del sudor, con la adrenalina inundando mis venas.

Era solo un adolescente como yo, apenas un poco mayor.

¿Qué tendría?, ¿diecinueve?, ¿veinte años?

Ambos nos mirábamos con miedo disfrazado de furia.

El público nos rodeaba clamando sangre, espectáculo, como si fuéramos dos animales en una arena.

No había escapatoria. Era pelear o decepcionar a mi padre y perder mi vida, así de simple.

Y yo…, yo solo quería que todo acabara y volver a casa.

—Lo veo todavía —le digo finalmente a la terapeuta, abriendo los ojos. El recuerdo está tan fresco como si hubiese pasado ayer—. Veo sus ojos, el miedo, el… vacío de cuando todo terminó.

Ella me hace una señal con la cabeza y me anima a continuar. Me quedo en silencio un momento, como si las palabras se negaran a salir.

—Todo pasó demasiado rápido. Ni siquiera sabía lo que estaba haciendo.

Estaba en piloto automático. Él lanzó un puñetazo, yo lo esquivé y luego…

lo golpeé. Una, dos, tres veces. Y la última vez…

—mi voz se rompe y trago saliva—, lo tiré al suelo y se desnucó.

Hubo un crujido. Ese sonido… me persigue en mis pesadillas cada noche.

Me inclino hacia delante, apoyo los codos en las rodillas y trato de no perderme en el recuerdo.

«No fue solo un accidente, Kilian. Sabías lo que hacías», dice mi voz interior, pero la terapeuta solo escucha.

—¿Qué pasó después? —pregunta ella, suavemente, incitándome a seguir hablando.

—Silencio. —Eso fue lo peor—. Todo se quedó en silencio.

Los gritos se callaron de repente. Él no se levantó.

Yo solo… —aprieto los puños y las uñas se me clavan en las palmas— me quedé allí, de pie, mirándolo.

Su sangre… Había sangre, pero era más el sonido…

, el silencio, como si todo se hubiera apagado de golpe.

Ni siquiera pude correr. Me quedé paralizado mirando su cuerpo, sabiendo que lo había hecho yo.

Que fui yo quien había terminado con su vida.

Empieza a dolerme la cabeza. Silvia me da un momento mientras intento soportar el peso del recuerdo.

—¿Cómo te sientes ahora cuando piensas en eso? —pregunta ella, llevándome de vuelta al presente.

¿Que cómo me siento? No sé cómo describirlo. Parte de mí se siente como una mierda. Otra parte… está entumecida. Pero sobre todo siento que me define. Ese momento cambió quién soy. Cambió todo. Me hizo lo que soy hoy.

—Siento… que no puedo escapar de eso —le digo finalmente—.

De las hostias que me daba mi padre cada vez que me escondía en casa con tal de no luchar.

De todo lo que vi. No…, no sé. Después de que mi madre falleciera, fue como si me hubiera ido con ella.

Siento que no importa lo que haga, que mi pasado siempre va a formar parte de mí.

—Cojo aire—. Y lo peor es que ahora Jackson lo sabe.

Se lo dije y lo vi tan asustado… Me miró con miedo, con duda.

Y tal vez no pueda soportar estar con alguien que ha vivido y hecho lo que yo hice.

Silvia asiente sin juzgarme, como siempre.

—Tal vez no puedas cambiar lo que pasó, Kilian —dice ella—. Pero está en tus manos cambiar el ahora.

Asiento, aunque no estoy seguro de que eso sea posible.

—Eso es lo que más miedo me da —le digo—. Que no importa cuánto quiera ser mejor; siempre seré esa persona que cometió un error tan grande que no tiene vuelta atrás.

Mi voz se apaga y me doy cuenta de que todo esto no es solo sobre lo que pasó. Es sobre cómo me afecta ahora. Es sobre los ojos marrones de Jackson con ese matiz de terror. Sobre el miedo de que nunca me acepte, sobre el miedo repentino que me da solo pensar en perderlo.

Y eso…, eso es lo que más me acojona.

Perderlo.

Mis piernas suben y bajan incontrolables, el ritmo marcado por la ansiedad que me consume por dentro. No quiero estar aquí, no quiero hablar más, quiero volver con Jackson y que me diga que todo está bien. Pero no. Eso no va a pasar.

Cierro los ojos e intento regular la respiración, pero lo único que logro es que las imágenes vuelvan con más fuerza, mezclando la pelea de hace años con la discusión de ayer.

«¿Que qué, Kilian? ¿Que me daría igual que hayas matado a alguien? Joder, estoy en la mierda pero no soy tan gilipollas, ¿sabes?».

Cojo aire y lo suelto por la boca lentamente.

—No sé qué hacer con Jackson —confieso, y ella asiente.

—¿Quieres reconducir la conversación por ahí?

Aprieto la mandíbula y junto las manos, buscando un mínimo de apoyo.

—Es lo que necesito.

Silvia termina de escribir una frase y cierra el boli con un clic que me pone aún más nervioso.

Trago saliva. Mi garganta está seca y áspera, pero consigo hablar.

—No…, no se lo tomó bien. Él también tiene un pasado duro y…, en fin…, no tendría que habérselo contado así.

Silvia asiente de nuevo.

—Vale, entonces ¿ahora te sientes culpable por habérselo contado?

—No…, no lo sé. En cierta parte me siento algo liberado por haberlo hecho, pero a su vez, todo ha vuelto.

La culpa por lo que pasó, el miedo que me cogieron mis amigos, mi padre sacándome del instituto, cómo poco a poco me quedé solo…

—Trago saliva. Las piernas me tiemblan desenfrenadamente—.

Me da miedo volver a quedarme solo. Me acojona perderle a él…

Ella escribe y escribe, y yo intento no romper a llorar. Silvia coge un folio y dibuja dos círculos grandes, uno dentro de otro.

—Mira, Kilian…, este círculo —indica señalando con el boli el que está en el interior— representa todo lo que está en tu mano: tus decisiones, tu culpa, cómo haces las cosas…

Va anotando estas cosas dentro del círculo.

—Y en este están las del resto. Estaba en tu mano contarle esto a Jackson. Pero su reacción no tiene que ver contigo. Tú solo puedes controlar lo que sale de ti y cómo gestionas lo que sale de los demás.

—Pero… —le digo torciendo el gesto.

—Escúchame, por favor. Tú has hecho lo correcto. Ahora hace falta tiempo para que todo se airee y tome una nueva perspectiva. Especialmente porque Jackson tiene que digerir lo que le has contado.

Dejo que sus palabras me calen hondo.

Tiempo. El maldito tiempo…

Pero sí, puede que tenga razón y sea eso lo que necesitamos. Pero con los torneos y la liga…

Ella guarda silencio un momento. Siento que lo peor está por salir.

—Dices que no hay manera de arreglarlo, pero lo que te preocupa más ahora es cómo esto afectará a tu relación con Jackson. ¿Por qué crees que reaccionó así? —me pregunta. Aunque en su tono no hay juicio, me hace sentir expuesto.

—Porque soy peligroso. —Esas palabras me queman al salir, pero lo hacen solas—. Maté a alguien, y, aunque fue hace años eso no cambia el hecho de que soy capaz de hacerlo, ¿no? ¿Cómo podría Jackson querer estar conmigo sabiendo eso?

»Sé que no me va a perdonar —continúo con la voz temblando—. No debería hacerlo. Y duele. Porque con Jackson…, por primera vez en mi vida…, sentí que alguien me veía como Kilian y no como Killer, ¿sabes? Y ahora todo se ha ido a la mierda.

La terapeuta se inclina un poco hacia mí, sus ojos llenos de una empatía que no siento que merezco.

—Kilian, todos cometemos errores, algunos más grandes que otros. Pero lo importante es cómo lidias con ellos. Jackson necesita tiempo para procesar lo que le has dicho, y tú también necesitas tiempo para procesar cómo te sientes al respecto.

—No sé si el tiempo será suficiente —insisto. Mi mirada se clava en el suelo—. Lo vi en su cara. Lo asusté. Soy lo último que quiere en una relación. La violencia. La muerte…

Silvia me detiene.

—¿Tú le has demostrado que eres eso? —me pregunta con calma y suavidad.

Niego con la cabeza al instante, porque siempre me he esforzado en mostrarle lo mejor de mí. En hacerle sentir bien.

Y por eso cada segundo que pasa sin una llamada, sin un mensaje, me destruye más. Estoy intentando darle espacio, pero la espera es insoportable.

Ella suspira.

—Kilian, no tienes que tener todas las respuestas ahora mismo. —Su voz me llega como un eco—. Lo más importante es que te des permiso para sentir, para enfrentarte a este dolor y encontrar una forma de sanar.

Sanar parece imposible cuando todo lo que quiero es volver atrás, pero no puedo. Ya está hecho.

Me recuesto en la silla, exhausto, y cierro los ojos. Y el vacío de su ausencia… es peor que cualquier golpe que haya dado en ese maldito ring.

Me doy cuenta de que Jackson es todo lo que necesito. Porque si decide que no puede estar conmigo, no sé si podré con eso y con mi padre a la vez…