Amor contra las cuerdas Capítulo 34
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Capítulo 34

K ILIAN

La coleta de Ann se mueve grácilmente con cada paso que da hacia mí.

Se acerca con una sonrisa que le ocupa toda la cara y, cuando llega a mí, me sa luda con dos besos.

—¡Madre mía! ¡Parece que no te veo desde hace años! —dice mirándome de arriba abajo—. Te veo genial, rey.

—Tú también estás estupenda —le devuelvo el cumplido, sonriente.

Unas gafas de sol con forma alargada le decoran la cara.

—¿Un vinito? —le pregunto cogiéndola del brazo.

—Sabes que no puedo decir que no a eso… —afirma, y ambos andamos hacia una terraza.

Yo sigo aún con ropa de deporte porque acabo de salir de entrenar a Jackson.

—Sé perfectamente lo que me vas a contar, así que dispara, ¡que estoy impaciente! —dice con un chillido agudo.

—¿Tan predecible soy? —le pregunto.

—La gente no tiene ni idea, pero para los que te conocemos… es fácil. ¿La historia que subiste ayer en su moto? Amor…, grita romance a los cuatro vientos.

Me pongo rojo al instante y niego con la cabeza, desviando la mirada.

—¡Ay, madre mía! ¡Que te has enamorado! —dice emocionada, juntando las manos—. Necesito que me lo cuentes todo.

El camarero llega y, mientras nos sirve las copas de vino, empiezo a contarle los acontecimientos.

Que nos liamos por primera vez en la discoteca, sin conocernos.

Que la segunda vez fue cuando ya le entrenaba, después de un estreno de mierda con Dawn.

Que la tercera fue antes de entrar en el primer torneo con intención de que mis labios se convirtieran en su fuente de nicotina…

Las peleas ilegales. La fiesta de Halloween. Su cumpleaños. Los guantes que le regalé…

Todo. Se lo cuento todo. Porque necesito contárselo a alguien y sé que Ann me va a apoyar en esto.

—¿Y cuándo lo vais a hacer público? —me pregunta. La sonrisa de su cara no ha desaparecido en ningún momento de la conversación.

—Pues… no tengo ni idea. Se supone que cuando Jackson acabe con la liga. El mundo del deporte es una mierda con estos temas, y a él le da miedo tirar todo por la borda solo por esto…

Ann se lleva la copa a los labios y se acaba el vino.

Levanta la mano y pide otra.

—A ver…, no hay mal que por bien no venga.

Él está consiguiendo campañas y promociones buenas por ser quien es.

Pero acaba de empezar. ¿Tú sabes cómo lo petarían unos referentes LGBT como Jackson y tú?

¡Y más con esta historia! La gente está deseando creer que esto es posible.

Vosotros podríais empezar a ser la luz al final del túnel para muchos.

Medito las palabras de Ann por un momento.

—Si aceptamos…, hacerlo público, digo, lo haríamos desde la normalidad. Ni comunicados ni nada. Quiero que se nos vea, que se nos descubra como podrían descubrir a una pareja heterosexual cualquiera.

Ann asiente.

—Lo mejor es eso, sí. En temas de marketing…

, a ver, está claro que muchas marcas van a rechazaros, pero también da por sentado que muchas otras os van a abrir los brazos de par en par.

No te preocupes por el trabajo, no creo que suceda nada.

En temas de boxeo…, creo que los dos podréis apañároslas.

Aparte, tú nunca quisiste formar parte de ese mundo.

Y cuánta razón tiene.

Que alguien se atreva a decirnos algo.

Cuando Jackson se vuelve una fiera en el ring, acojona hasta al más grande, y yo…, yo, si quiero, parto huesos con mirarlos.

Me encojo de hombros.

—Ya hablaré con Jackson sobre todo esto. Aún no hemos sellado ni cerrado nada. Estamos fluyendo. El hecho de que no puedan vernos también tiene su punto, ¿sabes?

Ann ríe y asiente.

—Ya me imagino… Pero, bueno, ¿tú estás feliz? —me pregunta.

—¿Yo? Es verlo y que desaparezca toda mi mierda. Lo único que me preocupa es mi padre, que se le ha metido entre ceja y ceja que pelee de vuelta en las ilegales. Hasta ha provocado el incendio del pabellón de Will.

Ann abre los ojos como platos.

—No jodas… —dice cogiendo su copa con más fuerza—. Te juro que, como os haga algo, corto cabezas…

Yo suspiro.

—Es todo tan jodido… —empiezo a explicarle—. Me molesta porque no quería meter a Jackson en esto, pero después de tantos años sin la presencia de mi padre por aquí, había olvidado que tiene ojos por todos lados, así que ya no hay forma de mantenerlo al margen.

—Lo sabe todo, ¿no? —me pregunta.

—Sí, por desgracia sí. Hasta lo conoce.

Ann mira a nuestro alrededor, claramente inquieta, como si tuviéramos a miles de personas observándonos. O a varios matones escondidos acechándonos. Con mi padre cerca nunca se sabe.

—¿Qué crees que es lo máximo que está dispuesto hacer para tenerte de vuelta? —pregunta con un susurro.

Antes de dormir, se me viene esa pregunta a la cabeza, pero siempre la evito. Porque no soy capaz de imaginarme un mal final para Jackson y para mí. No cuando justo acabamos de empezar a construir algo.

Suspiro de nuevo y mi pierna derecha empieza a moverse sola por la ansiedad. También me cuesta un poco más respirar.

—Todo —respondo sin duda—. Está claro que está dispuesto a todo, Ann.

Y muy en el fondo sé que estoy disociando.

Hago como si no existiese porque estoy acojonado por lo que pueda venir.

Me convenzo a mí mismo de que el incendio ha sido por culpa del estado del pabellón y no por mi padre —confieso—.

Pero no puedo mirar a otro lado. No puedo… Ni por mí ni por él.

Ann me coge una mano por encima de la mesa y me acaricia la piel con sus uñas recién hechas.

—Rey…, mírame —me pide, y lo hago—. Eres uno de los boxeadores más grandes de Las Vegas, y Jackson está en camino de serlo. No te olvides de eso. Sois mucho más de lo que creéis.

—Gracias, pero…

—Nada de peros, Kilian. En cuanto pase algo, me avisas. Tengo muchos colegas policías y, joder…, debéis ponerle solución más pronto que tarde. No tenéis que dar pie a que esto crezca todavía más.

—Es complicado. No creo que la policía pueda hacer mucho al respecto —digo. Desvío el tema porque si no lo hago…—. Pero gracias. Te avisaré si pasa algo.

—Vamos a salir de aquí, ¿vale? —dice besándome la mano. Me deja una pequeña mancha roja de pintalabios—. Y si empezáis a salir, creedme que vais a ser superpopulares entre los gais y las chicas. Ya me encargaré yo de ello.

No sé cómo lo hace, pero Ann siempre es capaz de arrancarme una sonrisa cuando me siento deleznable.

—Gracias… —le digo dándole un apretón.

—¡Por nada, hombre! —responde con un gesto de la mano, restándole importancia—. Dicho esto, ¿cuándo me lo vas a presentar? Que mucho «encuéntrale promociones…», pero no me llevo la parte divertida…

Se me escapa una carcajada y varias de las mesas de alrededor nos miran curiosos. Bajo la voz y sigo riéndome por lo bajo.

—Tenía que contarte lo que había pasado antes de nada. Aparte, que solo follamos, Ann.

—A ver…, estás pillado hasta las trancas. No hace falta ponerle etiquetas a nada, pero tu caso es obvio.

—No es tan obvio —me defiendo.

—No para tus seguidores heteritos, pero algún gay que te siga por tu físico seguramente lo haya pensado ya.

—Anda que…

—Es una realidad. ¿Quieres otra? —dice señalando su copa de vino, otra vez vacía.

Yo asiento y, al final, acabamos bebiendo mucho más de lo que esperaba.

—Hay una cosa que me reconcome por dentro —le confieso—. Necesito un consejo, Ann. Y necesito que seas sincera —suelto, dejando la copa sobre la mesa con un golpe seco—. Hay algo que Jackson no sabe. Algo que solo sabéis Will y tú.

Ann se pone tensa. Sabe perfectamente de qué estoy hablando. La atmósfera en la terraza cambia y se vuelve pesada, asfixiante.

—Lo de Killer —dice ella, en un susurro, inclinándose hacia delante para prestarme mayor atención.

—No sabe que es real —asiento, sintiendo cómo el aire se me escapa de los pulmones—. Él cree que es marketing, una marca para vender más entradas o intimidar a los rivales. Pero no sabe lo que pasó en aquel ring ilegal hace cinco años…

Me paso las manos por el pelo, hundiendo los dedos en el cráneo como si pudiera arrancar el recuerdo.

—Jackson viene de un pozo de violencia pura, Ann.

Me dio a entender que ha pasado por cosas muy feas y aun así me mira como si yo fuera lo más limpio que ha tocado nunca.

¿Cómo se supone que le tengo que decir que el hombre que lo abraza por las noches es un asesino?

Tengo pánico de que, en cuanto se lo diga, vea a Sylas reflejado en mí, y no quiero ser otro monstruo en su vida. No quiero que me tenga miedo.

Ann guarda silencio un momento, dándole un trago largo a su vino. Luego deja la copa y se inclina hacia mí, atrapando mi mirada con esa firmeza que la hace tan buena en lo suyo.

—Escúchame, Kilian. Su ex seguramente disfrutaba con el dolor.

Tú llevas cinco años muriéndote por dentro por un accidente que provocó tu padre.

Esa es la puta diferencia —dice con voz cortante—.

Pero tienes razón en una cosa: si no se lo cuentas tú, puede que tu padre lo haga.

Y, si lo hace, lo hará para destrozaros.

—Lo sé. Pero no sé cómo hacerlo sin romperlo.

—Busca un momento bonito —me dice Ann, suavizando el tono—.

Un momento en el que Jackson se sienta seguro, donde el mundo esté en calma.

No se lo sueltes como una confesión de culpabilidad en mitad de una crisis.

Hazlo con calma. Explícale que Jackson Blake es el motivo por el que quieres ser alguien distinto a Killer.

—¿Y si me deja? —la pregunta sale de mi boca antes de que pueda frenarla. Es el miedo más puro que he sentido jamás.

—Si Jackson es el chico que me has descrito, no se irá. Le dolerá, claro. Le recordará cosas feas. Pero tiene que saberlo sí o sí, Kilian. No puedes construir nada real con él si Jackson Blake está enamorado de una mentira.

Ann pone una mano sobre la mía y aprieta con fuerza.

—Díselo tú. Antes de que el pasado os alcance. Haz que entienda que ese nombre murió en aquel ring y que el hombre que tiene delante ahora es el que está dispuesto a ponerse contra las cuerdas por él.

Me quedo mirando el fondo de la copa, procesando sus palabras.

Ann tiene razón, pero el peso en mi pecho es insoportable.

Sé que tengo que hacerlo, pero el miedo a que el brillo de los ojos de Jackson se apague al descubrir quién soy realmente…

es algo para lo que ningún entrenamiento me ha preparado.

Suspiro antes de beberme el último trago de la copa de vino y Ann procede a pagar.

Tiene la manía de pagar siempre ella. Nos despedimos con un fuerte abrazo y acordamos que la avisaré si mi padre hace algo o si quiero llevar a cabo algún plan.

Aunque espero que no vuelva a hacerlo, o que, si lo hace, no sea tan pronto.

Porque, si sigue presionándome, estaré obligado a volver a las peleas ilegales.

Y no sé en quién me convertiría si acabo luchando de nuevo allí.

Voy algo contento por las copas de vino que me he tomado cuando me subo al coche.

Con el corazón en la boca, no tardo mucho en llamar a Jackson antes de arrancar. Él responde al instante.

—Oye, estoy de camino a casa. ¿Qué haces? —le pregunto. Oigo algo de barullo de fondo.

—Estoy con Dean y Sarah, que han organizado una fiesta y tal, ¿estás bien? —me pregunta, y sonrío.

Creo que, después de estos meses, el concepto de «bien» se ha ido perdiendo. Bien estaba antes, ahora… simplemente estoy.

—Pensando en ti y en lo que me apetece dormir contigo. ¿Te vienes o qué? —le pregunto, juguetón.

—Dame un segundo —me pide. Ni siquiera silencia el micrófono y escucho perfectamente cómo sus amigos no dudan y acceden a que venga a pasar la noche conmigo—. Vale, voy para allá.

—Perfecto. Te quiero mucho, lo sabes, ¿no?

—Joder, cállate —me pide, avergonzado—. Como te pongas así no voy, ¿eh? —me advierte. Pero oigo cómo se despide de sus amigos y sonrío.

—Te quiero aquí acostado en la cama…, tumbado bocabajo, desnudo…, todo para mí.

—Dame diez minutos —me pide, impaciente, y cuelga.

Hoy se acaban los secretos. Jackson tiene que conocerme al cien por cien si quiero tener algo sincero con él.

Sigo nervioso cuando llego a casa y recibo a Sombra.

Lo que quiero a este ser no es normal. La cojo y la tiro en mi cama, y empieza a corretear por ella, ladrando mientras gira sobre sí misma. La atrapo y empieza a lamerme la cara.

Me pego una ducha rápida y decido no ponerme nada más que una toalla.

Porque me encantará ver su reacción.

Enciendo varias velas y justo suena el timbre de casa.

Abro la puerta y Jackson se lanza a mis labios como si fuera la última vez que los fuera a besar.

Y me aterra pensar que lo que le voy a contar va a acabar con esto para siempre.