Capítulo 26 #3
La brisa húmeda nos acaricia, en contraste con el calor que emanamos. Y, sin darnos cuenta, la luna ha sustituido al sol y el cielo se ha llenado de pequeñas estrellas.
De pronto, Jackson se separa de mí y se tumba.
—Joder… —dice tapándose la cara con las manos.
—Ey… —digo poniéndole una mano en el hombro—. ¿Estás bien?
Jackson asiente entre temblores y se limpia rápidamente las lágrimas de los ojos algo avergonzado.
Se me encoge el corazón al verlo llorar.
—Abrázame —me suplica, y no dudo un instante en atraerlo a mí.
Jackson se tumba encima de mí y entierra su rostro en mi hombro.
—T-tengo el puto corazón a mil —confiesa tras unos segundos, y es cierto, noto sus pulsaciones chocar contra las mías.
Le acaricio la nunca lentamente.
—Eso es bueno, Jackson…
O eso creo.
Él aprieta un poco más el abrazo y se apoya sobre las manos para mirarme a la cara.
Por inercia, levanto una mano hacia su rostro y le seco las lágrimas.
—Gracias por volver a hacerme sentir así. De verdad que pensaba que…
Le corto con un beso.
—Como me vuelvas a dar las gracias por hacer lo mínimo, te juro que la vamos a tener.
Jackson desvía la mirada, inseguro, pero acaba asintiendo.
—Dicho esto, te escucho —le incito a continuar.
Él suspira y vuelve a apoyar su pecho en el mío.
—Nada… Llevo muchos años pensando que nunca más podría sentirme así con alguien, que, de algún modo u otro, estaba roto, ¿sabes?
Voy a rebatírselo, pero me pone un dedo en los labios.
—Pero tienes razón, si tengo que darte las gracias por algo es por entenderme y quedarte aquí conmigo. Por…, no sé. Por luchar por alguien como yo.
—¿Qué quieres decir con «alguien como yo»? —le pregunto, intentando entenderlo, aunque mi corazón se encoge con cada palabra suya.
—Tú eres fuerte, decidido, mucho más maduro que yo y has pasado por tanto… —Suspira—. A veces siento que soy un completo desastre comparado contigo —responde, su voz apenas un susurro.
Sacudo la cabeza y coloco una mano en su mejilla.
—Vamos a hacer una cosa… Cada vez que te sientas así, me lo dices. Porque si necesitas que te recuerde todos los días lo orgulloso que estoy de ti, lo haré.
Jackson desvía la mirada, pero le cojo del mentón para que me mire a los ojos.
—Tú también eres más que fuerte, maduro, y has pasado por cosas que nadie se merece ni en una vida entera. No te olvides de tu historia, Jackson. Todos se merecen a alguien que luche por ellos.
Sello lo dicho con un breve beso en sus labios.
—Así que vamos a hacer que dure.
—Vale… Perdona por…
—Cállate —le digo con dulzura y lo corto con otro beso—. Y disfruta.
Jackson suspira y deja caer todo su peso sobre mí. Rodeo su torso con los brazos y cuelo las manos por debajo de su camiseta para empezar a acariciarle la espalda.
Pasamos unos instantes así. Solos. Unidos bajo la luz de la luna. La dulce melodía de una guitarra empieza a sonar encima de nosotros y yo aprieto el agarre.
Inconscientemente, mi padre me viene a la mente y hace que se me estremezca todo el cuerpo.
Mierda…
Tenemos que hablar de eso.
Espero unos segundos, o minutos, disfrutando de su olor y su cercanía, hasta que formulo con cuidado las siguientes palabras.
—Jackson… —susurro—, respecto a mi padre…
Noto cómo se tensan sus músculos bajo mis brazos.
—Me da miedo lo que pueda hacerte si descubre esto —le confieso.
Pasan unos segundos antes de que Jackson responda.
—Tendremos que pensar en algo. Pero asumo el riesgo. Lo llevo asumiendo desde que te vi en las peleas ilegales. Somos fuertes, Kilian, algo…, algo podremos hacer.
—No es cuestión de fuerza, por desgracia… —digo antes de suspirar—. Mira…, mi padre es impredecible. Tiene muchos hombres a su cargo, así que tendremos que disimular de momento. No quiero que te vea como una debilidad mía, porque, como te hagan algo, juro que yo…
Esta vez es él quien aprisiona sus labios con los míos. Me atraviesa con la mirada.
—Podemos con esto —me dice firmemente—. Juntos , podemos con esto.
Me da un pico y continúa hablando.
—No es un problema que de momento sea un secreto.
Tampoco sé cómo se lo tomaría el mundo del deporte, o, mejor dicho, sí lo sé, pero no quiero vivirlo ahora.
No aún. Así que, si tengo disimular mis ganas de follarte en cada puto momento del día por nuestra seguridad y por nuestro futuro, créeme que puedo hacerlo.
—Toma un sorbo de vino—. Eso sí, si me vas a entrenar cada día, si vamos a estar juntos constantemente…
, vas a tener que regalarme tus noches si por el día no puedes ser mío.
Noto un calor indescriptible en el estómago.
—Hecho —le digo con un beso.
—Por cierto… —dice mirando al cielo—. Ya es de noche. ¿No crees que ya es hora?
Niego con la cabeza, incrédulo por su manera de hacer las cosas.
—Qué poco romántico eres —le rebato con una sonrisa.
Porque acaba de proponerme que lo hagamos. Así, sin escrúpulos ni rodeos.
—Llevo esperando esto meses, Kilian. Me vuelves completamente loco.
Perdona si estoy deseando comerte la polla desde hace un buen rato —dice follándome con la mirada.
Se muerde el labio antes de acercarse a mi cuello y mordérmelo antes de calmar el pequeño dolor con sus labios, generando una corriente de calor y electricidad que viajan directamente a mi rabo.
—Para… —gruño cuando Jackson se sienta en mis caderas y empieza a frotarse lentamente contra mí mientras sigue dejando besos y mordiscos por el cuello. Él ignora mis súplicas y continúa—. Para si no quieres que te folle aquí en medio, Jackson…
Él gruñe y se levanta poco a poco sin quitarme los ojos de encima.
La imagen de él con mi chupa de cuero rodeándole los hombros, la luz de la luna detrás y sus labios inflamados por tantos besos se me queda grabada a fuego en la mente. Pero no es hasta que me tiende la mano que mi polla se queja dentro de mis pantalones.
—Vamos al puto hotel —no me pide, me ordena.
Y yo no soy nadie para decirle que no. Así que cojo su mano y me levanto de un impulso, y en menos de cinco minutos ya estamos en el coche volviendo al hotel, con miles de promesas sexuales flotando entre nosotros.
Con mi mano en la palanca de marchas y la suya prácticamente en mi entrepierna, rozándome sutilmente la dureza con el pulgar mientras conduzco.
—O paras, o te juro que paro el coche y te follo contra el capó —le gruño por encima de la música.
—A lo mejor es eso lo que quiero… —responde él agarrando la erección con fuerza sobre mis pantalones, que empiezan a molestar bastante porque no queda hueco en ellos por lo dura que la tengo.
Niego con la cabeza.
—Quiero que la primera vez sea bonita, Jackson —le pido, aunque me cuesta una barbaridad no cumplir mi amenaza.
Este gruñe mientras apoya la cabeza en el respaldo y cierra los ojos.
—Joder, me gusta un montón ver cómo tu lado romántico lucha contra el sexual.
Justo veo que el semáforo se pone en rojo y freno.
Aprovecho el momento para cogerle de la nuca y aplastar sus labios con los míos.
—Me sorprende que aún no te hayas dado cuenta de que, contigo, ambos lados son el mismo.
Jackson me muerde el labio inferior. El semáforo se pone en verde.
—Acelera, entrenador, porque esta noche vas a tener que enseñarme cómo te gusta luchar de verdad —dice, pícaro, apretándome el muslo.
—¿Seguro que no lees libros de romántica? —le pregunto intentando controlar la risa.
Él me golpea el hombro con fuerza.
—Ale, ya no te digo nada más —responde cruzándose de brazos.
Le sacudo el pelo con ternura y decido seguirle el rollo.
—Esta noche… te voy a enseñar mucho más que eso, pequeñín.
Y cuando veo que la carretera está despejada, acelero. Piso el pedal y en menos de diez minutos estamos ya en el descampado frente al hotel.
Bajo del coche y, en cuanto miro a la entrada, el mundo se me cae a los pies.
—Jackson, ni se te ocurra bajar —le advierto.
Él duda unos instantes, pero cuando ve a mi padre a través del cristal del coche no duda un instante en salir.
—Y una polla —me rebate—. Hemos dicho que juntos, joder.
Y yo suspiro. La ansiedad empieza a crecer en mí hasta el punto de paralizarme.
No puedo permitir que le pase nada. Me pongo delante de él por inercia.
Arthur está simplemente apoyado en la columna frente a mi plaza de aparcamiento, con un traje gris impecable y esa calma gélida que siempre precede a un desastre.
Al verlo, dejo de ser el hombre que entrena a Jackson para volver a ser el niño de diez años que aprendió que el silencio de su padre era más peligroso que cualquier grito.
—Qué decepción, Kilian —dice sin levantar la voz.
Su tono es suave, casi aburrido—. Te he dado todo para que seas el número uno y tú lo tiras a la basura por jugar a los entrenadores con un desconocido.
He visto la pelea de hoy. Jackson tiene potencial, pero tú…
, tú eres el que me hace ganar dinero. O al menos lo eras. Me ha comentado Ruby lo que pasó.
Señala a Jackson con la barbilla con un desprecio que me revuelve las tripas. El aire se me queda pequeño en los pulmones.
—Vete de aquí… —le advierto. Mis manos tiemblan mientas me las meto en los bolsillos del pantalón.
Hacía seis años que no lo veía, que no lo tenía frente a frente, y ahora… la sensación que él me ha provocado toda la vida vuelve de lleno.
—Desde que te descalificaron y dejaste de pelear, mis cuentas han dejado de cuadrar.
—Da un paso hacia el coche, lento, dominante—.
No puedo apostar por alguien que se queda en la esquina del ring.
Las ligas oficiales te han cerrado las puertas, pero el circuito ilegal sigue teniendo sed de ti. Y yo tengo deudas que cobrar.
—No voy a volver —mi voz suena como un crujido.
Arthur sonríe. Es una mueca fría que no llega a sus ojos. Se acerca un poco más, lo suficiente para que el olor de su carísima colonia invada el ambiente.