Capítulo 25 #2
Se me escapa un quejido y él suaviza el agarre. Resopla y, antes de continuar masajeándome, pone una pierna a cada lado de mi cuerpo, sentándose justo detrás de mí.
El calor de sus dos manos en mis hombros me abraza. Vuelve a erizárseme la piel cuando su pulgar hace un poco de presión justo en la contractura.
Ignoro el hecho de que está rodeándome con su cuerpo y de que estoy sentado entre sus piernas.
Porque la culpabilidad y la pena protagonizan este momento y no me dejan disfrutarlo. No debería ser así.
«Es tu culpa. Solo tu culpa».
Detengo su mano al ponerle la mía encima.
—Para —le pido. Porque no puedo soportarlo. Las lágrimas amenazan con acumularse en mis ojos. Por la ansiedad y el miedo. No sé qué piensa de mí. Solo sé que necesito contarle cómo me siento. Por qué me comporto así…
Me giro como puedo y nos sentamos el uno frente al otro.
—Necesito que me escuches.
Kilian me mira a los ojos como suele hacer siempre. Parece meterse en mi alma y leer todo lo que está escrito en ella antes de asentir.
—Llora si tienes que llorar, Blake —me aconseja—. No hace falta que hablemos las cosas ahora.
—Pero quiero hacerlo —le corto, parpadeando para evitar que se me salten las lágrimas. Tomo aire y suspiro.
—Entonces, te escucho.
No quiero hablar sin pensar, así que ordeno las ideas antes de que vuelva a sentarse frente a mí.
—No espero que nada de lo que diga ahora justifique ninguna mierda que haya hecho —le aclaro y él asiente. Yo vuelvo a suspirar, nervioso—. Hacía muchos años que no me sentía así.
—¿Así cómo? —me pregunta, cogiendo mis manos entre las suyas suavemente. Agacho la cabeza, abatido. Mis dedos se entrelazan con los suyos por primera vez y, joder, encajan como una pieza en un puzle.
Se me agita el pecho como si estuviera advirtiéndonos a ambos del huracán de emociones que sucederá a continuación, porque rompo a llorar como nunca lo he hecho.
Él me recibe en sus brazos y no duda antes de acostarnos. Me rodea el cuerpo y dejo que todo salga.
Por mi mente viajan recuerdos como si de diapositivas se tratasen. Navajas ensangrentadas, hostias desprevenidas y amenazas descontroladas.
Todo me golpea como si estuviera asumiéndolo todo ahora.
Pero no estoy solo. Su brazo me acaricia la espalda sin miedo ni incomodidad. Me recuerda que está aquí conmigo.
—Ya está… Ya está… —susurra en mi pelo antes de besarlo.
Niego con la cabeza e intento incorporarme. Veo la mancha que he dejado en su camiseta y sollozo por última vez. Me separo un poco de él, porque necesito respirar. Cruzo las piernas y me siento.
—Solo he sentido esto una vez en mi vida —consigo decir sin tartamudear—. Pero lo que creía que era amor acabó convirtiéndose en lo peor que me ha pasado jamás.
»Conocí a mi ex cuando acompañé a Sarah a por hierba. Teníamos dieciséis años. No quería que fuera sola y, al final…, el que corría peligro era yo.
Río por los nervios y me limpio las lágrimas como puedo con la mano.
—Acabé siendo yo quien quedaba con él con la excusa de los porros, pero un día me besó y todo se fue a la mierda.
Ni siquiera sabía que me gustaban los chicos, pero él se convirtió en mi mundo y yo no me di cuenta.
En ese entonces, yo trabajaba y ayudaba a mis padres.
Iba a clase y todo era genial, pero, en cuanto lo conocí, lo acaparó todo.
»Al principio, la situación parecía normal.
Yo asumí que era bisexual y a mis padres no les importó, pero, poco a poco, la cosa se fue volviendo oscura.
Empezó a hablarme de problemas que tenía con lo de la droga, y, en ese entonces yo no lo sabía, pero él se desahogaba conmigo en la cama.
Porque lo que empezó como “probar cosas por experimentar”… se convirtió en sexo violento.
«Prometo que no volveré a hacerte daño».
Veo cómo Kilian tuerce el gesto antes de suspirar.
—Ven aquí —me pide, y le hago caso. Vuelvo a recostarme en su pecho y él me abraza de nuevo.
Noto cómo todo vuelve a ponerse en su lugar poco a poco, porque me siento demasiado bien junto a él. Y creo que es la primera vez que no me obligo a sentirme cómodo con el contacto físico. Surge natural, como si siempre hubiera pertenecido aquí.
—Cuando le das margen a alguien que no tiene límite, todo se va a la mierda, Kilian —le digo.
«Te necesito para respirar. Eres el único que me entiende».
—Me introdujo en las peleas ilegales haciéndome creer que solo valía para eso.
Porque, toda la ira que me provocaba la situación, yo la expulsaba allí.
Dentro de mi mente, se creó un personaje de lo más oscuro, sin alma.
Después de varias barbaridades, me bloqueó de todos lados y, así, desapareció de mi vida.
Justo después de enterarme de que nunca me fue fiel.
Estuvo follándose a otras personas mientras a mí me maltrataba y, en vez de pedir perdón, me bloqueó.
«No funcionamos. Si fueras más mayor, a lo mejor me entenderías».
— ¿Qué tipo de maltrato, Blake? —pregunta Kilian con la mandíbula tensa.
Aprieta el abrazo para hacerme saber que sigue aquí conmigo. No me he dado cuenta de que he vuelto a empezar a llorar.
—Me levantaba la mano sin dudarlo cuando algo no iba como él quería… —admito como puedo—. Fue un año muy duro. Encima coincidió con que me tuve que despedir de mis amigos, porque a mi padre lo destinaron a Londres. Pero, bueno…, siento que al mismo tiempo me ayudó a salir de ese pozo.
«Que te vaya bien, pequeño».
Eso fue lo último que escuché de su boca. Lo sentí como si me mandase a la mierda, porque después de ese mensaje me bloqueó para siempre y, a su vez, me salvó.
Vuelvo a sollozar por última vez. Me seco las lágrimas y lo miro. Veo que él también tiene los ojos llorosos.
—Te pido perdón por haberte tratado así. Pero volver a Las Vegas…, ver los lugares a los que íbamos después de tanto tiempo y descubrir que aún duele… ha sido mucho más duro de lo que creía. Y volver a sentirme así…
Kilian me alza el mentón, pero no me besa hasta que yo asiento.
—Gracias por contarme todo —dice al separarse de mí—. Entiendo que te han hecho daño en el pasado y que eso influya en ti de esta manera. Pero, joder…, no deberías haber pasado por algo así tan joven.
—Lo sé —digo y suspiro—. Pero ahora que todo está sobre la mesa, solo puedo pedirte paciencia.
—¿En qué sentido?
Nos miro a los dos y sonrío.
—Hace unos días ni siquiera era capaz de darle un abrazo a Dean. No toleraba el contacto físico, y mira ahora…
—Y yo abrazándote por la noche… —dice, negando con la cabeza, enfadado consigo mismo—. La próxima vez, me explicas cualquier cosa así, ¿vale?
—Vale, entrenador —respondo para quitarle hierro al asunto, y él frunce el ceño.
—No me llames así, idiota.
Le callo con un beso.
—Mira… Entiendo que no quieras empezar algo así con alguien tan complicado, pero… —Ahora quien me calla con un beso es él.
—No quiero empezar algo con alguien , quiero empezar algo contigo. Eso que te quede claro —dice antes de volver a besarme—. ¿Que tienes tus traumas? Todos los tenemos. Así que, ahora que me has explicado todo, si quieres, empezamos de cero.
Me tiende una mano y yo arqueo las cejas. La sacude, insistente.
—Eres muy tonto, ¿sabes? —digo cogiéndole la mano, y tira de mí. Caigo sobre él y aprisiona mis labios con los suyos.
—Créeme que lo sé —responde con una sonrisa antes de volver a besarme dulcemente—. Blake…, te voy a dar la paciencia que pides, pero esto es cosa de ambos —dice dando a entender que quiere que yo también ponga de mi parte.
El doloroso nudo que lleva apretándome el pecho durante todo el día por fin se deshace al saber que va a darme otra oportunidad, al saber que no lo he perdido.
Tomo aire por primera vez hoy y noto que llorar por Sylas y habérselo contado a Kilian ha hecho que las cosas cambien, por lo menos dentro de mí. Me noto liberado, mucho más ligero que antes.
—Paso a paso —le digo, y él asiente antes de darme un beso en la frente. Sigue acariciándome la espalda.
—Y con comunicación —me pide taladrándome con la mirada—. Se acabó el hacernos daño.
Suspiro.
Y no le digo que lo quiero de milagro.
—Vamos a intentar dormir, que mañana tienes la oportunidad de remontar este torneo —dice con un tono de esperanza que hace que una luz cálida se encienda en mi pecho.
—¿Tú crees? —le pregunto, esperanzado.
—Por supuesto, hombre. Hoy has perdido porque no tenías la mente en el ring, pero mañana vas a ganar como que me llamo Kilian Fierce.
Con una sonrisa, se acurruca a mi lado y yo me recoloco, juntando la espalda a su pecho.
—Y para motivarte un poco, si ganas, mañana tendremos nuestra primera cita —dice antes de besarme la nuca y pasar un brazo por encima de mi cintura.
—¿En plan serio? —le pregunto.
—Si eso es lo que quieres, por supuesto.
Lo medito por un segundo, aunque ambos sabemos la respuesta. Cojo aire y procuro frenar los latidos de mi corazón.
—Vamos a intentarlo —accedo.
Kilian aprieta el agarre de mi cintura y me pega aún más a él.
—¿Estas bien así? —me pregunta con un susurro, refiriéndose a que me está abrazando.
Y sí, por primera vez en muchísimo tiempo, siento que todo tiene sentido.
Asiento y él me besa de nuevo en la espalda.
—Buenas noches, Blake.
Ni siquiera me da tiempo a pensar en nada.
El latido de su corazón en mi espalda junto con su olor corporal me hipnotizan y me quedo dormido por primera vez en sus brazos.
Hace que me sienta seguro. Como si por fin formase parte de algo.
Como si por fin hubiera encontrado mi hogar después de tantos años a la deriva.