Amor contra las cuerdas Capítulo 23
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Capítulo 23

J ACKSON

«En este mundo siempre intentarán tenerte contra las cuerdas, pero yo nunca voy a dejar de pelear por tu esquina».

No sé cuántas veces leí eso anoche antes de dormir.

Me ha regalado los guantes de boxeo más bonitos que he visto en mi vida. Y la nota… Joder.

Tengo que parar de cagarla con él.

No puedo seguir así. Sé que liarme con Sarah lo ha destrozado, y verme pelear así… Es que soy un imbécil. Me dejo llevar muy rápido y hay veces…, hay veces que el cabrón de Sylas me viene a la mente. Y no me deja abrirme. No me deja portarme bien. No me deja ser yo.

Y eso me destroza. Y a él también.

Me tiemblan las manos cuando cojo los guantes y los meto en mi macuto.

Estos días, los nudillos han cicatrizado algo, aunque las costras siguen presentes.

Suspiro al ponerme el casco de la moto. Obviamente, Kilian no me ha recogido. Esta mañana temprano me ha mandado la ubicación exacta del torneo y la hora. Ni un hola.

Y sé que me lo merezco, pero me jode estar así con él. Porque, en realidad, en el fondo sé que me gustaría intentarlo. Pero, a su vez, mis traumas lo anulan todo y cuando la alegría desaparece solo quedan la ira y el miedo. Y él lo sabe. Lo ha vivido. Es normal que no quiera quedarse a mi lado.

Acelero la moto. Tengo cuatro horas de trayecto.

Comparo la sensación de la adrenalina al acelerar con la adrenalina que siento cuando él me lleva en su coche.

Cuando me pone a la ridícula de Taylor Swift, a la que ya le estoy cogiendo cariño por su culpa.

Cuando me coloca la mano en el muslo mientras conduce.

Cuando me venda las heridas o cuando me da placer como nadie.

Comparo todo eso con cómo me siento ahora: frío, vacío, solo…

Me siento como si hubiera perdido mi hogar.

Y queriendo. Porque, joder, la he cagado tantas veces que parece que lo he jodido todo a posta.

Pero es que… soy un cobarde. Ya está. Y ojalá tener el dinero necesario para ir a terapia y poder solucionar todo.

Pero no puedo. La terapia es igual de cara que necesaria y aquí, en Las Vegas, o pagas o te quedas con tus traumas para toda la vida.

Así que acelero.

Acelero por mí. Por llegar antes. Por fumarme un cigarro sin que me vea. Por intentar calmarme antes del torneo. Por ignorar los pensamientos intrusivos que me dicen que lo llame desesperado.

Acelero porque es la única sensación que tengo ahora mismo, y aunque soy consciente de que me puedo matar con la moto, me considero bastante buen conductor. Así que me permito acelerar y esquivo los coches como si de un juego se tratase.

Porque ahora mismo no puedo asumir que Kilian Fierce haya escapado de mis brazos.

Pero lo que sí sé es que voy a luchar por tenerlo de vuelta.