Amor contra las cuerdas Capítulo 22
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Capítulo 22

K ILIAN

En cuanto Jackson sale de la habitación, todo vuelve a desmoronarse.

Sé que lo que acabo de hacer tampoco ha sido muy ético, pero tenía…

, quería… reafirmarme de alguna manera. Darle a entender que la química que hay entre él y yo no es solo eso.

Que aunque se líe con otras personas, yo voy a seguir haciéndole sentir así.

Porque mi cuerpo reacciona al suyo como no lo hace con nadie más.

Y tenía que volver a dejárselo claro.

Pero cuando sale de la habitación, todo en mí vuelve a romperse.

Con el regalo que le he comprado en la mano, lo sigo escaleras abajo. La fiesta sigue exactamente igual: jóvenes bailando entre ellos, besándose, bebiendo…

Jackson se detiene en las escaleras y empieza a escanear la sala en busca de alguien. Tarda varios segundos, pero parece ser que lo encuentra cuando sale corriendo entre la gente como si fuera un torbellino.

Tiene su objetivo claro. Intento detenerlo, pero no lo consigo. Veo quién va a ser la víctima en cuanto uno la dirección de su mirada con una pareja de chicos.

—¡HIJO DE PUTA! —le grita a uno de ellos antes de separarlos y pegarle un gancho lateral al pelirrojo.

El chico da un traspié hacia atrás y casi se cae.

Abre los ojos como platos en cuanto ve quién le ha dado el puñetazo. Levanta las manos para defenderse, pero Jackson es invencible con su ira. Lo empuja y consigue tirarlo al suelo.

Mi corazón se encoge cuando veo que, tras varios golpes de Jackson, la sangre empieza a manar de la cara del chaval.

Sarah se abre paso en el corro que se ha formado y veo su cara de preocupación.

—¡No! —le grita, y corre a por él, pero la detengo. Pueden hacerle daño.

Cojo a Jackson del torso y lo saco del círculo de gente mientras recibo algún codazo y patada de su parte. Tampoco se corta en insultarme.

—¡Cálmate, joder! —le grito una vez subo las escaleras con él a cuestas.

—¡Le ha puesto los cuernos a mi mejor amigo! —grita mirándome con los ojos llorosos. Sus nudillos vuelven a sangrar.

Contengo las lágrimas. No puede pelear con los nudillos abiertos.

—¡Y qué! ¡¿No ves que no tiene nada que ver contigo?! —exclamo. Entramos en su habitación y Dean ya no está.

Aprieto con fuerza las asas de la bolsa de su regalo.

—No tienes ni idea de lo que nos hacía ese cabrón —se justifica señalándome con un dedo.

No distingo la sangre falsa de la verdadera en él.

—La violencia no soluciona nada , Blake.

Él resopla.

—¿Y lo dice la promesa de boxeo? —dice en tono de burla, y sus palabras calan hondo en mí.

Suspiro, derrotado. Veo en sus ojos que sabe perfectamente que ha tocado un punto bastante sensible.

—N-no quería…, mierda, ¡joder!

Veo que empieza a temblar cuando se acerca a mí.

—¿Por qué te esfuerzas tanto conmigo? —dice con los ojos llorosos.

La brillante luz de la luna ilumina la estancia.

La sangre de los nudillos de Jackson brilla, pero parece negra—.

¿No ves que estoy roto? —me pregunta tocándose el pecho—.

No estoy bien. No sé hacer nada bien. No puedo darte lo que quieres.

Doy un paso atrás, porque él se acerca peligrosamente. No puedo tenerlo más cerca ahora.

—¿No puedes o no quieres ? —le pregunto.

Se lo piensa un momento.

—Si te lo tienes que pensar, ya está —le digo, sintiéndome completamente imbécil.

—N-no…

—¿Sabes? He sido tan sumamente idiota que nada más recibir tu llamada he ido corriendo a comprarte un regalo. —Le tiro la bolsa a los pies.

—Kilian…

—Ya me cansa tanta ruina constante —espeto. Y con esas, me doy la vuelta y me largo. Antes de salir de la casa, veo que están ayudando al chaval al que ha pegado Jackson.

Suspiro de alivio al ver que está vivo. Porque ahora cada combate sin protección me hace viajar al accidente. Y eso remueve todo en mi ser.

Salgo de la casa y, aunque no hace frío, siento que hiela. Abro la puerta de mi coche.

—¡Kilian! —oigo que me grita, pero lo ignoro.

Meto una pierna en el vehículo y él me coge del antebrazo.

—Perdóname —me suplica. Veo que lleva en las manos la nota que iba junto al regalo.

—Entiendes que no puedo estar con alguien que me hace sentir deleznable, ¿no? —le pregunto, y él se queda petrificado.

Da un paso atrás como si estuviera en shock.

—De verdad, no quería… —Una lágrima cae por su rostro. En cuanto se da cuenta, se la seca con rapidez.

—Lo siento, Jackson. —Y, en cuanto lo digo, sé que no debería ser yo quien pida perdón.

Porque lo único que estoy haciendo es elegirme a mí.

Solo estoy poniendo mi salud mental por delante de él.

Es mi alumno por encima de todo. Y si me acerco a él de esta forma y me hace tanto daño, tengo que alejarme sí o sí por mucho que no quiera.

Lo tengo claro. No hay nada que pueda cambiarlo.

—Nos vemos en el torneo —le digo metiéndome en el coche, con el corazón latiéndome despacio, como si no fuera capaz de asumir que estoy cortando de raíz con el chico que me gusta—. Más te vale cuidarte bien los nudillos.

La imagen de mí mismo limpiándole las heridas me viene a la mente y es como un cuchillo clavándose en mis tripas.

Contengo las ganas de llorar.

La sangre falsa hace que todos sus tatuajes brillen a la luz de la luna. Está dolorosamente precioso.

—Cuídate —le digo con un hilo de voz antes de acelerar calle abajo y dejarlo atrás.

No tardo mucho en llorar cuando carga la cinta y suena la música que sé que ahora le pertenece.

Cuando aparco el coche enfrente de casa, me derrumbo como nunca. Dejo que salga todo.

Porque tenía razón. El dolor de unos nudillos ensangrentados no es comparable con el de un corazón roto.

Y me pregunto si él ahora mismo estará sintiendo los dos a la vez.