Amor contra las cuerdas Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

Gime en mi boca por asombro o por inercia, ya ni siquiera lo distingo. Su lengua me recibe con calidez y noto que el fuego en mi pecho se aviva aún más. No parece disgustarle que yo haya tomado el control, pero lo que está claro es que no se lo esperaba.

Puedo ser muchas cosas en el día a día, pero en la cama…

En la cama soy completamente distinto.

Interrumpo el beso para echarme un poco de saliva en los dedos. Él me mira expectante cuando estos empiezan a estimular su pezón derecho mientras mi boca hace lo mismo con el izquierdo.

—Joder, Kilian —gruñe, completamente excitado, presionándome con las manos la nuca para que no rompa el contacto.

—Si quieres que esto sea tuyo… —digo, y llevo una de sus manos a mi dura entrepierna—, te lo tienes que ganar.

Le pellizco el pezón y él se retuerce. En consecuencia, me aprieta más el rabo.

Hago una pequeña flexión para observarlo entero, y verlo con las mejillas encendidas y la respiración entrecortada me excita aún más. Mis pantalones le están grandes, así que su erección se marca sin cuidado y deja intuir un gran tamaño que me muero por saborear.

—Tengo unas ganas de probarte… —le susurro, y me tumbo a su lado para cederle el control—. Pero antes quiero que te dejes llevar. ¿No me querías para ti? Pues aquí me tienes, aprovéchalo.

Su mirada recorre mi cuerpo un momento, como si estuviera en un bufé y tuviera que decidir qué comer primero.

—Que sepas que te dejo el control porque es la primera vez… —dice él antes de bajarme los pantalones sin reparo. Mi miembro me choca contra el vientre dentro de los bóxers.

Jackson me mira desde mi cintura. Se coloca entre mis piernas y agarra la erección a través de la tela.

—Joder, sí que mojas —observa, pasando el pulgar por la punta.

Me estremezco de placer al instante. Necesito descargar. Necesito romper esta tensión que nos mantiene así. Anhelo hacerle mil maravillas y aun así me temo que no serán suficientes.

—Culpa tuya… —gruño, y echo la cabeza hacia atrás cuando noto su aliento a través de la tela. Me coge la erección con ambas manos.

Una oleada de placer recorre todo mi cuerpo.

—Qué mono eres —me vacila, poniendo los ojos en blanco. Lo fulmino con la mirada y, con precisión, me baja los bóxers y me libera al completo.

He lubricado tanto que, cuando me agarra la polla, un hilo de precum se me une al vientre.

Veo cómo se muerde el labio con los ojos brillantes. Lo primero que hace es lamer la gota que sale de la punta. Joder. Quiero ver esto todos los putos días de mi vida.

Gime de placer al tragar mi líquido preseminal y, como si una sombra lo hubiera poseído, se mete mi miembro entero en la boca. Sin preliminares ni dudas, me abraza entero y llega hasta la base.

No puedo evitar cogerlo de la nuca para guiarlo. Aunque no necesita ninguna guía, sabe perfectamente que lo que está haciendo me está volviendo loco. Gruño por el gusto.

Tras varias estocadas, saca mi rabo de su boca y empieza a masturbarme.

Solo escuchamos el sonido que hace su mano llena de saliva. Me ha dejado empapado, el muy cabrón.

—Blake… —le advierto.

Llevo días sin correrme y su lengua en mi capullo es poco menos que un éxtasis.

Jackson baja la mano a su entrepierna, la libera rápidamente y empieza a masturbarse. Ignora por completo mi advertencia y me coge los testículos suavemente pero con firmeza, antes de volver a tragarme por completo a un ritmo delicioso.

Su garganta emite un sonido angelical con cada penetración, como si me estuviera dando la bienvenida, como si en realidad siempre hubiera estado destinado a estar ahí. Mientras inserta toda mi largura en su boca, hace una presión exquisita con la lengua y ahí es cuando sé que lo voy a hacer.

—Tío, m-me… voy a…

Jackson saca mi erección de su boca, pero sigue masturbándome con fuerza.

—Yo también… —dice con ojos vidriosos—. Kilian… —me llama en un gemido.

—Dime…

—Fóllame la garganta… —pide sin reparo, y lo obedezco al instante.

Lo cojo de la nuca y él me recibe cálido, abrazando al completo mi polla a punto de eyacular. Hago lo que me dice mientras él alza una mano hacia mis abdominales y me acaricia sin cuidado, arañándome.

Gruño y muevo las caderas rápidamente. Tras un momento, intento sacar mi miembro de él, pero no me permite hacerlo.

—¡Jackson, mierda! —grito al correrme en su garganta.

Al hacerlo, noto en mi muslo cómo él también lo hace.

Abro los ojos y veo cómo se traga absolutamente todo sin apartar la mirada de mí. Mi rabo late en respuesta y no puedo evitar sonreír.

—Me ha encantado… —le digo.

Doy una palmada a mi lado y él se acerca a mí.

Lo beso delicadamente.

Me da igual que sepa a mí. De hecho, me pone incluso más.

—Que te quede claro que esto acaba de empezar… —susurra al separarse de mí.

Me incorporo en la cama y noto cómo me mareo un poco tras la intensidad del orgasmo.

Voy al baño para coger papel para limpiarnos y, de pronto, noto un gélido abrazo y me estremezco. Me acabo de apartar de él y ya echo de menos su cercanía.

Cuando cojo algo para mí, le lanzo el rollo a él y se limpia rápidamente.

Se sienta dándome la espalda y vuelve a ponerse los pantalones. Frunzo el ceño.

Jackson busca la camiseta y la coge del suelo para ponérsela. Acto seguido, empieza a ponerse los zapatos.

—¿Hay alguna parada de autobús cerca? —me pregunta con un tono de voz algo frío.

Frunzo aún más el ceño.

—¿De qué leches estás hablando?

Se gira hacia mí y me taladra con la mirada.

—No te voy a hacer conducir a estas horas.

Suspiro.

Se quiere ir…

—Quédate —le digo por impulso, pero me arrepiento al instante al ver cómo frunce el ceño—. Nada, déjalo —retiro la oferta, cojo los bóxers del suelo y me los pongo tras apartar la mirada de él.

Noto una presión en el pecho debido a la decepción.

—¿Quieres que me quede? —me pregunta, nervioso.

Y, por primera vez, cuando mis ojos chocan con los suyos, percibo algo que hace que la esperanza florezca en mi pecho, un sentimiento mucho más peligroso que cualquier pelea ilegal.

Porque el dolor de unos nudillos ensangrentados nunca será comparable a la agonía de un corazón que amenaza con romperse.