Amor contra las cuerdas Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

Asiento, anticipándome al dolor que viene a continuación. Pero las manos de Kilian se mueven con mucho cuidado. Se nota que sabe perfectamente el recorrido que va a hacer la venda, por lo que deshace la presión de la tela con una delicadeza indescriptible.

Poco a poco, mi mano va destapándose y sus dedos van tocándome más piel conforme retira la venda, acariciándome inconscientemente y generándome un mínimo placer que lucha con quitarle protagonismo al escozor de las heridas de los nudillos.

Tras acabar con la venda, la deja a un lado antes de suspirar aliviado.

—Además del dinero, ¿había alguna otra razón por la que estuvieras ahí? —me pregunta.

Moja una toalla en el recipiente con agua y la escurre.

—No. En la puta vida iría si no lo necesitase.

Él asiente, satisfecho.

—Bien. Esto va a escocer —me advierte.

«Lo sé».

Vuelve a cogerme la mano desvendada y me preparo mentalmente para el dolor justo antes de notar cómo presiona la toalla contra la herida, quitando la suciedad, la sangre seca y el sudor.

Me muerdo el labio por dentro intentando soportar el escozor que surge en la herida abierta. Incluso me tiembla el brazo entero.

Kilian se detiene tras limpiar la herida al completo. Cuando retira la toalla, me coge la otra mano.

—¿Tú por qué estabas ahí? —le pregunto, y él conecta su mirada ensombrecida con la mía.

Desabrocha la venda sin quitarme los ojos de encima. Aprieta la mandíbula, pero su agarre sigue siendo tan cuidadoso como antes.

Desvía la mirada. Inseguro de si responderme o no. Como si ocultase miles de secretos que nadie sabe. Como si el tener una novia falsa fuera el menor de sus problemas.

Veo cómo se le hincha el pecho tras coger aire.

—Yo tampoco he ido por voluntad propia —confiesa finalmente—. Joder, tengo el corazón a mil —dice, y se ríe nervioso.

—¿A qué te refieres? —le pregunto. Él tuerce el gesto.

—Mira, Jackson…, antes de contarte nada, necesito preguntarte una cosa —dice, y yo asiento. Suelta aire y niega con la cabeza—. ¿Tú…, tú también lo notas?

Mi corazón cada vez martillea más y más fuerte contra mi pecho.

—¿E-el qué exactamente?

Kilian se señala el corazón. Suspira, nervioso.

—Algo. Cualquier mínima cosa me vale —dice pasándose una mano por el pelo antes de añadir—: Porque cada vez que estoy contigo parece que se me va a salir el corazón del pecho.

Sus palabras calan en mí mientras sus movimientos no paran. Vuelve a dejar la venda junto a la otra y coge de nuevo la toalla.

Le tiembla el pulso antes de colocarla en mi mano. Tengo las pulsaciones tan aceleradas por su confesión que el dolor no es comparable con el de antes.

—No sé qué siento —suelto rápidamente, y sus ojos grises intentan leer los míos.

Desvío la mirada. Hago lo primero que se me pasa por la cabeza: con la mano que me ha curado antes, le cojo la muñeca con delicadeza.

Él me mira extrañado, pero su expresión se relaja en cuanto comprende mis intenciones.

Dejo su mano en mi pecho para que note mi corazón desbocado.

Exactamente lo mismo que él hizo el día de antes de los Locales.

No le digo nada, directamente le enseño lo que provoca en mí.

Mi mirada viaja desde su brazo hasta su hombro, para luego pasar por su cuello tatuado hasta su mandíbula, sus labios, su nariz… Finalmente, se conecta con sus ojos encendidos.

—Déjame besarte, Blake —me pide.

El calor de su mano en mi pecho desnudo viaja por todo mi cuerpo con pequeños relámpagos.

Por inercia, mis labios se entreabren y maldigo a mi propio cuerpo por reaccionar así cuando estoy con él. Bajo su brazo y de pronto siento frío donde estaba su mano.

Él sigue mirándome expectante, con la otra mano sobre la mía, con la toalla de por medio.

Abatido, retiro la mano y termino de limpiarme la herida yo mismo.

—No…, no voy a besarte si no quieres que lo haga —empieza a decir con la voz temblorosa, retirando la mirada. Noto un deje de inseguridad en su voz que hace que sienta un pinchazo en el estómago—. Perdona si he vuelto a…

—Kilian, mírame —le interrumpo, y él lo hace, penetrándome con unos ojos cargados de intensidad—. Estoy deseando besarte desde que te has quitado el pasamontañas. ¿Te queda claro? —le digo, y él traga, sorprendido—. No existe ningún puto momento en el que no te quiera besar.

—Pero…

—Pero siento que tenemos que hablar de todo esto antes de descontrolarnos.

Kilian desvía la mirada de nuevo.

—No es tan fácil, Blake — dice tras un momento.

—Soy más listo de lo que crees. Puedo entenderlo. Pero si no quieres…

—Ya sé que eres listo —gruñe, cortándome. Suspira—. Pero es jodido.

Dudo por un momento. Pero ya no tengo nada que perder.

—Pero ¿por qué?

—Porque todo el que conoce mi historia decide salir de ella.

Desvío la mirada hacia mis manos. Mi pecho se encoge al oír la sensibilidad de su voz.

—Dudo que estés más jodido que yo.

Kilian se pasa una mano por el pelo y un mechón negro le cae sobre la frente. Me contagio de su nerviosismo instantáneamente, porque a lo mejor sí que tengo que asustarme. A lo mejor sí que esconde algo de lo que me tenga que preocupar…

—Aún no me conoces —escupe—. No todo lo que reluce es oro.

Veo que su mirada me recorre los pies y el torso.

—Estás lleno de sangre —observa, evitando el tema. Exhala lentamente—. Mira…, vamos a ducharnos y te lo cuento todo, que estamos mugrientos.

De pronto, me viene a la cabeza el vídeo de él probando el gel, saliendo de la ducha.

—Pero separados —le aclaro.

—Sin duda.