Amor bajo sospecha (Hermanas Maxwell 2) Chapter 3 #12
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Chapter 3 #12

Durante todo el evento, Opal no dejó de mirar a Dave, a su hermana, a Parker, a sus empleados… Quería que todo estuviera un poco más que correcto. Le encantaba su trabajo, organizar y supervisarlo hasta el mínimo detalle. Todo controlado y perfecto.

—Te vienes a cenar, ¿no? —le preguntó Jade cuando el pase del catering acabó, mientras la veía apilar las bandejas y meterlas en unas oscuras fundas negras.

—Sí, claro —le respondió—. Me he traído otra ropa. La tengo en la furgoneta.

Opal cambió su discreto uniforme negro por un vestido del mismo color, ajustado y de mangas transparentes.

Se soltó el cabello y se subió a sus acostumbrados tacones altos.

Hacía bastante tiempo que no salía a cenar y, aunque fuera con su hermana y su cuñado, estaba dispuesta a verse y sentirse guapa.

Dave la miró dos veces al verla aparecer por la librería con su nuevo aspecto. Era imposible dejar de mirarla. Era imposible no pedirle una cita. Era imposible no exponerse a una negativa o a cientos de ellas, con tal de tenerla cerca.

—Vienes a cenar con nosotros, ¿no? —le preguntó Parker acercándose afectuoso.

Dave miró a Opal. Habría preferido cenar con ella, pero hacía tiempo que no veía a Parker.

—Si, claro —asintió viendo cómo Opal se acercaba a una mujer de cabello más corto y vestido de color azul.

Las dos juntas se dirigieron a ellos. Parker miraba orgulloso a Jade, que le sonreía con la misma devoción. Dave miraba fijamente a Opal, que le mantenía la mirada, con ligera desconfianza.

—Creo que somos los hombres más afortunados del mundo —comentó Parker sonriente—. Dave, te presento a Jade Maxwell —tomó de la mano a su prometida, entrelazando sus dedos con los de ella— y a su hermana, Opal. Él es Dave Malone.

—Hola —le saludó Jade sonriente, tendiéndole la mano—. Tenía ganas de conocerte.

Dave le sonrió besándosela, galante.

—Gracias. Yo también tenía ganas de…

—Sí, ya lo sé, de conocer a la psicópata de la última novela —hizo una mueca y levantó la mano—. Yo misma.

Dave sonrió, divertido, porque Parker le había puesto en antecedentes contándole cómo la había conocido.

—Creo que debo darte las gracias por permitir que me relacionara con ella, aunque fuera en papel —le comentó sonriente a Parker.

—Para según qué escenas tenías un doble —le sonrió Parker mientras besaba cariñosamente a Jade.

Opal miraba a Dave sorprendida por la cercanía y la familiaridad que mostraba con Parker. Dave no había dejado de mirarla.

—¿No querías conocer a Hunter Brown? —le recordó Jade—. Aquí lo tienes.

Opal miró a su hermana y volvió a mirar a Dave.

—Es una broma, ¿no?

Dave le guiñó el ojo con una media sonrisa. Atractivo, insolente. Satisfecho porque, finalmente, sí que iba a cenar con ella.

Parker empezó a andar.

—Vamos aquí cerca. Tenemos mesa reservada.

Salieron a la calle como si fueran un grupo de amigos. La noche los acompañaba. Solo Opal estaba seria y pensativa.

—¿Estás cansada? —le preguntó Jade a su hermana mientras los dos hombres iban por delante hablando animados.

—Lo normal, supongo —le respondió sin entrar en detalles.

—Me alegro de que se solucionara todo eso de los robos. Lo pasarías muy mal. Me tenías que haber llamado.

Opal asintió.

—Sí… Bueno, no quería preocuparos… Por lo menos el negocio no se ha resentido. Los Cross no celebran tantos eventos, pero en compensación me han recomendado a sus amigos, así que me va muy bien.

Llegaron a un pequeño y elegante restaurante.

El maître los acompañó a una mesa para cuatro, donde se sentaron juntos por parejas.

Opal se encontraba bastante desanimada e incómoda.

Le costaba actuar como si nada hubiera pasado entre Dave y ella, y ni Parker ni Jade sabían nada.

Se excusó para ir al baño. Necesitaba estar sola unos segundos.

Quería disfrutar de la velada y no quería contagiar a nadie de su frustración.

Se lavó las manos para refrescarlas y se salpicó ligeramente la cara.

Pensaba que Dave estaba terriblemente atractivo.

Lo que le faltaba era que Parker le dijera que se había inspirado en él para el protagonista de sus libros.

Llevaba fantaseando con ese personaje desde su primera novela.

Volvió a resoplar antes de salir al pasillo.

—¿Cómo te encuentras? —le preguntó Dave, que estaba esperando a que ella saliera.

—No sabía que conocías a Parker —le dijo al pasar por su lado sin mirarlo.

—Hay muchas cosas de mí que no sabes.

—Pero seguro que viste el libro en mi casa —Se detuvo para mirarlo.

—¿Qué querías que te dijera? ¿Sabes que se inspira en mí para crear a Hunter Brown?

Opal hizo una mueca.

—Me iba a acostar contigo igual, ¿no?

Dave hizo una mueca asintiendo, vanidoso. Opal negó con la cabeza y siguió andando.

—Opal, a veces hay que hacer cosas que no gustan.

No te podía decir nada. Tenía que investigarte, estar seguro de tu inocencia.

No me acosté contigo para utilizarte. Por favor, mírate —.

La sujetó con suavidad por el brazo y la miró de arriba abajo—.

Cualquier hombre desearía acostarse contigo. ¿Acaso tú no querías lo mismo?

Opal se encogió de hombros. ¿Acostarse con él?

—Supongo que sí.

—La atracción era mutua.

Opal asintió en silencio, confirmándolo.

—Y lo sigue siendo —dijo Dave con seguridad.

Opal fue a replicar, pero cerró la boca. ¿A quién iba a engañar? No podía quitárselo de la cabeza por más que lo hubiera intentado.

Dave dio un paso más hacia ella, apenas dejando espacio para que corriera el aire. Se fijó en sus labios. Bonitos, perfilados, entreabiertos, y reclamó su sitio sobre ellos sujetándola por la cintura.

Opal se dejó convencer participando solo a medias.

—¿Me lo vas a poner difícil? —le susurró abrazándola por la cintura con más fuerza.

Opal no le respondió. Seguía con los ojos cerrados tratando de pensar, tratando de encontrar una razón para negarse.

—No me importa —le dijo él—. No pienso dejar que te vayas de mi lado. Te quiero conmigo, ahora y siempre.

—¿Por eso he estado tanto tiempo sin saber de ti?

Abrió los ojos y le mantuvo la mirada, retadora.

—No. Por eso te he dado tiempo para reflexionar, para ver las cosas con más claridad.

—Ah, qué detalle, te tengo que dar las gracias…

Se alejó visiblemente molesta. Le había costado muchísimo alejarse de sus labios, de entre sus brazos, pero creía que se merecía un poco más de consideración.

No le había gustado que él desapareciera, y que ahora le dijera que lo había hecho para que ella reflexionara le había sentado como un jarro de agua fría.

No era una rabieta de niña pequeña. Era una mujer, y la habían herido.

No iba a caer rendida a sus pies en cuanto él le sonriera.

Dejando pasar el tiempo no se arreglaban las cosas. No con ella.

El resto de la velada fue cordial con Jade y Parker, y bastante frío con Dave. Continuamente tenía que luchar con sus ganas de seguir mirándolo. No solo cada gesto le hacía parecer más atractivo, sino que su sentido del humor le atraía sin poder evitarlo.

Cuando salieron del restaurante Jade la cogió por el brazo. La noche era fresca y oscura sin la presencia de la luna.

—¿Me lo vas a contar?

—¿El qué?

—El por qué tan pronto mirabas a Dave como si fuera el hombre más perfecto del mundo y acto seguido fruncías el ceño pensando en matarlo.

—Es una larga historia —le respondió sin querer entrar en detalles.

—Resúmela.

—Dave fue quien me detuvo cuando se produjeron los robos.

Jade la miró boquiabierta.

—Oh, vaya, qué mala experiencia. Y ahora lo invitamos a cenar con nosotros, lo siento —le respondió avergonzada.

Opal negó con la cabeza con una mueca.

—También me acosté con él —reconoció evitando la mirada perpleja de su hermana.

—Ah… ¿Antes o después? —. No sabía qué pensar.

—Yo era sospechosa y para saber si era culpable o no, decidió acostarse conmigo.

—¿Te utilizó?

Opal se encogió de hombros mientras Jade se detenía, confundida, en la calle. Los hombres seguían caminando por delante.

—Te utilizó —repitió.

Opal se detuvo a su lado.

—¿Y cómo te lo justificó? Porque supongo que se disculparía… —le preguntó curiosa.

Opal siguió andando.

—Solo dijo que yo le gustaba y ya está —resumió.

—¿Y ya está? Te seduce, se acuesta contigo, se aprovecha de ti…

—Bueno, yo también quería…

Jade se quedó parada de nuevo con el ceño fruncido.

—¿Tú también querías? No lo entiendo.

Opal, a su lado, disimuló una sonrisa lasciva.

—¿Lo has visto bien? Es guapísimo, inteligente, tiene un cuerpazo de impresión, es atractivo…

Jade la miró confundida con los brazos en jarras.

—A ver si lo he entendido. Tú querías acostarte con él, y él quería acostarse contigo.

Opal se encogió de hombros asintiendo.

—¿Y dónde estaba el problema?

—Él no me dijo que yo era sospechosa de los atracos, se acostó para tratar de sacarme información…

—Pero si tú no habías hecho nada, ¿qué información iba a sacarte?

Opal la miró dándole la razón mientras reanudaban el paseo hacia el hotel donde se iban a alojar, entre las sombras de la calle.

—Qué sinvergüenza —Jade se enfadó mientras hacía conjeturas—. Se acuesta contigo y, como no sabes nada, te deja. No me esperaba esto. Con lo agradable que parece. Que al menos te hubiera pedido perdón, o que te hubiera dado explicaciones…

Esta vez fue Opal la que se detuvo.

—Bueno…, me pidió perdón…

Jade la miró extrañada y se detuvo frente a ella.

—¿Entonces? Hizo algo mal, te pidió perdón… ¿No lo has perdonado?

—No quiero hacerlo.

—¿Por qué? —le preguntó sin comprender—. Pasa página, no tienes que volver a verlo nunca más, olvida lo sucedido y ya está…

A Opal se le llenaron los ojos de lágrimas, sorprendiéndose ella antes que su hermana. No era emotiva, no iba a llorar. Respiró profundamente. No quería verbalizar el daño que sentía que le había hecho.

—Temo que, si lo perdono, me lo vuelva a hacer.

—¿El qué? ¿Acostarse contigo?

—Confiaba en él…

Jade empezó a sonreír.

—Tú estás enamorada. Lo sabes, ¿no?