Amor bajo sospecha (Hermanas Maxwell 2) Chapter 3 #13
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Chapter 3 #13

Opal se encogió de hombros, secándose una lágrima que había conseguido vencer su barrera de autocontrol.

Jade miró a los dos hombres hablando distraídos bastante lejos de ellas.

—¿Y él?

—No sé. Quizá también…

Jade amplió su sonrisa, emocionada.

—Te ha pedido perdón, está enamorado. No voy a justificar lo que hizo, pero ¿por qué no intentarlo? —recordó su propia historia con Parker.

Opal se encogió de hombros.

—No quiero que me hagan daño.

—No tiene por qué volver a hacértelo… si te quiere…

—Vaya ¿qué tenemos aquí? —preguntó una voz a sus espaldas.

Las dos hermanas se giraron extrañadas para ver a dos hombres vestidos de negro que les doblaban el tamaño. Uno de ellos les mostraba una navaja. Alto, desdentado, sin afeitar.

Inconscientemente, se juntaron más entre ellas, dándose la mano.

—Solo llevamos esto —les dijo Opal tendiéndoles directamente su pequeño bolso.

No quería problemas. No se había dado cuenta de lo lejos que estaban de sus parejas y quería evitar cualquier tipo de enfrentamiento.

El hombre que parecía que no iba armado, calvo y más delgado que su compañero, aceptó su bolso y el de Jade, que la había imitado, y los tiró al suelo sin abrirlos.

—Parece que hoy pasaremos un buen rato.

Las dos hermanas se apretaron las manos con fuerza.

—No estamos solas —les dijo Jade fingiendo seguridad, queriendo hacer tiempo.

Le daba miedo que Parker quisiera enfrentarse a ellos, pero sabía que ellas solas no podrían escapar de la situación.

Dave se había girado unos segundos antes.

—Joder —exclamó dejando a su amigo con la palabra en la boca antes de salir corriendo entre las sombras mientras sacaba la pistola que siempre llevaba a la espalda.

Parker se giró sorprendido al verle salir corriendo y vio a lo lejos a las dos mujeres casi acorraladas contra un coche por los desconocidos.

El corazón le dio un vuelco. Pero no iba a quedarse allí.

Siguió a su amigo entre las sombras. Lo conocía, lo había acompañado en más de una situación conflictiva.

Sabía que no pasaría nada. Pero no le gustaba que Jade estuviera en primera línea.

—Vamos a dejar las cosas claras —les advirtió el que las apuntaba con la navaja —. Si gritáis saldréis heridas.

—Y si no, también —susurró Jade que en su trabajo había visto más de un caso de violación.

—No tanto —se rio el hombre que no parecía ir armado.

En el silencio de la noche, se oyó el sonido de una pistola cargada.

—Vamos a dejar las cosas más claras todavía —. Escucharon un susurro helador que surgía desde las sombras—. Dejad las armas en el suelo, y es probable, quizá, que nadie salga herido.

Los dos hombres se tensaron al oír la voz.

Hicieron ademán de girarse. Solo fueron unos segundos.

Jade y Opal vieron la oportunidad de huir y, de la mano, salieron corriendo.

Parker fue hacia ellas. Dave aprovechó la distracción.

Los hombres fueron a atacarle. A uno de ellos lo hizo desplomarse con el puñetazo que le dio en la nariz.

Al otro le hizo perder el sentido golpeándolo con la culata de la pistola cuando intentaba huir.

Con frialdad y rapidez puso las esposas al que tenía rota la nariz y marcó un teléfono en el móvil para pedir la asistencia de una patrulla que se los llevara.

Opal lo miraba boquiabierta. La precisión de sus movimientos, la frialdad, la determinación, la prepotencia…

—¿Estáis bien? —les preguntó Dave a las mujeres sin separarse de los dos detenidos, recuperando los bolsos y devolviéndoselos.

—Menos mal que estabas ahí— comentó Jade más aliviada.

—Yo tampoco hubiera dejado que te pasara nada —argumentó Parker celoso, todavía con el miedo en el cuerpo.

—Lo sé, cariño —le abrazó Jade agradeciendo en silencio que él no se hubiera expuesto.

Dave miró a los ojos a Opal que asintió todavía impresionada.

—Esperemos un momento a que llegue la patrulla, si no os importa —les pidió como si nada hubiera pasado.

Los tres asintieron todavía sorprendidos.

Minutos después se llevaron a los delincuentes en una patrulla tras tomarles declaración.

—Vayamos a tomar un whisky . Necesito digerir esto —invitó Parker tomando a Jade de la mano—. Y tú, no vuelvas a darme estos sustos.

Jade le sonrió enamorada, asintiendo.

—Vamos —respondió Dave como si nada hubiera pasado.

Opal se quedó rezagada

—¿Pasa algo? —le preguntó Dave mientras Parker y Jade se giraban a escasos pasos.

Tenía claro que no iban a alejarse mucho más.

—Podían habernos matado…

Dave se le acercó mirándola a los ojos con firmeza. La sentía frágil y vulnerable.

—Podían haber pasado muchas cosas, pero no han pasado, ¿de acuerdo?

Opal asintió. Su cabeza se lo había repetido varias veces.

No era la primera vez que la atracaban. Trabajando de noche, alguna vez había tenido que dar su bolso a algún atracador para verlo salir corriendo, pero esa vez había sido distinto.

Quizá porque no les habían importado los bolsos.

Quizá porque estaba su hermana y no quería que le pasara nada malo.

Quizá porque había reconocido la voz de Dave en la oscuridad y temía que pudiera ocurrirle algo.

Dave la tomó por las manos y le besó la frente.

—He sentido mucho miedo.

—Es algo lógico.

Ella negó con la cabeza mientras Parker y Jade, entre sonrisas, se giraban, sin alejarse, para dejarles intimidad.

—No. He sentido miedo, de verdad.

Dave asintió

—Ya pasó.

—Lo siento… —sentía no haberle perdonado, sentía haberse aferrado a su enojo cuando podía haberlo perdido para siempre, o cuando podían haberla matado.

—¿El qué? —preguntó extrañado—. ¿Haberme quitado años de vida al verte delante de un arma? —le preguntó intentando hacerla sonreír.

—Creo que necesito un abrazo —le confesó mientras las rodillas amenazaban con dejarla caer.

Dave la abrazó con fuerza. Podía sentir su debilidad, pero quería recordarle su propia fuerza. Opal se apoyó en su pecho buscándolo como refugio.

—Opal, no puedes evitar que pasen cosas o que nos veamos inmersos en ellas.

—No me gusta no poder controlar las situaciones.

Dave sonrió.

—¿No me digas?

Opal lo miró frunciendo el ceño.

—¿Y qué pasa si me gusta sentirme segura?

—Que te estás engañando. Siempre pasarán cosas que no esperas o que te incomoden.

—Pues eso no me gusta.

—Pues eso es la vida.

—Y tú, ¿cómo lo sabes?

—Porque veo esto todos los días, Opal. Por eso cuando pasa algo bueno, cuando veo algo que me gusta, lo agarro con todas mis fuerzas.

Le besó la coronilla.

—¿Y por qué no he sabido de ti en tantos días?

—No sabía cuánto tiempo necesitabas para perdonarme.

—¿Para perdonarte o para olvidarte?

—Nunca hubiera dejado que me olvidaras, Opal. Te amo.

Opal le miró a los ojos.

—¿De verdad? —le preguntó.

Dave asintió manteniéndole la mirada firme, seguro, sincero.

—Déjame que te lo demuestre el resto de nuestra vida.

—Eso es mucho tiempo.

—Todo el que necesites —le susurró volviendo a besarla—. Te amo, Opal.

Opal le pasó los brazos por el cuello entregándose al beso, entregándose a él y a la posibilidad de toda una vida juntos.