Amor bajo sospecha (Hermanas Maxwell 2) Chapter 3 #10
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Chapter 3 #10

Le habían preguntado si quería llamar a alguien, pero ¿para decirle qué?

Así que ni había llamado a nadie ni tampoco sabía a quién a llamar.

Estaba sola en Nueva York. Sus amigos apenas se reducían a sus compañeros de trabajo porque todo su tiempo lo dedicaba a trabajar, o a pensar en nuevas recetas o a probarlas.

¿Podría llamar a Leslie? Ella había pasado por tragos similares con Bryan, sabría qué se hacía en esas situaciones, pero no iba a hacer que las reviviera.

Vaya, bonita forma tenía la vida de recordarle que estaba sola.

Pero lo peor era que no sabía qué estaba haciendo allí.

Lo último que recordaba con claridad era el beso de Dave, y cómo él mismo había abierto la puerta como si supiera que había alguien fuera.

Después la había cerrado tras salir ella.

¿Qué había ocurrido? No sabía qué pensar.

Estaba cansada, enfadada y totalmente sorprendida.

Suponía que su equipo habría recogido todo sin ningún problema.

Empezó a impacientarse todavía más. No aguantaba estar sentada, sin saber nada.

Se levantó para pasear por la pequeña sala como otras tantas veces había hecho desde que la habían detenido. ¿Por qué nadie le explicaba nada?

Poco después entraron dos hombres uniformados.

—Opal Maxwell —leyó el más alto de ellos en una especie de informe.

Ella asintió tomando asiento frente al que se acaba de sentar, que era de escasa altura y complexión fuerte.

—¿Qué hago aquí? —le preguntó extrañada.

—Las preguntas las hacemos nosotros —le dijo el que se había quedado de pie, mirándola serio y frío.

Opal asintió. Ella no había hecho nada, así que no estaba muy preocupada… o no lo había estado hasta ese momento.

Una hora después de repetir de diferentes maneras en qué consistía su trabajo y lo que hacía en las fechas que le señalaron, la dejaron nuevamente sola.

Opal solo quería llorar de agotamiento, de frustración y de rabia.

La estaban vinculando a no sabía qué robos que se estaban produciendo justo cuando ella trabajaba con los Cross.

¿Qué tenía que ver? Ella estaba trabajando.

Claro que sabía cuántos invitados habría en las recepciones.

Debía saberlo para preparar la comida conforme a ello.

Pero ella no había orquestado no sabía qué trama o qué grupo para entrar a robar en las casas que se suponía que estaban vacías.

Ahora parecía que todo el dinero que había ganado y ahorrado para montar su negocio, con todo su esfuerzo y sacrificio, lo había conseguido a fuerza de robar a otros.

Y ahí estaba, sin poder hablar con nadie, ni desahogarse, ni apenas defenderse de las acusaciones a las que no veía fundamento alguno.

¿Y Dave? ¿Qué tenía que ver con todo eso? ¿También pensaría que había organizado todo de lo que la acusaban?

Se incorporó sobre la mesa sintiendo que poco a poco la rabia que tenía daba paso al sueño. Debían ser altas horas de la madrugada, a juzgar por su cansancio.

Bastante rato después, dos policías uniformados entraron en la sala. Apenas le avisaron de que se pusiera de pie, que ya la estaban levantando del brazo y esposándola de nuevo con los brazos a la espalda.

Entre bruscos empujones, salió al pasillo de la comisaría. Podía ver a media docena de policías, algunos frente a algún ordenador, atendiendo a diferentes personas. En una especie de mostrador vio a los Cross con la misma ropa que llevaban en la exposición.

Opal se sonrojó ¿Qué hacían allí? ¿Qué pensarían al verla?

En ese momento se giraron, parecía que la hubieran oído y la miraron, extrañados.

Ray desvió la mirada, avergonzado. Opal sintió que el cielo caía sobre sus hombros.

Adiós a su trabajo. Eran personas con muchos contactos e influencia.

Aunque ella fuera inocente, la imagen que debía estar dando en ese momento no sería fácil de olvidar.

Aún llevaba su uniforme negro, su cabello recogido, las manos esposadas a las espaldas.

Todo lo que había trabajado y conseguido se le escapaba entre los dedos, sin poder hacer nada para evitarlo.

Al final del pasillo vio a Dave que estaba sacándose un café de una de las máquinas que había, junto al policía antipático que la había interrogado antes.

¿Había ido a buscarla? ¿A llevársela de allí?

Por un momento una chispa de ilusión se encendió en ella.

Iba a ir hacia él cuando de un tirón le indicaron que siguiera andando hacia adelante.

Él giró la cabeza hacia ella en ese momento.

La miró serio, impasible, como si no la conociera.

Ella no entendió la frialdad. No entendió el distanciamiento.

Sintió que el corazón se le resquebrajaba por la mitad.

Si no era por ella, por ir a buscarla y sacarla de esa pesadilla, ¿qué hacía él allí? , se preguntó extrañada.

Entonces vio cómo otro policía iba hacia él y lo saludaba amigablemente con un afectuoso golpe en la espalda.

¿Él formaba parte de ellos? ¿Era un policía?

¿Por eso estaba en todos los eventos? ¿Por eso no bebía en ellos o apenas comía?

¿Por eso estaba donde menos lo esperabas y siempre parecía estar buscando a alguien con la mirada?

Las rodillas le temblaron.

¿Por eso se había acostado con ella? ¿Para tratar de sacarle algún tipo de información?

La garganta se le secó y las lágrimas nublaron sus ojos.

No podía ser cierto. Tropezó y cayó de rodillas al suelo mientras las lágrimas comenzaban a resbalar, amargas, por sus mejillas.

La ayudaron a levantarse. No podía ni secarse las lágrimas.

Sabía que era inocente, que todo eso sería un malentendido.

Gimió angustiada. Le estaba saliendo muy caro lo que fuera que estuviera pasando esa noche.

No sabía cuánto tiempo llevaba sentada sola en esa celda semioscura cuando Dave apareció frente a ella. Probablemente, ya habría amanecido. Opal le miró con recelo.

​ —¿Necesitas algo? —le preguntó.

No le gustaba sentirse tan preocupado por ella, ni tan culpable por no haber sido totalmente sincero.

—¿Una explicación? —le mantuvo la mirada, dolida.

—¿Sobre qué?

—¿Tú que crees?

Dave no sabía qué decirle ni por dónde empezar. Opal no bajó la mirada. Se le notaba incómodo y perdido, pero le daba exactamente lo mismo. Ella se merecía una disculpa, por lo menos.

—¿Te acostaste conmigo para ver si podías averiguar algo? —le preguntó directamente.

​ —Esa era la idea al principio, sí —se sinceró—. Mírate, no puedes culparme por haber buscado cualquier excusa para hacerlo.

—¿Eso pretende ser un halago? —le preguntó irónicamente—. ¿Crees que decir que tengo un cuerpo bonito te disculpa lo que has hecho?

—No solo tienes un cuerpo bonito… —reconoció—. También me gustabas…

—En pasado —matizó ella.

Él asintió muy a su pesar.

—No creo que me des ningún presente ni futuro en este momento.

—Crees bien.

—Enseguida vendrán a ponerte en libertad —le informó—. Ayer detuvimos a varios miembros de la banda en diferentes casas. Han encontrado el culpable. Ha quedado claro que tú no sabes nada.

—Eso yo también lo tengo claro —le dijo seria—, y si hubieras hablado conmigo acerca de todo lo que pasaba tú también lo habrías tenido claro.

—¿No quieres saber quién ha sido?

—No. Me da exactamente lo mismo —le confesó ella—. Solo quiero irme a casa a dormir y hablar con los chicos. Los Cross saben que me han detenido. No creo que quieran volver a contratarme. En una noche he perdido todo.

—Quizá no —le comentó él—. Es más, supongo que querrán compensarte. Fue su hijo pequeño.

—¿Andy?

Dave asintió.

—Él organizaba los robos. Sabía quién estaría en los eventos, lo que duraban… Esta noche lo sorprendieron cortando la luz. Era la segunda vez que lo hacía, distraer a la policía con un apagón.

—¿Pero por qué? Si tienen tanto dinero.

—Se había metido en deudas de juego. Parece ser que la familia lo sabía y le cerraron el grifo.

—¿Y no encontró otra manera de conseguir dinero? —preguntó Opal, negando con la cabeza.

—Tenían que investigarte, Opal. Sin darte cuenta estabas implicada.

—¿Y mi equipo?

—También se les investigó, pero no había nada raro…

—¿Y yo? ¿Qué tengo de raro?

—Montaste un negocio sin pedir crédito, demasiado dinero ahorrado, alguna suma importante últimamente, siempre estabas en el lugar adecuado, a veces hacías o recibías llamadas de teléfono…

—Lo que te expliqué cuando… —¿La había estado interrogando? No se lo podía creer—. No me dijiste que fueras policía…

—No lo soy exactamente… Lo fui —le explicó—. En esta comisaría. Ascendí a detective cuando murió mi padre. Estudié con Ray en la universidad, me reencontré con él cuando surgió el caso y…

—Te acostaste conmigo pensando que era culpable.

—No. Queriendo averiguarlo.

—Y finalmente pensaste que era culpable.

—Sí.

—¿No te da vergüenza haberme engañado de esa manera?

—No pensé que te engañaba… No del todo… Tú me gustas. En cuanto te vi pensé que quería acostarme contigo. Tú también parecías dispuesta.

—Sí —reconoció—. Yo también lo estaba, pero tú sabías quién era yo… o bueno, no… Qué curioso… Tú te acostaste con una supuesta ladrona, yo me acosté con un supuesto empresario, todo era mentira —expuso dolida.

—No todo —le respondió Dave—. Rezaba para que no fuera cierto.

—Yo no sabía ni que tenía que rezar —le respondió mientras un policía se les acercaba.

—Detective —saludó a Dave—. Señorita Maxwell, queda libre. Disculpe las molestias —le abrió la puerta—. A la salida le darán sus pertenencias.

Opal asintió. agotada. De nada servía decirle lo que pensaba de cómo la habían tratado.

No sabía qué le dolía más, lo que sentía como traición por parte de Dave, que su empresa, con lo que le había costado sacarla adelante estuviera en la cuerda floja, o que hubiera confiado ciegamente en un hombre que había tratado de aprovecharse de ella.

Salió y siguió al agente sabiendo que Dave caminaba detrás, a su espalda, en silencio.