Chapter 3 #8
Lo cierto era que había probado todos los trabajos que se le habían ocurrido relacionados con la hostelería.
Bueno, casi todos, y lo único bueno que había encontrado en los bares de copas para seguir con su idea eran las propinas.
Los cócteles que sabía hacer los había aprendido en un curso específico sobre ello.
—No estarías mal detrás de una barra de copas —insistió Dave—. Seguro que tenías muchos admiradores.
Opal asintió. Era algo que no le agradaba especialmente, pero le había venido muy bien para aprender a frenar y a marcar límites a cualquiera que quisiera propasarse con ella.
—Bueno… lo mejor eran las propinas, ya te lo he dicho…
—¿Con eso te montaste tu negocio?
—Sí —reconoció orgullosa—. Las propinas, casi todo lo que ganaba, y algún que otro golpe de suerte —sonrió recordando la comisión que generosamente le daba Amber cada vez que vendía uno de sus cuadros, si ella actuaba como intermediaria.
—¿Golpes de suerte? —le preguntó mirando con el ceño fruncido hacia adelante.
—Sí —se jactó ella, orgullosa—. Aunque realmente mi negocio tampoco necesitaba mucha inversión al principio. Cuando empecé a trabajar más de continuo con la familia Cross alquilé la cocina y me compré la furgoneta.
—Muchos golpes de suerte —comentó él.
—Alguno que otro, y muchos ahorros —Opal sonrió recordando lo duro que había trabajado y cómo había reducido al mínimo sus gastos. Incluso en ese momento era muy cuidadosa con el dinero.
—Conocerías a muchas personas en el mundo de la noche —dio por hecho Dave.
Opal se encogió de hombros.
—A Molly la conocí allí…. Del resto de personas, apenas me acuerdo.
—Me refería a clientes…
Opal se extrañó por la pregunta.
—No… no sé… No alternaba con ninguno… Norma número uno de cualquier hostelero. Además, tampoco es que fueran una joya.
—Pero Ray es diferente.
Opal se sorprendió por la pregunta.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, es un tipo rico, guapo…
Opal se detuvo en seco y le soltó la mano.
—No estarás insinuando que me he acostado con él para conseguir los trabajos, ¿verdad?
Dave le mantuvo la mirada. Parecía muy enfadada. Lo que no sabía era si porque había dado en el clavo o porque le ofendía la idea.
Opal resopló visiblemente muy molesta.
—¿De verdad estás esperando una respuesta? —le preguntó con los brazos en jarras y los ojos brillantes de furia.
Se dio media vuelta y empezó a desandar el camino con grandes zancadas, muy furiosa y ofendida. Dave la siguió molesto. No le gustaban las mujeres melodramáticas. Solo había sido una pregunta, y prefería hacérsela él que llevarla a la comisaría y que la interrogaran otros.
—Opal…. —la sostuvo por el brazo.
Ella se soltó airada.
—No sé qué me ofende más: que creas que solo puedo conseguir trabajo acostándome con los hombres o que menosprecies lo que hago. Has probado la comida del catering . ¿De verdad crees que no puedo conseguir un contrato por ella y no porque un hombre no sepa mantener los pantalones en su sitio?
—No quería decir eso —trató de excusarse sin estar convencido.
—Estoy muy enfadada, Dave —le avisó de lo evidente—. Ya nos veremos —Aceleró el paso.
Dave la vio alejarse. Parecía que podía tener los contactos necesarios y la habilidad suficiente para relacionar a cualquier ladrón de la calle con los ricos empresarios que acudían a las fiestas organizadas por los Cross: ella sabía los horarios de los eventos, la cantidad de invitados, quizá tuviera incluso la lista exacta o, con un poco de investigación, podría imaginársela.
Su negocio no había necesitado de financiación ajena…
¿Cuánto podía ahorrar una mujer joven y guapa?
No le había visto mucha variedad en vestuario ni complementos, su apartamento era minimalista…
, pero aun así… Y las propinas podían ser generosas con ese cuerpo… Pero ¿tanto? Desde luego que lo valía…
Resopló molesto. Acababa de darse cuenta de que se había implicado más de lo que debía con ella, pues una parte de él, y no solo su entrepierna, quería seguirla, abrazarla y quitarle el enfado a base de besos, caricias y…
Volvió a resoplar antes de llamar por teléfono a su compañero para ver si había habido algún avance en las investigaciones.
El jueves llegó rápido. A Opal todavía le duraba el enfado, aunque trataba de disimularlo. No había querido contarle nada a Leslie mientras habían estado cocinando juntas porque su compañera tampoco parecía estar pasando por su mejor momento.
—A ver si esta noche no pasa nada —comentó Camilla, discreta como siempre.
—¿A qué te refieres? —le preguntó Opal extrañada—. ¿Ha pasado algo?
—Ya sabes, los robos… —le comentó mientras empezaban a pasar los canapés, todavía calientes, a las bandejas.
—¿Qué robos? —preguntó Opal mirando su reloj de pulsera. Iban muy bien de tiempo, como siempre.
—¿No ves la tele? —le preguntó Mario—. Parece que tienen algún sospechoso.
—No. No la veo —les comentó distraída mientras sacaba de su caja las botellas de vino que pensaban servir en el evento—. ¿Ha ocurrido algo importante?
—Cualquier cosa que les suceda a los ricos tiene repercusión y lo solucionan rápido —comentó Molly.
Opal no presto atención a lo que estaban debatiendo.
Se asomó por la puerta que daba acceso a la galería de arte.
La exposición esta vez era de cuadros impresionistas y había reunido a bastantes personas interesadas y expertas en ese tema.
También contaban con la presencia de algún pintor, que era algo que siempre llamaba la atención.
No pudo evitar buscar con la mirada a Dave.
Lo encontró junto a una de las puertas de emergencia, observándolo todo.
Tan guapo, tan atractivo, impecable con su traje.
Suspiró. Le hubiera gustado que él se hubiera presentado en su casa en algún momento después de la discusión con un ramo de flores, pero no había sido así.
Estaba molesta porque no lo había hecho, por haber tenido esas expectativas y por no haberse dado cuenta de que se estaba enamorando de él poco a poco.
Se había intentado engañar fingiendo que solo había sido sexo, increíble y muy satisfactorio, pero ella sabía y sentía que era algo más.
Y lo peor, había llegado a creer que los sentimientos eran mutuos, que por su parte había habido algo más que sexo.
Resopló. Se había equivocado de lleno. Apretó los labios mientras se fustigaba mentalmente.
También vio a Ray hablando serio con su hermano. Estaba junto a los ventanales, así que evitaría esa zona a toda costa mientras él no cambiara de sitio. Sabía que a las demás no se les insinuaba por lo que no se sentía culpable de cederles ese sector determinado a ellas.
La señora Cross le hizo el gesto que esperaba para que empezaran a servir el catering y Opal asintió.
—Vamos, chicos, a disfrutar —les dijo con una sonrisa más profesional que sincera.
Dave la vio moverse con la misma fluidez y discreción de siempre entre los invitados.
Apretó la boca con fuerza. Una parte de él rezaba para que esa noche no ocurriera nada, o por lo menos, nada vinculado con ella.
No había podido quitársela de la cabeza en los últimos cuatro días…
, cuatro días desde que habían compartido mucho más que la cama, o eso parecía sentir él, porque le estaba costando mucho olvidarla y pasar página.
—¿Algún avance? —le preguntó Ray acercándose con una copa que se había servido de la bandeja de Violet.
Dave asintió.
—Esta noche va a ser clave —le confesó adivinando acertadamente que Opal no pasaría junto a ellos.
Conforme transcurría la noche, Dave sentía cómo aumentaba la tensión.
Afortunadamente estaba entrenado para controlar sus emociones y en ocasiones podía ser tan frío como hiciera falta, pero una parte de él seguía resistiéndose a pensar que Jade estaba implicada.
Por lo menos sería más fácil que no lo estuviera porque no estaba dispuesto a dejar de relacionarse con ella.
—¿Vas a seguir evitándome toda la noche? —le susurró en la nuca cuando la vio acercarse a una de las mesas altas distribuidas por la galería de arte para colocar en su bandeja las copas semivacías que había.
Opal sintió un escalofrío en su espalda. Sentía su presencia muy cerca. Sintió que se derretía por dentro y por unos segundos olvidó lo ofendida que estaba.
—Hasta ahora lo estaba consiguiendo —le respondió terminando de recoger la mesa para llevar la bandeja de vuelta a la cocina con rapidez.
Lo cierto era que estaba deseando terminar para irse a casa.
Quería demostrarse que podía trabajar para los Cross aunque Dave estuviera por allí; y por poder, estaba claro que podía, pero no le gustaba en absoluto.
No tendría que haberse implicado, no tendría que…
Pero ¿cuántas veces se sentía atraída por un hombre?
No era algo habitual en ella… Le había pillado por sorpresa… «Solo me dejé llevar», se justificó.
Frunció el ceño. Tenía que haber hecho más caso a su cabeza. Distraída y molesta como estaba no se fijó en que Ray le cortaba el paso.
—Hoy estás especialmente preciosa —le susurró escogiendo un canapé de su bandeja e impidiéndole avanzar sin resultar demasiado grosera.
Opal recompuso su gesto fingiendo una leve sonrisa, sin mirar a los ojos y sin dar conversación, tal y como se exigía en aquella faceta de su trabajo.
—¿Tienes algo que hacer esta noche? —le preguntó directamente.
Opal resopló en su interior.
—Lo siento, señor Cross, estoy trabajando —comentó en voz baja sin mirarle directamente, dispuesta a seguir su camino.
—Puedo esperar a que salgas de trabajar —insistió.
—No salgo con clientes —le comentó seria mirándole fijamente a los ojos, manteniendo su autoridad y su integridad.
Le esquivó para evitar que la conversación fuera tensa.
—¿Y si dejo de serlo? —le susurró a su espalda.
Ella se giró fingiendo una sonrisa que para nada sentía. Le había sonado a amenaza, a capricho de niño rico, a egoísmo, a machismo y a falta de respeto y consideración, todo junto. Le miró a los ojos con frialdad.