Chapter 3 #6
Dave se despertó antes que ella. Sin moverse para no despertarla, aspiró su aroma.
No le importaría despertarse así todos los días.
Echó un vistazo rápido a su habitación con la luz que se filtraba por las ventanas.
Una silla con algo de ropa acumulada, un libro sobre la mesilla.
Era la última novela de Parker Wallace. Sonrió.
Supuso que la novela negra era un género en el que ella podía encajar.
Además, el libro era bastante bueno. Por lo demás, todo minimalista y muy básico.
No parecía que hubiera exceso de lujos ni de detalles.
Opal se movió ligeramente y Dave la estrechó aún más entre sus brazos.
Debía recordarse que era una posible sospechosa, pero pocas veces había tenido una sospechosa tan atractiva a la que interrogar.
Quería pensar que no estaba implicada, pero no creía en las casualidades y todas apuntaban a ella.
Los miembros de su equipo también habían sido investigados, y aunque alguno de los hombres con los que se relacionaba el único hombre del equipo, Mario Vélez, eran de dudosa reputación, no habían logrado encontrar lazos que los ataran a los delitos cometidos.
Opal se despertó y se acercó más a él, buscando el calor de su cuerpo. Dave la estaba mirando con una media sonrisa.
—¿Has dormido bien? —le preguntó dándole un ligero beso en los labios.
No estaba acostumbrado a «la mañana de después». Siempre la había evitado, pero esta vez la justificaba por su investigación.
Opal se desperezó con una sonrisa arrebatadora.
—Lo cierto es que sí —le sonrió sincera y radiante.
No recordaba haber disfrutado tanto ni con tanta entrega en sus escasas relaciones. Leslie parecía tener razón. Había más cosas en la vida además del trabajo.
Dave se incorporó sobre ella. Aún podía aprovechar el momento una vez más.
Opal adivinó sus intenciones y, sonriente y dispuesta, se mordió los labios antes de entregarse de nuevo a la pasión.
Poco después se levantaron para desayunar.
Dave sonrió al mirar a Opal mientras preparaba los cafés.
Su cabello alborotado, la camiseta grande que utilizaba para dormir, su expresión de satisfacción en la cara…
Le sorprendió y le gustó, y le sorprendió que le gustara…
aunque quizá no debería implicarse tanto, pero ¿cómo no hacerlo?
—Debería irme ya a casa —reflexionó en voz alta.
Opal le tendió una taza y le señaló el azucarero.
—Yo voy a ir al local. He quedado allí con Leslie.
Dave asintió. Leslie Falcon había sido investigada también, pero no le vendría mal hablar con ella. Sabía que su hijo frecuentaba malas compañías. Podía ser el momento oportuno.
—¿A qué hora has quedado? ¿Puedo acompañarte?
Opal miró el reloj de pared de la cocina y se encogió de hombros, satisfecha por seguir teniéndolo cerca.
—En una hora —le sonrió.
Dave se bebió el café de un trago.
—Voy a casa a cambiarme de ropa y vengo a buscarte.
—O podemos vernos allí —le sugirió Opal.
Dave se le acercó cariñoso.
—También podemos ir juntos —le buscó la boca.
Opal asintió risueña mientras compartían el beso.
Dave se estaba vistiendo en el dormitorio cuando vio el móvil de ella sobre la mesilla de noche. Se aseguró de que ella no entraba y comprobó sus últimas llamadas.
Podría haberlo utilizado para alertar a Leslie si tenía algo de lo robado en la cocina que utilizaban. Por la casa no parecía que hubiera nada extraño y en algún lugar tendrían que guardarlo.
Lo que tenía claro es que debía darse prisa si no quería que algún compañero diera un paso en falso que echara por tierra su investigación.
El camino hasta su casa estuvo salpicado de preguntas que Opal contestaba con total naturalidad.
Dave se enfurecía por momentos. O estaba frente a una mujer fría y con grandes dotes para mentir, cosa que no parecía, o se quedaba sin sospechosa y tenía que encontrar otra puerta de acceso para esclarecer la investigación.
La primera opción la alejaría de él directamente en cuanto fuera apresada.
La segunda, le invitaba a replantearse la vida cómoda y satisfactoria de soltero que llevaba, que era algo a lo que aún no estaba dispuesto a renunciar.
La invitó a subir a su apartamento. No quería dejar de vigilarla o que pudiera llamar por teléfono a alguno de sus socios en los atracos. El que fuera dueña de su propio negocio le hacía pensar que era una mujer inteligente y con las cosas claras, y eso implicaba que estuviera más alerta.
Subieron sin prisa. Opal se sorprendió del ordenadísimo apartamento de soltero en el que vivía.
Ella se consideraba minimalista, pero Dave parecía ganarle.
No había nada fuera de su sitio. Todo en blanco y negro.
Ni una foto, ni una figura. Hasta los libros que tenía en la estantería estaban ordenados por alturas.
—¿Vives aquí? —le preguntó extrañada—. No parece que pases mucho tiempo en casa.
Dave salió del dormitorio en vaqueros y terminando de ponerse una camiseta oscura.
—Viene una señora a limpiar dos veces por semana.
Le tocó venir ayer. Pero bueno, tampoco estoy mucho —le comentó mientras ella se le acercaba para pasarle un dedo por sus marcados abdominales—.
Apenas para dormir y conectarme al ordenador —señaló el portátil sobre la mesa pequeña—.
Los partidos suelo verlos en el bar con algunos amigos…
Dave le sonrió. Era como un libro abierto.
Él sabía el efecto que causaba en las mujeres.
Nunca había tenido que dar el primer paso para acostarse con ninguna ni para comenzar una relación duradera, cosa que no recordaba haber tenido.
Se había conformado con encuentros sexuales, la mayoría de los cuales no incluían el desayuno por la incomodidad de la despedida, pero lo cierto es que, esta vez, estar con Opal le estaba divirtiendo y gustando, al margen de su investigación.
Opal le sonrió e hizo una mueca.
—Hummm, no me gusta llegar tarde y si seguimos aquí corro el riesgo de hacerlo.
Dave le besó los labios con suavidad apoyando las manos en sus caderas.
—Puedo ser muy rápido.
—No sé si creerte —le retó Opal con una sonrisa.
Dave no necesitó más para besarla con ganas y tomarla allí mismo, sobre la mesa.
El local, o cocina de alquiler, era un espacio amplio, luminoso y ordenado. Había cuatro hornos en una de las paredes, varias vitrocerámicas y bastantes sitios de almacenaje que Leslie ya estaba ocupando con lo utilizado la noche anterior.
Se giró al oírlos entrar y sonrió al verlos juntos.
—Bueno, alguien ha dormido bien hoy…
Opal le sonrió.
—Él es Dave, ella es Leslie. Cocina conmigo.
Dave la saludó con una sonrisa tendiéndole la mano. Como sabía que tenía un hijo adolescente, esperaba a una mujer mucho mayor.
Leslie le devolvió la sonrisa.
—Sí. Te vi anoche, eres amigo de Ray Cross, ¿no?
—Podría decirse que sí —aceptó él para justificar su presencia en los diferentes eventos.
—Esto es más grande de lo que imaginaba —comentó Dave mirando descaradamente a su alrededor.
Opal asintió orgullosa.
—La verdad es que me encantó nada más verla —le explicó mientras ayudaba a Leslie a recoger lo que todavía quedaba junto a una de las neveras.
Un adolescente entró por la puerta con una caja de donuts y se quedó parado al ver a Dave.
—Opal, me he traído a Bryan esta mañana. No quería dejarle en casa solo.
Opal sonrió y se acercó a él.
—Y has comprado dónuts —miró la caja con las seis rosquillas glaseadas de diferentes colores—. ¿Cuál vas a escoger tú?
El chico de cabello claro y ojos oscuros, desconfiado, no quitaba ojo a Dave.
—Come el que quieras, Opal.
Leslie también se acercó escogiendo, sin esperar, el que estaba cubierto de virutas de chocolate.
—Eh, ese lo quería yo —exclamó Opal divertida.
—Pues haber sido más rápida —bromeó Leslie mientras le daba un gran bocado.
Opal escogió uno con un glaseado rosa. Bryan, solo por educación, le ofreció la caja a Dave.
Dave negó con la cabeza sin dejar de prestar atención a todo lo que le rodeaba, Bryan incluido.
—Debería ir a lavar la camioneta… Bryan, ¿me acompañas? Te doy veinte dólares si secas tú los cristales —le comentó Opal.
Bryan asintió. Le gustaba acompañar a Opal a lavar la furgoneta. No solo por la propina que le daba, que era innecesaria, sino por el rato que pasaban juntos. Aunque también le daba sermones, parecía que lo entendía mejor que su madre. Miró a Dave.
—¿Él también viene?
Opal también lo miró.
—¿Te vienes?
—Si no te importa, no —le dijo Dave encogiéndose de hombros—. Prefiero esperarte aquí.
A Opal le extrañó, pero él se le acercó para darle un beso mientras Bryan salía por la puerta.
—Supongo que tu sobrino y tú tendréis cosas que hablar —le susurró acariciándole la cintura con una media sonrisa.
Opal comprendió que le daba espacio al muchacho.
—No es mi sobrino —le corrigió sonriendo—, pero gracias —le susurró sin que Leslie le escuchara.
Tenía intención de hablar con él sobre la preocupación que tenía su amiga por el comportamiento que había mostrado en los últimos días.
Dave los siguió con la mirada hasta que desaparecieron de su vista. Miró a Leslie. Aprovecharía para interrogarla personalmente.
—¿Qué quieres? —le preguntó directa Leslie.
—¿Cómo dices? —le respondió extrañado.
—A ver, está claro que eres un poli o algo parecido.
Bryan solo pone esa expresión ante uno de vosotros.
Por lo visto, has estado en los eventos de los Cross.
Y ahora te quedas a solas conmigo —le explicó muy seria—.
No creo que fuera necesario acostarte con Opal, pero ya sois mayorcitos —se encogió de hombros—. ¿En qué está metido Bryan?
A Dave le sorprendió la sinceridad y la rapidez con que lo había descubierto. Pero lo cierto era que solo se había planteado la remota posibilidad de que Bryan estuviera implicado cuando lo había visto. Quizá las malas compañías le habían llevado a un destino inevitable.
—Dímelo tú —le preguntó desconfiado, sin mostrar sus cartas.