Chapter 3 #5
Por otro lado, sabía que, al ser sospechosa en su investigación, no debería implicarse con ella, pero solo por esta vez estaba dispuesto a saltarse sus propias normas.
Empezaba a tener claro que tendría que ser él quien diera el primer paso.
Y empezaba a sorprenderse de la importancia que le estaba dando a que una de sus futuras conquistas tuviera tantos hombres rondándola a la vez.
Opal regresó a la sala pensando en llamar a su hermana en cuanto pudiera para contarle el incidente.
—Aquí está mi chica —le dijo Ray poco después cuando la vio frente a él pasando una bandeja de canapés.
Dave, que estaba a su lado, le dedicó una media sonrisa levantando una ceja, preguntándose qué de cierto había en esa afirmación.
Opal se limitó a apretar los labios en una sonrisa un tanto forzada antes de proseguir su camino.
Confiaba en que Dave no se hubiera creído el comentario.
Cada vez le parecía más atractivo y no le importaría relacionarse con él.
No podía ser casualidad las veces que habían coincidido.
Amber, en alguna de sus conversaciones, le había sugerido alguna vez que el destino quería unirlos y ella estaba empezando a desear que así fuera.
En uno de los servicios de Opal, una mujer se giró rápida y le volcó encima la bandeja con las copas que llevaba. Pese a que pudo guardar muy bien el equilibrio y evitar que las copas cayeran al suelo, las diferentes bebidas mojaron la camiseta negra que llevaba puesta.
Opal, con una sonrisa tranquilizadora, se disculpó y volvió a la salita donde estaba su equipo. Siempre llevaba ropa de emergencia para accidentes como aquel.
—¡Madre mía! —exclamó Mario al verla—. Voy a la camioneta.
Mario fue a por la ropa extra mientras ella se quitaba la camiseta que llevaba puesta.
Dave entró sin previo aviso y se quedó sin aliento.
Opal estaba en ropa interior mirando el desastre ocurrido en su camiseta.
La puntilla y el encaje del sujetador le cubrían sus pechos generosos y redondos, perfectos.
—¿Todo bien? —le preguntó cerrando la puerta detrás de sí.
Sobresaltada, Opal levantó la cabeza y lo miró sintiendo un escalofrío que hizo que se erizara su piel.
—Sí… —balbuceó sonrojándose, tratando de taparse con la prenda mojada—. ¿Querías algo? —preguntó por costumbre.
Menos mal que era él quien había entrado y no Ray.
—¿Me lo darías? —le preguntó mirándole descaradamente sus pechos.
—Toma Op… —Mario entró por la puerta de servicio y se sorprendió de verlo allí—. ¿Quería algo? —le preguntó yendo hacia él mientras le arrojaba la camiseta limpia a su jefa.
Dave levantó las manos en señal de paz y salió mientras Molly entraba esquivándolo y veía la escena. Opal se había quedado con las ganas de contestarle. No sabía qué quería decirle. «¿Espera a que acabe de trabajar?» Realmente era lo que quería haberle dicho.
—Eso es trampa —la acusó divertida Molly mientras la veía ponerse la camiseta—. No sabía que se podían enseñar las tetas —agregó con una sonrisa.
Opal les sonrió.
—Venga, no digáis tonterías. Sigamos trabajando. Pero antes tengo que hacer una llamada… ¿Dónde está mi teléfono? —. Rebuscó en su bolso, dentro de una caja de las que utilizaban para el menaje—. Me lo he debido dejar en la camioneta. Vuelvo enseguida.
Cuando Dave vio a Mario y a Molly salir con las bandejas, entró decidido a hablar con Opal.
No la vio en la sala y se dirigió a la puerta de servicio.
Abriéndola ligeramente, la vio hablando por teléfono en voz baja.
Apretó la boca con fuerza. Maldita sea, eso no pintaba muy bien.
Ya casi la tenía libre de sospecha, o así quería verla, y ahora las dudas volvían.
No podía demorarse más en aclarar su implicación o no podría evitar que la policía se le echara encima.
El resto de la jornada transcurrió sin incidentes aparentes. Cuando llegó la hora de recoger no tardaron en prepararlo todo para salir cuanto antes.
Dave colgó su teléfono muy molesto. Otra noche en la que se había producido una oleada de robos en las mansiones de los asistentes al evento.
Se habían podido evitar varios, pero dos se habían llevado a cabo antes de la intervención policial.
Y lo peor era que no se había detenido a los culpables para interrogarlos.
Sabía que no podía retrasarlo mucho más.
Podía llevarla directamente a comisaría e interrogarla, lo que suponía perder todas las posibilidades de acostarse con ella, o podía cambiar el orden y acostarse con ella antes de interrogarla.
Apostó por la segunda opción solo con recordar lo que había visto en la cocina esa misma noche.
Solo necesitaba una excusa para que ella no sospechara de su doble intención.
La vio despedirse de los señores Cross y aprovechó un descuido del equipo para poner en marcha su plan.
La siguió, como siempre, en el reparto de su equipo y hasta su negocio. Cuando la volvió a ver subir en la camioneta, él acelero el coche para ganarle ventaja y presentarse en su casa antes de que ella llegara.
Opal bajó distraída de la camioneta. Estaba preocupada por Amber.
No la había podido localizar y le había dejado varios mensajes en el contestador.
Había llamado a su hermana Jade y ella tampoco sabía dónde estaba Amber.
Cabizbaja, caminó hacia la puerta de su casa y fue a sacar las llaves del bolso cuando se dio cuenta de que no llevaba el bolso.
Se sobresaltó y antes de volver a la camioneta vio a Dave, trajeado como en el evento, sentado en las escaleras de entrada de su edificio con su bolso en la mano.
Fue hacia él aliviada.
—Tienes mi bolso —le dijo extrañada con una sonrisa.
Dave se levantó como si hubiera estado mucho tiempo esperándola y se lo dio.
—Lo encontré en el parking —. A fin de cuentas, era cierto—. Tuve que abrirlo para conocer tu dirección.
Opal sonrió agradecida. Se les habría caído al llevar las cosas, pensó.
Sacó las llaves y se percató de la cercanía que había entre ellos.
Se sonrojó mientras la respiración se le agitaba con solo imaginar lo que podría pasar a continuación.
Hacía muchísimo tiempo que no mantenía relaciones con nadie, y lo cierto era que no le apetecía desaprovechar la oportunidad que Dave le estaba dando.
Sin ataduras, sin expectativas, no tenía por qué sufrir.
Eran dos adultos con una necesidad sana, se repitió.
Dave era muy consciente de su cercanía. Él la había buscado. Seguía esperando que ella diera el primer paso, pero su entrepierna le sugería, casi le ordenaba, que no esperara más.
Opal levantó su mirada. Dave decidió no perder más tiempo. Le puso las manos en la cadera antes de que su boca apresara la de ella, dejándola sin aliento. Opal le rodeó el cuello con sus brazos buscando apoyo y un contacto aún mayor.
El baile de sus lenguas era desenfrenado y ardiente.
Opal sentía que le faltaba la respiración.
Tenía ganas de más. Dave la soltó de repente.
No esperaba tanta pasión, tanta ansiedad ni por su parte ni por la de ella.
Tenía que separarse si no la quería tomar allí en la calle, en las escaleras de la entrada.
Opal, aún boquiabierta, se resistía a dejarlo ir.
—Yo… tengo que darme una ducha… —murmuró apoyando una mano en su pecho—. ¿Te puedo invitar a un café?
—Y a una ducha también —le dijo siguiéndola muy de cerca.
Nada más entrar a su piso a oscuras, Dave le buscó la boca.
Quería saciarse de ella. Opal le respondió con la misma pasión, firme, fuerte, salvaje.
Dave ahogó una sonrisa cuando Opal se quitó los zapatos y su estatura se redujo varios centímetros.
Se desnudaron el uno al otro, con rapidez, cruzando el salón que se unía con la cocina mientras Opal se dirigía al cuarto de baño.
Dave, sin soltarla, se entretuvo buscando un preservativo en su cartera.
—No sé si acabar con esto antes o después de la ducha —murmuró entre besos mientras, sin dejar de besarlo, Opal abría el grifo.
Dave no espero más y la empujó dentro de la ducha.
Opal se sobresaltó al sentir el agua sobre ellos, pero era incapaz de despegarse de él.
Las manos de él apenas se entretuvieron en sus pechos.
Fueron casi directos a sostenerla en brazos y levantarla sobre su ansioso, palpitante y duro miembro.
Opal ahogó una exclamación cuando Dave la dejó caer sobre él.
La apoyó sobre la pared mientras la empujaba una y otra vez haciéndole olvidar todo lo que no fueran sus ganas de besarlo, de abrazarlo, de sentirlo entre sus piernas. Una y otra vez. Como en ese momento.
Cuando los dos llegaron al clímax al mismo tiempo, ella se sintió enormemente saciada. Dave, con cuidado, la puso de pie sin dejar de besarla. Opal sintió que las piernas le temblaban y miró la erección de Dave, que no había disminuido en absoluto cuando se había quitado el preservativo.
Ella no había pensado en ningún tipo de protección. No pensaba que la necesitara con el estilo de vida que llevaba, así que interiormente lo agradeció.
—Vaya… —susurró.
Dave le sonrió.
—Vaya que… —le retiró con suavidad el pelo mojado de la cara.
Opal subió la mirada.
—Vaya… —No tenía un gramo de grasa en ese cuerpo tan musculado y atlético. Le pasó las manos por los marcados abdominales mojándose los labios con la lengua.
—Como sigas mirándome así, no respondo de lo que pase —le sonrió divertido mientras acariciaba con suavidad su cintura y recreaba la mirada en sus redondos pechos.
Opal le miró a los ojos sonriendo.
—¿Quieres ahora el café o lo dejamos para desayunar?
Satisfecho, Dave le besó la boca.
—Me parece perfecto dejarlo para el desayuno.
Se enjabonaron mutuamente y poco después salieron de la ducha para secarse y seguir saciando su hambre en la cama.