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E llis estaba atrapado. ¿Por qué había aceptado asistir a esa gala benéfica de año nuevo?
Tenía un vago recuerdo de haber donado algún objeto firmado, pero después de tres whiskies todo era difuso.
Así le gustaba vivir últimamente. Había una sola ventaja ese día: su relación falsa con Jenna había terminado.
Ella había conseguido el papel en la película que quería, así que él quedaba libre.
No haría falta un anuncio oficial de ruptura; la prensa se encargaría de eso.
Lo primero que había querido hacer era ir a ver a Rosemary, pero no podía.
Había arruinado lo más valioso de su vida.
Lo había hecho para protegerla; habría hecho cualquier cosa por ella.
Era suya. Y ese era el problema. Su actitud, esa necesidad dominante de cuidarla, lo había frenado cuando debía llamarla.
No le dio opción, y ahora la había perdido.
Dio un sorbo largo a su copa y dejó que el aroma ahumado intenso de la bebida hiciera su mundo un poco más borroso.
Una hora más; aguantaría una hora más y después se iría.
Al final se trataba de eso: aparecer, sonreír cuando anunciaran su donación y aplaudir cuando cerraran la subasta.
Se dejó caer contra el asiento junto a la ventana y observó a la gente que bailaba en el salón, todos en pareja, sus cuerpos entrelazados en una masa de trajes caros y vestidos de diseño.
Repasó una y otra vez la conversación con Brody.
Luego, lo que le había dicho a Rosemary.
Algo seguía inquietándolo, algo que le había llevado varios días identificar.
Brody no le había mostrado el video. Lo lógico era que se lo hubiera mostrado para alardear; ese era su modo de operar. Entonces, ¿por qué no se lo mostró?
Salió al jardín y caminó por un sendero iluminado hasta encontrar una banca. Estaba un poco húmeda, pero no le importó. Se sentó en la oscuridad, escuchando el murmullo y la música que el viento helado arrastraba desde el interior.
—Te vas a enfermar, abuelo, si te quedas aquí mucho tiempo.
Jenna se sentó a su lado.
—No sabía que estabas en la fiesta.
—Era tu acompañante, ¿recuerdas?
Él asintió despacio y bebió un poco más.
—De hecho, te estaba buscando —dijo ella—. Tengo noticias.
—Conseguiste el trabajo.
—Sí, pero eso no es lo que vengo a contarte. Despedí a Brody.
Ellis se giró para mirarla. Esta chica tenía más valor que él.
—Bien. Que se vaya al carajo.
—Que se vaya al carajo —repitió ella, chocando su copa con la de Ellis—. Vine con Lyn. Está en la barra. Supongo que debería agradecerte por habernos presentado.
—De nada. —Ellis no tenía ganas de hablar, y no estaba seguro de soportar muchas más buenas noticias de Jenna, aunque se alegrara por ella.
—Bueno, ¿qué pasa? ¿Por qué estás tan raro? —Jenna se inclinó para mirarlo mejor—. Estás tristísimo. ¿Dónde está Rosemary?
—No está aquí —gruñó Ellis—. La cagué. Asegúrate de no poner a un tipo como yo en tus comedias románticas; al final, todos somos unos idiotas egoístas.
—¿Qué hiciste? No me digas que es por lo que pasó en el programa de Theo Drake. Ellis, eres un imbécil si me pusiste a mí antes que a ella.
Ellis se dio cuenta de lo extraña que era toda la situación: hablar de su ruptura con la mujer con la que había fingido salir, mucho más joven que él y, aun así, mucho más centrada. Tal vez era justo la persona indicada con quien hablar del tema. Ella sabía cómo era Brody.
—¿Sabías que soy bisexual? —empezó. Y le contó todo: las amenazas de Brody, los motivos por los que había aceptado el plan de la relación falsa y, por último, el supuesto video—. Lo que no entiendo es por qué no me lo mostró —agregó.
—Lo habría hecho; le encanta presumir sus maniobras —coincidió Jenna—. A menos que... no hubiera ningún video.
El mundo de Ellis se volvió nítido.
—No había ningún video.
—Un truco para mantenerte bajo control.
—Mierda.
Se terminó la copa de un solo trago. El alcohol le quemó la garganta y la rabia le tensó los músculos. Ya no sentía frío. Tenía una oportunidad, si se atrevía a tomarla.
—¿Tu hermano no es abogado?