Amor al primer susto 34 #2
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34 #2

La Navidad nunca había sido una fiesta importante en su casa, pero su papá había colgado dos calcetines sobre la chimenea y había un arbolito bajo, adornado con luces de colores, en un rincón.

No esperaba ser emboscada por cuatro gatitos blancos y negros, que se enredaron entre sus pies maullando para llamar su atención.

Abe decidió que ese era el momento perfecto para despertarse y marcar territorio sobre Rosemary, clavándole las garras diminutas en el brazo y armando un escándalo de proporciones.

—Tranquilos, tranquilos —dijo su papá, dándole un empujoncito a la puerta para cerrarla—.

Ya les dije que venía, y ustedes prometieron portarse bien.

—Su papá, canoso y famoso por no ser un hombre al que le gustaran los animales a menos que estuvieran sazonados en su plato o trabajando en la granja, les hablaba a los gatitos como si fuera su entrenador en un partido infantil.

Rosemary sintió que el corazón le iba a explotar.

Se puso en cuclillas, y Abe se le escapó de los brazos para ir a jugar a pelearse con sus hermanos.

Era notorio lo mucho más pequeña que era y cómo resaltaba su pelaje anaranjado brillante entre el montón blanco y negro.

Rosemary escuchó un maullido más grave y suave procedente de la sala, y vio a una gata adulta, de color carey, entrar en el pasillo para separar la pelea cuando el juego empezaba a volverse demasiado brusco.

Había un resplandor tenue alrededor de la gata, y sus patas avanzaban sin hacer ruido sobre el suelo de madera.

—Su mamá sigue aquí —dijo Rosemary. Se inclinó y extendió una mano; la gata fantasma se acercó y le dio un cabezazo. No sintió nada más que un ligero frío momentáneo en los nudillos, como el roce suave de una exhalación.

—¿Su mamá? Ah. —Su papá miró hacia el espacio vacío donde Rosemary tenía la mano extendida.

—Bueno, está bien. Así les hace compañía cuando yo estoy en el campo.

Rosemary y su papá no hablaban mucho sobre sus habilidades, y solo una vez él le había pedido que buscara a un fantasma.

Un par de semanas después de que su mamá muriera, su papá le preguntó si la había visto por ahí. Parecía casi esperanzado, y a Rosemary se le partió el corazón al tener que decirle que no. Pero el año pasado, en la boda de Immy y Eric, Rosemary había visto a su mamá.

La noche de Halloween había bailado alrededor de una fogata con Immy, Dina y Nour, la madre de Dina.

Cada una sostenía una vela de Babilonia; las velas ardían con una llama azul intensa y, durante unos minutos, podían invitar a un ser querido a bailar con ellas alrededor del fuego.

Los espíritus que acudieron no eran fantasmas exactamente, porque ya habían cruzado a lo que fuera que existía más allá.

Ninguna de las mujeres que bailaban alrededor de la fogata podía verlos, salvo Rosemary.

Vio a las tías de Dina, que parecían versiones más jóvenes de Nour.

Vio a Immy con su abuela, las dos con la misma expresión traviesa.

Y a su lado, devuelta a este plano por un instante, estaba su madre.

Se veía más joven de lo que Rosemary la recordaba, con el cabello largo y suelto sobre los hombros.

Había un millón de cosas que Rosemary había soñado con volver a decirle a su mamá si alguna vez tenía la oportunidad, pero en ese momento fue suficiente con estar juntas, bailando una canción que a las dos les encantaba.

Sintió el calor de las manos de su mamá entre las suyas, el aroma de su té dulce y de su jabón de rosas flotando en el aire, y eso bastó.

—Te quiero, mamá —susurró, justo antes de que la vela se apagara.

El espíritu de su madre sonrió, ya desvaneciéndose, y por primera vez desde su muerte, una parte del corazón de Rosemary se volvió a unir.

La siguiente vez que regresó a su casa de visita, le contó a su papá sobre aquella noche de Halloween.

—Qué bonito —dijo él, y se quedó mirando en silencio por la ventana. Más tarde esa noche, Rosemary miró por la ventana de su habitación y lo vio sentado en el suelo, junto a la tumba, acomodando la tierra a su alrededor.

***

Al día siguiente, Rosemary se sentó en el sofá para ver The Theo Drake Show . El programa se transmitía en vivo a las nueve de la noche en el Reino Unido, así que allí apenas era media tarde.

Se habían mensajeado antes de la grabación, pero ella sabía que, una vez que él llegara al estudio, estaría tan ocupado que no tendría noticias suyas hasta después del programa.

Su papá se dejó caer a su lado en el sofá, mientras los gatitos se les trepaban por las piernas para acomodarse encima de ellos.

—¿Un dulce de chocolate? —dijo Rosemary, ofreciéndole una lata que había comprado en una tienda especializada en Foxleigh. Prefirió no decirle a su papá el nombre del local, que, tras perder una letra del letrero, ahora parecía el título de una película porno.

—¿Alguna vez te dije que eres mi hija favorita? —dijo él, riéndose mientras robaba un puñado. Rosemary sonrió y cambió al canal satelital que les permitía ver programas británicos en tiempo real.

Los créditos iniciales del programa aparecieron en la pantalla, acompañados por la cortina musical, y Rosemary sintió que el corazón se le subía a la garganta.

Esto estaba pasando de verdad. ¿Qué iba a decir Ellis?

¿De verdad iba a anunciarle al mundo que estaban juntos?

Otra vez tuvo la sensación de estar al borde de uno de esos Grandes Momentos de la Vida ® , y pronto no habría vuelta atrás.

Bien. Quería a Ellis. Quería compartir una vida con él.

En la televisión, Theo Drake le dio la bienvenida a Ellis y lo invitó a sentarse en el sofá.

Tenía puesto un traje impecable, pero Rosemary notó de inmediato que algo no estaba bien.

Bajo el resplandor crudo de los focos, su piel se veía pálida y caminaba hacia el sofá con el cuerpo rígido.

¿Se habría enfermado después de que ella se fue?

Sin duda, parecía enfermo. Cuando se sentó, dio un largo trago a su vaso de whisky y luego pareció recomponerse, haciendo aparecer una sonrisa ganadora en su rostro.

Pero a Rosemary no podía engañarla. Algo había pasado. Se le hizo un nudo en el estómago.

—Bueno, parece un tipo agradable —comentó su papá, sonriendo al ver cómo Rosemary se había desplazado hacia el borde del sofá.

—Eh... Sí, es verdad —respondió ella sin convicción. No se podía negar que Ellis era magnético en pantalla, pero sus ojos no reflejaban la sonrisa que tenía pegada en el rostro.

Theo Drake le hizo una serie de preguntas sobre su película más reciente de la saga Soldado de la justicia , que pronto estaría disponible en varias plataformas, y también sobre el rodaje de La posesión del mal .

Hasta ahí, nada fuera de lo normal. Ellis le había dicho a Rosemary que le gustaba ir al programa de Theo Drake porque nunca le hacía preguntas incómodas.

Entonces, ¿por qué estaba bebiendo whisky como si necesitara valor?

Y entonces llegó el momento. La pregunta que no tendría vuelta atrás para ninguno de los dos.

Theo adoptó un aire conspirativo.

—Ellis, no podríamos tenerte en el programa sin hablar de lo que ocurrió recientemente en una pequeña librería londinense llamada The Reader’s Rest, ¿verdad?

Por favor, saca a nuestra audiencia y a quienes nos ven desde casa de la incertidumbre y dinos cuál es la naturaleza de tu relación con la reina de la ficción de terror y guionista de tu película más reciente, Rosemary Shaw.

La piel de Ellis se veía pálida y húmeda bajo las luces del estudio. No habló de inmediato; miró fijo a la cámara, como si estuviera mirando directo a Rosemary.

—Di algo —susurró ella a la pantalla.

Una foto apareció detrás de él, y Ellis se giró para mirarla: eran los dos en la librería, tomados de la mano mientras escapaban de la horda de fans.

—Rosemary es una buena amiga. Una colega. Hizo un trabajo increíble con la adaptación del guion de La posesión del mal , y asistí a su firma de libros porque... disfruto leer sus novelas.

Rosemary tragó saliva, pero sintió gusto a ceniza en la boca. Su visión se redujo a un túnel y los bordes se oscurecieron. Las risas metálicas del programa le retumbaron en la cabeza y una sensación de náusea le subió por la garganta. No era posible. Debía de haber escuchado mal.

—¿Tenemos que creer entonces que vas de la mano con todos tus colegas del set ? —preguntó Theo.

—Te sorprendería; soy muy afectuoso con mis amigos —respondió Ellis, sonriendo al entrevistador, aunque solo mostraba los dientes.

—¿Por qué estás mintiendo? —dijo Rosemary a la pantalla, pero su voz sonó como un sollozo entrecortado.

Ellis se movió en el asiento, pero no parecía sentirse más cómodo.

—Como saben, sigo saliendo con Jenna Dunn.

Rosemary vio cómo su boca formaba las palabras, pero no podía asimilar lo que estaba escuchando.

Ese no era el mismo hombre que le había construido una oficina, que había dicho que se mudaría al otro lado del mundo para estar con ella.

Apenas había pasado un día desde que se había ido de Inglaterra. ¿Era tan fácil de olvidar?

Una parte racional de su mente sabía que todo esto olía a la mano del agente de Ellis; ¿por qué, si no, diría que seguía con Jenna?

Pero lo había creído más valiente. Se había sincerado con ella, y por eso Rosemary pensó que, por fin, tendría el coraje de plantarse frente a Brody. Se puso de pie de golpe.

—¿Cielo? —Su papá estiró la mano hacia ella.

—Dame un minuto, papá. —Salió tambaleándose hacia el jardín trasero mientras las lágrimas le nublaban la vista. El atardecer era más hermoso de lo que podía soportar: nubes rosadas como lirios y los trinos de reinitas capuchinas y sinsontes del norte entre los árboles.

Respiró hondo una y otra vez, y casi tuvo que reprimir una risa amarga cuando vio el rostro de Ellis aparecer en la pantalla de su teléfono, que no dejaba de sonar.

No quería enfrentarlo, pero necesitaba saber. Contestó.

—Rosemary, por favor, déjame explicarte. No fue lo que pareció.

El tono áspero de su voz, la voz que ella amaba, fue como un puñal en el estómago. Lágrimas calientes, llenas de rabia, le corrieron hasta la barbilla.

—No tienes derecho a explicarte, Ellis. Perdiste esa oportunidad en el momento en que le anunciaste a todo el puto mundo que no estás conmigo.

—Tenía que hacerlo. Lo hice por ti —dijo él, con la voz lejana y quebrada.

—¿Qué carajo significa eso? ¿Que lo hiciste por mí? ¿Se supone que debo darte las gracias? Déjame adivinar. Fue Brody, ¿no? Brody te dijo que tenías que decir esas cosas y tú no tuviste más remedio que hacer lo que te dijo.

—Sí.

—Es patético, Ellis. Y lo sabes. Dejaste que te pasara por encima y no pudiste enfrentarlo. ¿Ni siquiera por mí? —Las manos le temblaban.

—Iba a contárselo a todo el mundo —dijo Ellis.

—¿Qué?

—Al principio pensé que era el mismo chantaje de siempre, amenazándome con revelar mis «perversiones», pero le dije que no me importaba.

Y es verdad. Sabes que soy bisexual, lo sabe toda mi familia y todos los que me importan.

Me da igual que el mundo lo sepa, Rosemary. Eso le dije a Brody. Y lo despedí.

A Rosemary le temblaba tanto la mano que tuvo que sujetar el teléfono contra la oreja con el hombro.

—No entiendo. ¿Entonces por qué…?

—Tiene un video. —Al oír esas palabras, Rosemary sintió que se le helaba la sangre.

—Brody nos mandó a seguir ese fin de semana en el set , cuando Jenna apareció para la foto.

Soy un idiota. Creí ver un auto que nos seguía, pero pensé que me estaba volviendo paranoico.

Tiene un video de nosotros, creo que en la colina, cuando me estabas haciendo sexo oral.

Dijo que si no le decía a Theo Drake que solo éramos colegas y que yo seguía con Jenna, iba a publicar el video.

Habría arruinado tu carrera, Rosemary. No me importa un carajo lo que me pase a mí, pero tú.

.. Estás a punto de alcanzar otro nivel de fama como autora, y no quise que esto te hundiera.

—¡Esa no era tu decisión, Ellis! —gritó ella—. Dijiste que siempre me contarías estas cosas, que las hablaríamos. ¿De verdad era tan imposible intentar llamarme?

—No había tiempo. Tuve que tomar una decisión. Hice lo mejor para ti, amor.

—No tienes ningún derecho a decidir qué es lo mejor para mí.

—Rosemary, habría sido una tortura; te habrías vuelto famosa por los peores motivos. Vivirías un acoso constante, fotos, persecución. Habrían destrozado tu vida y la de tu familia. Hice lo que tenía que hacer para protegerte. Porque te amo.

¿Es posible sentir cómo se rompe un corazón?

Todo lo que había querido oír, y llegaba demasiado tarde.

Incluso ahora, una parte racional de su mente estaba de acuerdo con él.

Sonaba a tortura: tanta atención, tanta notoriedad y fama por motivos equivocados.

Odiaba pensar que Ellis pudiera tener razón.

¿Y si no podía con eso? Rosemary sabía que no estaba siendo racional, pero el dolor era demasiado grande para ignorarlo.

No lo alejes por esto; él también está sufriendo , gritaba una vocecita dentro de ella, pero la acalló con facilidad.

Necesitaba espacio. Necesitaba respirar.

Cuando habló, fue como si estuviera fuera de su propio cuerpo, oyendo a otra persona hablar por ella.

—No, Ellis. Lo hiciste porque tienes miedo y vergüenza.

Eso no fue por mí. No puedo con esto. Necesito espacio.

No me contactes. Por favor. —Y cortó. Lágrimas calientes y furiosas resbalaban por sus mejillas; se derrumbó sobre el césped y cedió al dolor que la invadía: un sollozo le desgarró la garganta.

Lo amaba, y él la amaba a ella. Pero todo había terminado.

***

Rosemary se despertó un rato después; estaba acostada en su cama, cubierta con una manta, sin saber cómo había llegado ahí.

Algo le hacía cosquillas en la oreja. Giró la cabeza y se encontró con el vientre suave y cálido de Abe, que había curvado su cuerpito alrededor del costado de la cabeza de Rosemary, con una patita apoyada en su cuello.

Sobre su pecho, aunque no podía sentir su peso, estaba la gata fantasma hecha un ovillo, observándola con sus ojos luminosos, como diciendo: «Estoy aquí, vuelve a dormir».

Rosemary sintió el cuerpo entumecido. Era demasiado pronto para pensar; aún no estaba lista.

Se dejó llevar otra vez por el sueño, reconfortada por un rato por la respiración suave de Abe.